23 septiembre, 2011

La Toilette de Toulouse Lautrec

Cabecera_Joya

Laura Pais Belín

Autor: Toulouse Lautrec.
Cronología: 1889
Técnica: Óleo sobre cartón.
Localización: Musée d´Orsay, París.

la_toiletteMientras que el Impresionismo seguía revolucionando el panorama artístico europeo, tambaleando los cimientos del arte académico y oficial, al mismo tiempo que buscaba su reconocimiento. La vida artística parisina vibrante y en continuo cambio alimentaba el nacimiento de nuevas corrientes plásticas y el despertar de grandes personalidades artísticas.

Considerados con el paso del tiempo como los pintores postimpresionistas, Toulouse Lautrec junto con Cézanne, Van Gogh y Gauguin serán los grandes representantes de esta etapa de renovación. Momento en el que se comenzaba a revisar varios de los postulados de los pintores impresionistas y  que se intentaba buscar otros caminos de interpretación de la realidad y la creación pictórica. Unos artistas que sin ellos pretenderlo abrieron con su particular arte el camino hacia la vanguardia y la modernidad.

De entre todos estos artistas, piezas claves de la escena pictórica de finales del siglo XIX, destacaremos la figura de Toulouse Lautrec, pintor, grabador, litógrafo, cartelista pero sobre todo dibujante audaz, encarnó a la perfección el mundo de la bohemia de París. Considerado como uno de los impulsores de la modernidad, en su intensa pero breve vida creo una obra inmortal. Con su línea rápida y certera se recreaba en mostrar fragmentos de realidad, entregándonos imágenes vivaces que rozaban la caricatura y se adelantaban al expresionismo, pero que como nadie eran capaces de mostrar el alma de la vida parisina en las últimas décadas del siglo, con todas sus sombras y sus luces.

Fue el artista del mundo de la farándula, de la noche, del espectáculo, y de las clases marginales, convirtiéndose muy pronto en el gran cronista de la vida nocturna, fue el fiel testigo y pintor de la vida de los cabarets, los prostíbulos y quizá también de la vulgaridad, pero siempre sin ningún tipo de intención crítica quiso acercarnos a un mundo marginal en el que muy pronto el aristócrata supo encontrar su sitio.

Henri Toulouse Lautrec nacía en Alvi en el seno de una familia aristócrata, el 24 de noviembre de 1864. Una familia francesa adinerada e influyente pero bastante inestable, lo que provocó que sus padres se separasen cuando Toulouse era sólo un niño. A los ocho años se trasladará a París con su madre y será en este momento cuando comiencen sus problemas de salud. Después de un tiempo se le diagnostica un desorden genético causado por la consanguinidad de sus padres, que afecta al desarrollo de sus huesos. Lo que provoca que el niño casi no crezca, la situación se agravará por varios accidentes producidos en su juventud donde se romperá los dos fémures. A partir de este momento dejará de crecer por completo, llegando a medir tan sólo 1´52 metros.

De esta manera desde muy joven tendrá que acostumbrarse a ir acompañado toda su vida de un físico deforme y un estado de salud frágil. Y será en esta etapa tan temprana cuando sólo encuentre consuelo y refugio en el arte, la pintura y la lectura.

Se dice que pintaba desde que era un niño, aunque sus primeras obras serias datan de cuando tenía 16 años, época en la que ya había decidido firmemente ser pintor.

Será en 1882 cuando aconsejado por un pintor amigo de su padre se inscriba en el estudio de un pintor académico, donde perfeccionó su técnica y su dibujo, pero Toulouse buscaba un taller mucho más abierto y flexible y se matriculará en la famosa academia privada de Cormon donde conocerá a Émile Bernard y Van Gogh. Ese mismo año se instala en la calle  Fontaine en el mismo edificio donde trabajaba Degas, en poco tiempo entrará en contacto con su figura y creatividad y este encuentro será definitivo para la orientación de su obra.

De entre todos los revolucionarios impresionistas que había conocido se sintió atraído por la obra de Edgar Degas quizás el más atípico del grupo, y porque pronto encontró muchos puntos de unión con el maestro ya que los dos le daban un papel protagonista al dibujo, y también porque como Degas, Toulouse prefería los interiores iluminados con luz artificial a las escenas al aire libre y de él hereda su cierta preocupación por la representación del espacio, escogiendo enfoques diferentes y fotográficos abandonando la perspectiva tradicional. De entre sus contemporáneos se relacionó con Van Gogh y como él se dejo llevar por la influencia de la estampa japonesa y en esa  misma etapa descubriría las innovaciones pictóricas de Cézanne.

Envuelto en la apasionante carrera del cambio pictórico pronto abandonó la idea de exponer en el salón oficial, y aunque en un principio quería hacerlo sobre todo para satisfacer a sus padres, después de dos intentos fallidos dejaría de presentarse. No porque no le interesase, ya que presentarse significaba medirse con otros colegas artistas y comunicarse con el público, cosa que adoraba, sino porque pensó que no valía la pena exponerse a la humillación del gran jurado, y a partir de ese momento expondría en galerías privadas y exposiciones independientes, donde el público sería su jurado.

Involucrándose en el mundo artístico y en la vida diaria de la ciudad, poco a poco encontró su sitio y ese no fue otro que el barrio de Montmartre, siempre atraído por la vida urbana, este barrio le permitió encontrar las sombras de la ciudad de la luz.

Su estilo personal se afianza caracterizándose por la búsqueda de la esencia de las formas pero sin abandonar la importancia de la línea, del perfecto dibujo y con ello era capaz de captar la realidad con un trazo rápido, sintetizado, al que unía la utilización de una clara definición del contorno abandonando todo tipo de sombreado.

Poseía una gran memoria fotográfica y pintaba de forma muy rápida, por ello era capaz de reflejar el instante y el movimiento elegido en todas sus obras. Su figuración muchas veces es rápida, difícil, espontánea pero intensamente figurativa y siempre esconde un significado. Prefería el dibujo a la pintura, adoraba la técnica de la litografía y el pastel porque eran técnicas rápidas que podrían mostrar la inmediatez y cercanía de lo que quería representar. Utilizaba el dibujo no para mostrar la apariencia de las cosas sino para crear la expresión que provocaba en él la visión del objeto, haciendo un uso expresivo del dibujo y no descriptivo. Poseía una capacidad increíble para captar la psicología o los gestos individualizados, y como un observador preciso nos presentaba la realidad pero sin crítica ni dulcificación.
Entendía el arte como comunicación, siempre defendió que un cartel o un anuncio en un periódico tenían la misma importancia que un cuadro, adelantándose con estas ideas a su tiempo y convirtiéndose en el creador del cartel moderno, por ello será uno de los grandes precursores del mundo de la publicidad.

Junto con Degas fue el gran observador del universo femenino, pero Toulouse siempre se sintió atraído por la gente de baja condición y las mujeres de mísera vida, y a ellas les concede el protagonismo de todas sus obras en dibujos, carteles o lienzos. Nunca le había interesado la pintura de paisaje ni la naturaleza sino la sociedad, la gente con sus estados de ánimo cambiantes, con sus alegrías y sus tristezas, con su día a día por muy sórdido o vulgar que fuese, al fin y al cabo se convirtió en un fiel testigo de cierta vida oscura que escondía la gran capital francesa.

Fue reconocido como el gran pintor de la vida de Montmartre, no sólo de sus lugares de espectáculos sino también de su forma de vivir, por eso muchas veces apagaba las luces para mostrarnos espacios cerrados, para acercarnos el mundo interior que se escondía en los estudios y casas de este famoso barrio.

Obras como la Toilette nos recrean esos pequeños espacios, íntimos, sencillos, anónimos, llenos de una extraña quietud y serena atmósfera. Utilizando un encuadre fotográfico, la línea rápida y fina se vuelve en la protagonista del cuadro.
El maestro francés nos empuja a un espacio muy personal abandonado por completo la perspectiva tradicional, no encontramos profundidad en la escena, ni ningún objeto que destaque por su cromatismo, la luz no golpea de forma directa los elementos o la superficie del cuadro para hacerlo vibrar. Pero aun así consigue una calma visual que lo envuelve todo, recreándose en la sensación de intimidad.

La pincelada se crea a través de trazos breves, fragmentados y nerviosos que nos dan el ritmo de la obra y se acompaña de una elección certera de colores tenues malvas, amarillos, verdes y azules, que nos ayudan a involucrarnos en la quietud del momento representado.

No se han encontrado estudios o bocetos preparatorios de este lienzo, por lo que se cree que lo hizo del natural, delante de la modelo, seguramente una prostituta llamada a posar en su estudio, un ambiente cotidiano en el que podemos reconocer el sillón de mimbre utilizado por el artista para otros retratos.

Con la elección de un encuadre arriesgado, con un punto de vista en picado, nos atrapa por completo y nos introduce en una escena llena de naturalismo. Una figura anónima que no muestra su rostro se convierte en la protagonista, pero aun así se da a conocer a través de su pose, con las medias bajadas y la camisa cayendo desde los hombros, a través de su espalda y de sus cabellos rojizos o las sencillas ropas que hay a su alrededor. Intentando captar quizás solamente el ritmo de la existencia o de una plácida espera, todo ello ante una atmósfera silenciosa que se llena de cierta melancolía. Con obras como ésta define lo que para él era el arte, nada más que la contemplación de la vida, ni fea ni bella, simplemente pequeños bocados de realidad que deben comunicar y hacer sentir al espectador.

Toulouse Lautrec utilizó siempre la pintura para evadirse de su propia vida, y sólo en ella encontró consuelo en el final de sus días, cuando el alcoholismo deterioró por completo su frágil salud. Complicándose su existencia a partir de 1897, comenzando a padecer manías, depresiones y neurosis, y frecuentes ataques de parálisis en las piernas y en un costado. Ese mismo año sería recogido de las calles a causa de su horrible estado y poco después sufrirá su primer ataque de delírium tremens en el que llegó a disparar a las paredes de su casa creyendo que estaban llenas de arañas.

Pero Toulouse artista prolífero e incansable seguía pintando de forma firme y rápida; aunque finalmente sería internado en un sanatorio mental, donde para demostrar que no estaba loco realizó de memoria toda una serie de litografías sobre el circo. Los dos últimos años de su vida suponen un sorprendente cambio en su estilo, con una paleta mucho más oscura y empastada. Y aunque comienza a tener éxito comercial, algo que nunca le había importado, su salud estaba cada vez más deteriorada. Tristemente acabado volvería a casa de su madre, el 9 de septiembre de 1901 murió postrado en su cama, tenía tan sólo 37 años. Sería su madre la que se ocuparía de recuperar buena parte de su obra y con la ayuda de su amigo y marchante Joyant, en 1922  se inauguraba el Museo Toulouse-Lautrec en el Palacio de la Berbie.