27 octubre, 2014

Las carreteras secundarias de Pierre Gonnord

gonnord

Desde que su colega Cristina García Rodero le recomendó, hace más de un lustro, “buscar la frontera, porque tiene muchos caminos escondidos”, el francés Pierre Gonnord (Cholet, 1963) se ha dedicado a retratar a los nómadas que se mueven a salto de trabajo entre España y Portugal. “Con mucha paciencia y mucha gasolina gastada”, afirma, ha recorrido miles de kilómetros para fotografiar “individuos alejados de las ciudades”. Una muestra de este trabajo son las 14 fotos de gran formato –varias realizadas en los últimos meses– que expone hasta el 2 de noviembre en el palacio renacentista Hernando de Ovando, en Cáceres, en el marco del festival Forosur_Cáceres. Esta cita con el arte contemporáneo cumple su tercera edición, dedicada esta vez a la fotografía, y con Gonnord como artista invitado. Desde el pasado miércoles y hasta hoy domingo se han sucedido las exposiciones, debates y talleres, con la presencia de galeristas, coleccionistas, comisarios, críticos y aficionados.

La exposición de Gonnord, Gaia, refleja también su estilo de vida: “Me he dejado llevar por carreteras secundarias para ver qué puedo aprender de esta gente. Las fotos son un homenaje a esas personas a ambos lados de la frontera”. A Gonnord, que vive en Madrid desde 1988 y habla deprisa un español con acento francés, le atraen las fronteras porque “son zonas de choque, de batallas, de cruce, y también son separaciones naturales, un río, una montaña, hay mucha energía ahí”. Esto ha llevado a Forosur a escoger a Gonnord como protagonista: “Es alguien que piensa en los términos de la trashumancia”, según Rosina Gómez-Baeza, comisaria de este evento impulsado por la Consejería de Educación y Cultura de la Junta de Extremadura y que ha contado con un presupuesto de 100.000 euros.

Las fotos de Gonnord se caracterizan por su fondo negro “para borrar el entorno y aislar a los retratados” -ancianos, niños, caballos y hasta un carnero-, lo que contrasta con las paredes blancas del patio del palacio, cuyas columnas hacen el efecto de una galería de retratos principescos. Sin embargo, los que nos miran “son gentes humildes, del campo, que tienen otra textura y viven de una manera cercana a la tierra, pero no hago costumbrismo, son personas que me dan lecciones de dignidad”. Cuenta Gonnord de su manera de trabajar que al principio nunca lleva la cámara. “Primero conozco el territorio y a las personas, sin prisas, porque la gente es desconfiada, lógicamente. Esa es la mayor barrera y el mayor estímulo. Comparto días con ellos y cuando llevo un par de meses, les hago las primeras tomas y les regalo alguna foto pequeña”.

Cuando por fin consigue la foto buscada con su Hasselblad tradicional, siente emoción. “No les preparo para posar porque sé cómo se van a comportar, intento captar sus expresiones, les escucho… Disparo rápido, la sesión dura un minuto porque si la alargo, se pueden convertir en modelos. Prefiero repetir días después en otro lugar para captar otra energía. Pero no los llevo a un estudio, eso lo fastidiaría todo”.

Fotógrafo desde finales de los noventa, este francés enamorado de la luz de Madrid ha mostrado en su carrera predilección por el retrato. “Porque es como chamanismo, es preguntarnos sobre nuestro origen y adónde vamos. Tiene algo de mágico y lo realizas con una herramienta misteriosa”. Este artista reconoce que, a veces, cuando llega a una aldea ve a alguien que le llama la atención: “Por su mirada, por la fuerza del rostro, por la boca… pero luego abre esa boca y me digo, vaya, es inocente, cándido… Por eso es importante ver y escuchar”. El objetivo de sus retratos es despertar “una actitud de tolerancia hacia el otro”.

A unos metros de sus imágenes se ha debatido el fin de semana sobre el poder de Internet y las redes sociales en la fotografía. “No estoy metido en eso, me paso la vida en las carreteras. Creo que no se puede compartir una imagen que has hecho hace una hora, hay que reflexionar. Veo una diarrea verbal en eso. Son herramientas muy interesantes pero no sé si sabremos manejarlas o si lo harán ellas con nosotros”.

Cuando acabe su exposición, Gonnord irá a la localidad almeriense de El Ejido, “a conocer subsaharianos, gente joven con mucha fuerza. Yo toda mi obra la he hecho en la Península, no me hace falta irme al Machu Picchu”. Solo piensa en volver a coger la cámara: “Quiero hacer fotos… la vida pasa muy deprisa y el cementerio está lleno de remordimientos”.

Una fiesta de la cámara

Los asistentes a Forosur_Cáceres han tenido que apretar el paso para asimilar el amplio menú de un evento cuya “intención es agitar”, según su comisaria, Rosina Gómez-Baeza. Esta edición ha contado con México como país invitado con la exposición La deconstrucción del paisaje, en el palacio Toledo-Moctezuma, que ha exhibido 26 imágenes de siete fotógrafos de ese país nacidos en los sesenta y setenta. Otra muestra con el paisaje como eje es la que ha seleccionado de la Colección Alcobendas de Fotografía 24 imágenes de autores como Concha Prada, el dúo Bleda & Rosa, Eduardo Nave y Rosa Muñoz. También ha habido espacio para el trabajo de un icono de la fotografía española como el sevillano Rafael Sanz Lobato.

Además, 12 galerías de toda España han colgado fotos de un autor, bien de artistas como Eduardo Arroyo o Joan Fontcuberta, o de nuevos valores como Jorge Fuembuena y Miguel Ángel Tornero. Una novedad ha sido la iniciativa Open Estudio, que ha abierto al público los talleres de artistas extremeños. El fin de semana también ha acogido mesas redondas sobre la influencia de las redes sociales o el coleccionismo, y talleres para los aficionados que han recorrido el centro monumental de Cáceres con la cámara en bandolera.

Por Manuel Morales en El País.