22 febrero, 2011

‘La Última Cena’ de Salzillo “estrena” colores

Las imágenes del famoso paso ofrecen increíbles cambios en sus tonos tras la restauración.

img_interior_01Hace más de un siglo, Andrés Baquero escribía que los ‘pasos’ realizados por el genial imaginero Francisco Salzillo para la Cofradía de Nuestro Padre Jesús de Murcia «son documentos preciosos de la Historia del Arte. Se deben conservar en toda su auténtica pureza, tales como salieron del taller del autor; si retocarlos, ni menos ‘corregirlos’. Ellos tiene su carácter, y con ese, con el ‘suyo’, interesa que se conserven. Ni aún para restaurarlos quisiera yo que se tocasen».

Paco López Soldevila, director del Centro de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de la Región de Murcia, donde hace casi un año se trabaja en su recuperación, defiende las teorías de Andrés Baquero “si, como él afirma, se hubiesen conservado como salieron del taller del maestro. Lamentablemente, no ha sido así, por circunstancias múltiples, entre otras por el hecho de que son imágenes que desfilan cada año y que, como en el caso concreto de ‘La Última Cena’, se exponen a inconscientes posibilidades de deterioro. Tenemos que darnos cuenta de que antes del desfile es preciso adornar la mesa y colmarla de platos, de frutas…».

Y esa labor de restauración, cuyo coste asumen Caja Mediterráneo y la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia, aún inacabada, muestra ya resultados espectaculares. Como informaba el pasado 12 de febrero Pedro Soler, en La Verdad, algunas de las imágenes ya han cambiado totalmente, si no los rasgos de su rostro, sí el color de sus vestidos y de su cabello. Los miles de espectadores que presencian cada año el fervor y la luminosidad del Viernes Santo murciano, podrán apreciar este año esos cambios tan drásticos. Como el que ofrece el cabello de Judas Iscariote, hasta ahora de color negro, que, sin embargo, Francisco Salzillo pintó totalmente rojizo, como antiguamente se suponía más apropiado para los hombres que vivían envueltos en traiciones y artimañas.

Pero para captar todos los cambios que se han ido produciendo en ‘La Última Cena’ y toda la originalidad salzillesca que se recuperado, será preciso contemplar a Judas Iscariote, pero también al resto de los apóstoles, y al mismísimo Jesús, muy de cerca, en su recogido aposento del Museo que los acoge.

«Salzillo -afirma López Soldevila- otorga a este conjunto una expresión que acaso no se puede apreciar cuando está procesionando. Solo la captas cuando lo tienes tan cerca que puedes invadir la intimidad de la escultura. Esta invasión se produce a pocos centímetros de ella y en ‘La Última Cena’ es imponente».

img_interior_02Una mano indolente
Otras ‘mejoras’ que pueden  pasar desapercibidas en la procesión son, por ejemplo, la mano indolente del San Juan, que reposa sobre la imagen de Jesús; la visión de imperceptibles grietecillas; las salpicaduras que experimentan en su cromatismo… Y también ha aparecido una serie de ‘secretos’ que se conserva en el interior de las imágenes, y que, gracias a las nuevas tecnologías que se han aplicado han sido descubiertos: decenas de clavos, púas, tornillos…, que traspasan cada una de las esculturas porque “Salzillo utiliza maderas extraordinariamente buenas, pero su falta de formación académica le obliga a poner clavos, ante el temor de que la madera se abra en el bloque que tiene que empezar a tallar. Luego, alcanza su genialidad, porque en las mismas radiografías se advierte el uso de un estucado finísimo, sobre el que extenderá la pintura. Muchos escultores cubren su falta de tacto con gran cantidad del yeso sobre el que van modelando. Salzillo hace las arrugas tan finas y tan perfectas, que solo necesitan una capa fina, fina, fina…, para recibir la pintura. Esto es lo que define a un buen tallista, como se advierte en las radiografías», asegura el director del Centro.

Se ha descubierto también que estas esculturas siguen el mismo ritmo que los troncos en la naturaleza. El núcleo interno de las obras está en los anillos iniciales, en el origen del árbol. Además, es muy raro encontrar algún nudo de madera. «Siempre se ha dicho que la obra de Salzillo era de madera de ciprés, porque sería imposible que la tallara en pino; pero sí, son de pino no de ciprés».

Cuando muere el padre del escultor, éste tiene que hacerse cargo del taller, y aunque no tiene esa formación profunda, como su padre, Bussy, o Dupard él es, sin embargo, «un genio que se aprende viendo lo que hacen. Hay una gran diferencia entre las estructuras internas de la escuela italiana y las que hace Salzillo. Para conseguir esto, hemos realizado un ‘destripe’ no invasivo, gracias a que disponemos de técnicas que no precisan abrir el interior de las imágenes».

¿Algún otro secreto interno? «Se han hallado documentos, pero que desgraciadamente no sirven para atestiguar nada en torno a la obra. Son manuscritos originales del XVIII, que se utilizaron en la estructura interna de los enlienzados. A veces, para dar volumen a la tela, se metían esos papeles, como sucedió en la imagen de Santiago el Mayor. Los que se han hallado son papeles de contratos diversos, que se han enviado al Archivo Regional para su restauración».

Las nuevas tecnologías han permitido penetrar en las distintas figuras, hasta que se ha podido reunir una información importantísima sobre el procedimiento de trabajo del taller de Salzillo y su técnica extraordinaria. Se ha sometido al conjunto a estratigrafías, estudios estilísticos, macrofotografía de pinceladas a nivel casi microscópico, endoscopias… «Hemos comprobado que ‘La Cena’ ha sido sometida a muchas restauraciones. Y comprobamos que lo que estamos viendo no es el Salzillo que salió de sus talleres. El auténtico Salzillo se encuentra debajo. Nos planteamos si quitábamos o no todo eso que no era original, con el riesgo que conlleva, porque significa una metodología muy estricta. Rafael Cebrián, presidente de la Cofradía y miembro del patronato del Museo Salzillo nos dijo que lo que hiciéramos estaría bien hecho. Confió plenamente en nosotros y esto nos dio una tranquilidad enorme».

Se pudo advertir que las esculturas habían sufrido deterioro por el agua y se mojaron en una zona concreta. Aquella sería la primera restauración que, sin duda, realizó uno de los discípulos de Salzillo. Posiblemente Roque López, porque la pigmentación que aplicó es igual a la utilizada en la ejecución de la obra. También se sabe que Sánchez Araciel y Sánchez Lozano intervinieron en posteriores restauraciones. Entonces no se había establecido criterios sobre lo que debía ser la restauración, «que es una intervención, pero que debe tener un objetivo principal: respetar la autoría de la obra, sin alterar nada; pero entonces no era así».

img_interior_03«Alguna imagen ha sufrido, de modo inconsciente, daños muy importantes. Y este tipo de daños no es el que más dramático puede parecer, como la rotura de unos dedos. El percance más grave ha sido que, a la hora de intentar quitar las capas intervinieron con agentes químicos para limpiar restos de suciedad. Lo malo es que no los neutralizaron, por lo que, han seguido activos, destruyendo todas las capas de color, incluso las que le diera Salzillo. Esto se ha advertido de modo más intenso en San Juan y Judas», argumenta.

Una nueva óptica
A juicio de López Soldevila, el proceso de restauración, en conjunto, ha dado también la oportunidad de penetrar más profundamente en el conocimiento de la obra genérica del escultor murciano. «Es que sobre Salzillo y sus esculturas se ha dicho de todo: obras que son suyas, que no son, que son adjudicaciones… Hay mucha confusión sobre las esculturas realizadas por Salzillo, el padre, los discípulos… Pero lo que hacía falta era reunir datos que puedan permitirnos adjudicar a un escultor u otro una obra determinada. Salzillo era el que organizaba, pero tenía un equipo. Eso se sabe cuando se van haciendo estudios sobre las obras de Salzillo que hemos ido restaurando. Estamos recopilando todo tipo de información para dar a conocer al escultor murciano desde otra óptica, que es muy necesaria y como complemento de lo que sobre Salzillo ya sabemos».

¿Y en dinero? «Artísticamente la labor de restauración no tiene precio; en cuestión de mercado sí lo puede tener, y muy alto; pero ¿realmente se puede hablar de Salzillo a precio de mercado, a nivel económico? No merece la pena. Puede pagarse lo que se quiera por una de sus obras», subraya.

Ver el reportaje de La Verdad TV:
http://www.laverdad.es/murcia/v/20110212/cultura/todo-banquete-color-para-20110212.html