10 mayo, 2016

La Virgen de Gustav Klimt

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Autor: Gustav Klimt
Cronología: 1913
Técnica: Óleo sobre lienzo
Localización: Národní Galerie, Praga

Gustav Klimt podía mostrar en una sola obra el gran esplendor que vivía Austria a principios del siglo XX, pero decidió conscientemente alejarse de ese camino y renunciar a ser el mero cronista de una época.

Ya en los inicios de su carrera se arriesgó a no moverse por las modas o el gusto oficial y liberarse del esclavismo de la crítica, aunque todo ello le acarrease negativas consecuencias.
Aun así encontró su sitio, creando un universo tan diferente como atrayente, un lugar donde las mujeres se convirtieron en las dueñas indiscutibles de su escena pictórica particular.
Se dice, que fue el gran pintor del universo femenino pero siempre unido a una visión y un vocabulario muy personal, donde lo enigmático, la sexualidad y el erotismo se unen como elementos claves para descifrar sus obras; obras llenas de simbolismo y sensualidad.

Podíamos afirmar que Klimt fue el artista austriaco más famoso de su tiempo aunque hoy en día los aspectos más personales de su vida siguen siendo un misterio.
Nació 1862 en un suburbio de Viena, en el seno de una familia humilde, su padre era grabador de oro y su madre una cantante de ópera sin éxito. Era el segundo de siete hermanos. Desde muy niño mostró inclinación y dotes para el arte, se supone que fue debido a la herencia y a la influencia que ejerció su padre. También, en el resto de los hermanos porque a los cuatro varones se les notó las huellas de la herencia, gracias a ello adquirieron las habilidades y la afición por el arte de su padre.

Cuando Gustav tenía 14 años los hermanos fueron admitidos en la Escuela de Artes y Oficios de Viena. Un lugar imprescindible para su formación porque sería allí donde aprenderían a fabricar sus propios pigmentos para pintar, a confeccionar minuciosamente mosaicos y a trabajar con esmero los metales. Al mismo tiempo que se dejaba llevar por el descubrimiento de los relieves asirios, la cerámica griega, el arte egipcio y el folclore eslavo.

Junto a sus hermanos formará una asociación, la Compañía de Artistas, que tendría tanto éxito en Viena y que recibirán numerosos encargos relacionados con la decoración de edificios públicos.

Pintaban en el estilo predominante de la época, hiperrealista e historicista. Klimt siempre destacaría la importancia de esta fase en el desarrollo de su estilo y formación, porque con el academicismo llegó a la síntesis de los clásicos mientras que introducía elementos simbolistas y de esta manera creaba su propio lenguaje.

En 1897 fundaba junto con otros artistas austriacos la Wiener Secession (Secesión de Viena), un movimiento artístico que correspondía al modernismo europeo y que de forma consciente se separaba por completo de la Asociación de Artistas oficial luchando contra el conservadurismo. En poco tiempo se convertían en los dueños de la producción artística más descarada y refinada de Austria con edificios, murales, cuadros e incluso diseño de muebles y ropa.

Pero todo cambio para Gustav cuando recibe un encargo público, una serie de fresco para la Universidad encargados por el Ministerio de educación y cultura, el escándalo se produjo por la forma en que trato ciertos temas y porque su simbología de las figuras representadas no fueron comprendidas, llegando a ser incluso acusado de perversión. El suceso llegó al congreso y el pintor se negó a que trasladasen los frescos y finalmente las compró el Gobierno.

Pero para el artista ya no había vuelta atrás, disconforme con las críticas, se desvinculó por completo de los encargos públicos y a partir de ese momento se mantendría con los encargos privados, eso sí de toda la alta sociedad vienesa que veía en el artista un estilo inigualable y lleno de rebeldía. Llegando a ser un personaje muy notable en la alta sociedad vienesa, relacionándose de un modo u otro con los más notables círculos intelectuales de la época, en un momento en el que Viena estaba dejando de ser la capital mundial del arte.

De vital importancia para su recorrido posterior fue el viaje que realizó en 1903 a Ravenna, donde descubrió la fuerza de los mosaicos bizantinos, de ellos le cautivó su antinaturalismo, su color brillante y su carácter decorativo, influyendo directamente en su obra a partir de ese momento llegó a sus cuadros su predilección por los fondos dorados. Y de esta manera, con la famosa “etapa dorada” de Klimt, llegó el progresivo acercamiento positivo de la crítica y un gran éxito comercial.

Hacia 1910 se cerraba la llamada etapa dorada, desapareciendo el dorado de sus cuadros pero manteniendo su estética particular y, aunque siempre estuvo asociado al simbolismo, en la etapa final de su vida se alejaba de ese estilo y se acercaba hacia formas claramente influidas por el expresionismo que estaba empezando a emerger en Europa y en Austria, momentos en los que los jóvenes artistas como Schiele y Kokoschka ya se dejaban notar.
Klimt se dejó llevar por este nuevo estilo e incluso buscó nuevas influencias en figuras anteriores como Toulouse-Lautrec.
Pero la influencia y el cambio no serán decisivas ya que el artista había creado su propio estilo, tenía una clientela fija y fieles seguidores. No nos olvidemos que era un artista que vivía de los encargos personales, ya que nunca volvió a tener encargos oficiales y no quería ni se podía permitir perder su estilo en el final de su carrera.

Así que pronto seguiría su camino llegando el “estilo florido”, una etapa que debe su nombre a la viveza cromática que la caracteriza pero también a un renovado interés decorativo. Un claro interés por el movimiento y el color como podemos observar en el lienzo de “La virgen”, donde nos encontramos ciertas características de este estilo. Como la increíble forma que tiene al entrelazar a las sinuosas figuras femeninas, que serenas, delicadas y hermosas nos atraen creando con sus cuerpos una estructura piramidal, llena de armonía, color y movimiento compasado.

Cinco figuras femeninas en diferentes posturas, algunas de ellas forzadas, sobre un campo de flores. En el centro de la composición la protagonista, la virgen, dulce, serena y delicadamente bella se muestra con un largo vestido en tonalidades moradas, con el característico decorativismo del maestro, minuciosamente adornado con roleos y flores de colores.

Aparece dormida, lo que se interpreta como la conversión de la joven muchacha en mujer al ser rodeada por sus sentidos que, al despertar, la conducirán al éxtasis amoroso. La representa sumida en un sueño, con la cabeza inclinada, los ojos cerrados y los brazos abiertos.

Sueño y sensualidad se unen y se encuentran en las figuras lánguidas y provocativas, cuyos ojos, por el contrario, están bien abiertos y han surgido de la consciencia de la muchacha. Se trata de un universo exclusivamente femenino donde la recatada joven dará paso a la “mujer fatal” que aparece desnuda tras ella, convirtiéndose en una clara alusión a la sexualidad.

En la virgen, la explosión de colores intensos – amarillo, rojo, azul, verde y violeta- completan la pobra, una elección exquisita que adquiere también un valor simbólico, en alusión al estado psicológico de la joven.

Exquisitamente creada destaca por su laboriosidad y el colorido de la trama compositiva para lo que Klimt utilizó colores puros, aplicados en algunas zonas en pequeños trazos que llegaban a parecer la estructura de un caleidoscopio.

Toda su obra está cargada de una fuerte energía sensual, ya que se refleja con claridad en sus numerosos apuntes y esbozos a lápiz que creó desde el inicio de su carrera y que se completaron con una inmensa cantidad que se encontraron tras su muerte. Se sabe que, una vez que el artista admitía un encargo, el maestro iniciaba su particular método de trabajo tras largas meditaciones y aún más prolongadas sesiones de posado de modelos. La naturaleza abiertamente erótica de sus obras solía verse suavizada por un enfoque simbólico logrando hacerla de alguna manera más admisible para la opinión pública.

Con sus composiciones complejas y equilibradas y un estilo totalmente eclético, Gustav Klimt convirtió al desnudo femenino en su lenguaje expresivo y en su máxima fuente de inspiración. Su obra hermética y refinada, con cierto aroma decadentista, creador de una estética inconfundible, lo han convertido en un referente ineludible de la moda y la estética contemporáneas. Se quedó a las puertas de la vanguardia, pero vio y respetó como las nuevas generaciones empezaban a cambiar los caminos de la historia del arte. Fue el puente del cambio y la eterna figura independiente pero lo que es indiscutible es que hoy en día nos sigue atrayendo de la misma manera y con la misma fuerza que atrajo y conquistó a la sociedad de su momento.