25 febrero, 2014

La última morada de Leonardo da Vinci

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Incluso entre toda esa riqueza apabullante de castillos, palacios, catedrales y pueblos donde uno se quedaría a vivir para siempre, en el valle del Loira hay rincones que despuntan. Uno es Amboise, parada obligada en toda ruta de castillos por el centro del país galo.

La Guerra de los Cien Años provocó que los reyes tuvieran que cambiar las orillas del Sena por las del Loira, asentándose la corte de Francia en esta localidad medieval a media hora de Tours. Fue entonces cuando su fortaleza, encaramada vertiginosamente en una colina que señorea toda la región, fue transformada en un maravilloso palacio que llegó a albergar más de 300 habitaciones.

Leonardo da Vinci está enterrado bajo una discreta losa en la capilla del Castillo Real. Llegó a Amboise en la primavera de 1516, invitado por Francisco I, el rey que mejor encarnó el Renacimiento en Francia.

El soberano puso a su disposición la casa señorial de Cloux, hoy llamada Clos Lucé, y le nombró ‘primer pintor, ingeniero y arquitecto del rey’ con una rica pensión anual de 700 escudos de oro, una oferta irrechazable para el genio florentino que a los 64 años se encontrara sin mecenas. Aquí, da Vinci se sentiría «libre para pensar, soñar y trabajar».

En Amboise, el italiano dedicó su tiempo al dibujo y la enseñanza. También remató en el Loira una serie de cuadros traídos de Italia. Algunos testimonios aseguran que uno de ellos representaba a una mujer con velo llamada Gioconda que luego acabó en el Louvre… Y, por supuesto, el genial inventor se embarcó en ambiciosos proyectos de ingeniería que incluyen sistemas de canales, el diseño del castillo en Romorantin o la escalera de doble revolución de Chambord.

El artista y Francisco I también lo pasaron bien. De hecho, Leonardo se encargó de organizar suntuosas fiestas en honor de su mecenas como la famosa Festa del Paradiso en 1518, en la que recreó la maquinaría que reproducía el movimiento de los astros -el primer planetario- ya inventada por él años antes en Milán.

Da Vinci murió en el palacio de Cloux el 2 de mayo de 1519 y fue inhumado, según su voluntad, en la colegiata de San Florentino del castillo de Amboise. En el siglo XIX se trasladaron sus restos a la actual capilla de San Humberto después de la demolición de la colegiata.

Además de esta capilla y por supuesto el resto del Castillo Real, también hoy se puede visitar la residencia del florentino en Amboise, el castillo de Clos Lucé y su fantástico jardín con maquetas gigantes de sus inventos más asombrosos. Tampoco hay que olvidarse de pasear por esta recoleta ciudad dividida por el gran Loira ni dejar de asomarse a la isla en mitad del río desde la que se obtienen las mejores vistas de la extraordinaria fortaleza. Las calles de Amboise están salpicadas de hotelitos con encanto y restaurantes típicamente franceses. También de preciosas tiendas gourmet en las que abastecerse de chocolate y otros dulces.

Por MGH en Ocho Leguas.

Datos prácticos: La entrada al Castillo Real cuesta 10,50 euros (adultos) y al de Clos Lucé, 12 euros. Ambos están abiertos todos los días del año con la excepción del 25 de diciembre y el 1 de enero.

Más información en www.chateau-amboise.com, en vinci-closluce.com y en www.visaloire.com