19 febrero, 2013

La resurrección de Abdalá Ben Yasin Al Gazuli: azote de los infieles

Dr. Rafael Vidal Delgado
Doctor en Historia y Coronel de Artillería, DEM

Nota previa: esta reseña histórica forma parte de un trabajo relacionado con la amenaza terrorista procedente de Malí y publicado en las revistas virtuales www.belt.es y www.foroparalapazenelmediterraneo.es y titulado Al-Qaeda en el Sahel: Los nuevos monjes almorávides.

Nota histórica: Abdalá Ben Yasin Al Gazuli fue el alfaquí o muftí que predicó el rigorismo religioso a principios del siglo XI en el norte de África que dio origen al movimiento almorávide, creándose un imperio que alcanzaba el Senegal por el sur hasta Zaragoza por el norte.

Se definen los términos anteriores:
Alfaquí: ulema que enseña la ciencia especializada en el conocimiento de los fallos o juicios aplicados en la legislación islámica, cuyas fuentes son el Corán, la Sunna, el Iyma‛ (consenso de opinión de los ulemas), el Quiyas (Conclusión extraída por un Muchtahid por medio de la comparación de un tema no especificado en una aleya o hadiz, con otro claramente expuesto). El trabajo del alfaquí se basa sobre el Nass (el texto de aleyas o hadiz), su comprensión y sobre los juicios sacados desde las conductas humanas, que pueden ser prohibidas, obligatorias, reprobados, recomendables o permitidos.

Muftí: Jurisconsulto competente para emitir una fetua, además de ser un gran conocedor de la realidad vivida para establecer relación entre el juicio conforme a la legislación islámica y la realidad, con el fin de realizar los grandes objetivos de la ley canónica del Islam que consisten en la protección de la persona, la razón, la religión, la dignidad del ser humano y sus posesiones.

Sheikh Yasin Al Kuwaiti; Sheik Ahmed Yasin y Abdessalam Yasin, se corresponden con tres líderes islamistas, el primero de Al-Qaeda, el segundo el fundador de Hamas y el tercero la cabeza visible del partido “Justicia y Caridad”. Los tres han fallecido, los dos primeros de forma violenta y el tercero de enfermedad.
Su semilla ha germinado entre los musulmanes más pobres y desarraigados. Los dos primeros se identifican con movimientos violentos y antioccidentales y el tercero ha focalizado su atención sobre Marruecos.

¿Está en peligro la civilización Occidental?

SOBRE LA HISTORIA Y SU FILOSOFÍA
Los historiadores no están, solamente, para investigar fuentes pasadas y reconstruir la historia que posiblemente pasó, para eso no haría falta una carrera de varios años y un largo aprendizaje en una metodología de investigación. La más importante faceta del historiador es la de ser un pedagogo de la propia historia, de mostrar y narrar los hechos, bucear en las causas y motivos que llevó a la humanidad o a una parte de ella a una situación concreta, y a continuación extraer conclusiones que sirvan de enseñanzas por si se dieran, en el futuro, situaciones similares a las de antaño.

Los grandes historiadores son algo más que eso, son “filósofos de la historia”, porque aunque basan sus apreciaciones en acontecimientos concretos, logran abstraerlos y reconvertirlos en filosofía histórica aplicada a civilizaciones venideras.

La relación de filósofos de la historia es relativamente restringida, al menos en el sentido que han marcado pautas históricas. En la antigua Grecia podríamos citar, entre otros, a Thales de Mileto y Parménides: Entre los siglos V al XVI a Agustín de Hipona, el cual marcó gran parte del devenir histórico de los pueblos, con su interpretación del bien y del mal y su camino a la ciudad de Dios; Anselmo de Canterbury con sus reflexiones de ámbito político; Tomás de Aquino, verdadera enciclopedia de su época y que aún sus silogismos son pruebas casi irrefutables; no digamos de uno de los grandes filósofos, Abū Zayd ‘Abdu r-Raḥman bin Muḥammad bin Khaldūn Al-Hadrami Al-Isbili, más conocido como Ibn Jaldún, el cual sentó las bases de una historia en sentido amplio, analizando sociedades, economía, demografía, historiografía, etc; entre los humanistas del renacimiento habría que citar a Descartes y un poco más tarde al inolvidable Kant; y por último tendríamos que citar a Marx, con su interpretación de la historia como una confrontación permanente de las clases sociales, a Arnold Toynbee y por supuesto para los españoles a Ortega y Gasset, no solamente por su historia de la filosofía que ha marcado al menos a dos generaciones, sino a su Historia como Sistema en donde mezcla espiritualidad, religión y materialismo.

Largo preámbulo para indicar que la historia se repite y las civilizaciones y pueblos pasan cada intervalo de tiempo por situaciones históricas similares y que si no han extraído enseñanzas de las mismas, a través de los filósofos de la historia, están abocados a sufrirlas con las mismas consecuencias catastróficas.

LAS NUEVAS AMENAZAS
En la actualidad sobre Occidente se ciernen una serie de amenazas, por el sur y oeste, las huestes de Al-Qaeda han conseguido disponer de un territorio de 800.000 kilómetros cuadrados, y prepara su asalto a Europa. Por el este los “Hermanos musulmanes”; “Hamas” y la República Islámica de Irán, presionan sobre las naciones de la República Federativa Rusa y sobre las naciones del este europeo. ¿Ha existido otra situación similar anteriormente?

NACIMIENTO DEL ISLAM
A partir del 630 después de Cristo, se inicia la gran expansión musulmana que puso en jaque a los imperios bizantino y sasánida, aparte de avanzar como una marea por países cristianos o no.

Pero la Cristiandad se enfrentó a ella, tal como lo había hecho anteriormente con los arrianos, dado que en muchos sentidos consideraban a la religión mahometana como una especie de “herejía”, negando la divinidad de Cristo y asignándole el atributo de profeta. Las conversiones lo fueron en masa y la presión ejercida sobre los cristianos no era agobiante, incluso entre los mozárabes españoles surgió una herejía, denominada “adopcionista”, cuyo gestor principal fue el obispo Elipando, por la cual se negaba que Cristo desde el momento de su nacimiento fuera verdadero Dios, considerándolo únicamente hombre y que posteriormente el propio Dios lo “adoptó” como Hijo, pasando a ser Dios, intentando de esta forma acercar el cristianismo al islamismo, el cual proclamaba “único Dios” a Alá.

LAS AMENAZAS DE HACE MIL AÑOS
Hace mil años surgió en la arenas del desierto del Sahara, en los mismos territorios en los que actualmente se asienta Al-Qaeda en Malí, la mayor amenaza a la que se ha enfrentado la Cristiandad y que en los albores del siglo XXI se vuelve a materializar haciendo peligrar la existencia de la civilización Occidental (heredera de la Cristiana) (Figura 1).

En esa época, hace mil años, uno de los jefes de las tribus musulmanas del Sahara peregrinó a la Meca y a su regreso tomó contacto con un alfaquí que preconizaba, desde la actual Túnez, un rigorismo religioso, es decir la vuelta a las raíces del Islam, según su interpretación. La predicación la inició un discípulo del alfaquí, llamado Abdalá Ben Yasin Al Gazuli, el cual alentaba un regreso a la más estricta ortodoxia sunní.

Ben Yasin no obtuvo los resultados apetecidos y excepto un grupo de creyentes se alinearon con su doctrina, de tal manera que tuvieron que retirarse a la isla de Tidra, en Mauritania, donde construyeron un ribat (monasterio fortificado). Desde este lugar fueron extendiendo su influencia religiosa y miles y miles de hombres se les fue uniendo, queriendo forma parte de los “monjes soldados”.

El jefe de la tribu Lamtuna (hombres con velo) se convirtió a la doctrina de Yasin, de tal manera que desde ese momento, los almorávides, de “al-Murabitun” o Murabit (singular), es decir “morabitos, tuvieron un jefe espiritual, Yasin y otro militar: Yahia Ben Omar. Los actuales tuaregs son descendientes directos de aquellos “hombres con velo”, hoy llamados “hombres azules”, en cuyo territorio Pierre Benoit describió la Atlántida, en donde reinaba una mujer de gran belleza: Antinea, que tras hacer el amor con los hombres los convertía en estatuas y defendida por los fieros tuaregs.

En el año mil, mientras los almorávides se aprestaban a dominar el occidente del Mediterráneo, por el este se mantenían dos movimientos musulmanes, de tendencia distinta a los sunníes almorávides, nos referimos a los fatimíes de Egipto y que antes habían dominado todo el norte de África y a los turcos seljúcidas, procedentes del este del mar Caspio, ambos partidarios de la doctrina Chiíe. Los primeros como seguidores de Fátima, hija de Mahoma, casada con su primo Alí, y los segundos por haber sido convertidos al Mahometismo por letrados chiítas.

Dos frentes se abrieron contra la Cristiandad a finales del siglo XI, uno sobre la península Ibérica y otro sobre la de Anatolia (imperio bizantino).
En el inicio del segundo milenio el poder absoluto de la Cristiandad lo ostentaba el Papa de Roma. Gregorio VII desde el momento de su elección como Pontífice de la Iglesia declaró solemnemente en su Dictatus Papae la superioridad del sucesor de Pedro sobre cualquier otro poder, no solo cristiano sino del mundo, de tal modo que todos los príncipes, incluidos el emperador le debían obediencia. Con ello inicia la “Querella de las Investiduras” materializada en una lucha entre el papado y el imperio, pero ello no es objeto de la presente tesis. Gregorio VII, en el inicio de su pontificado (1078) nombra cardenal a Odón de Chantillón, prior del monasterio de Cluny, uno de los grandes diplomáticos de la Iglesia y futuro para Urbano II (Figura 2).

Desde sus puestos de responsabilidad el futuro Urbano II se daba cuenta del peligro que representaba para la Cristiandad las dos tenazas musulmanas sobre sus flancos, por lo que primero alentó a Alfonso VI rey de Castilla a que se enfrentara a los almorávides, siendo derrotado en la batalla de Sagrajas o Zalaca (1086), quedando el paso abierto para lanzarse sobre Europa, pero la muerte de un hijo del emperador almorávide detiene el avance por regreso a África de Yusuf ibn Tasufin.

Pero solamente fue una parada momentánea y de nuevo los “monjes soldados”, tras someter a los reinos taifas, se aprestan a la derrota cristiana.
Urbano II no se “fía” de los reyes cristianos, que pretenden socavar su poder en su beneficio, por lo que designa a Rodrigo Díaz de Vivar como su “general” en la lucha contra los enemigos de la Fe (Figura 3), derrotando éste último a los almorávides en la batalla de Cuarte (1094) y pocos años más tarde en Bairen (1097). Esta derrotas frenaron en seco el avance musulmán, pero Urbano II pensaba también en el otro frente, mucho más difícil y lejano (Figuras 4 y 5).


Para ello y acogiéndose a una serie de actos violentos contra los Santos Lugares de Jerusalén, acaecidos hacía casi cincuenta años y totalmente superados, predica la “Santa cruzada” para recuperar la ciudad de Jesucristo, designando para el mando de los caballeros cristianos, no a un rey, sino a otro noble, a Godofredo de Buillón que detiene en 1099 el avance musulmán por el este.

Conocedor Urbano II de la imposibilidad de contar con las autoridades políticas de los países europeos, enfrascados entre ellos en pugnas de toda índole y además enfrentados al poder de la Iglesia, resolvió superar la amenaza almorávide, fatimíe y seljúcida solicitando el apoyo de las bases cristianas (Figuras 6 y 7).


Este recurso a las bases cristianas tuvo consecuencias insospechadas. Pedro de Amiens, más conocido como “Pedro el ermitaño”, era un monje trotamundos, que al parecer había viajado a los Santos Lugares, el cual tomando como eje el sermón de Urbano II, atrajo a varios miles de gente del pueblo llano y algunos nobles, de la llamada “baja”, liderados por el caballero Gualterio, conocido en los libros de texto como “sin tierra”, “menesteroso”, “indigente” y otros calificativos similares. La llamada “Cruzada de los pobres”, preludio de la de Godofredo de Buillón, fue un verdadero desastre, dado que al llegar a territorio turco fueron derrotados y masacrados en las llanuras de Civitot (Kibotos). Pedro el ermitaño pudo regresar a Constantinopla, uniéndose al ejército cruzado, llegando a ser capellán del ejército cristiano en Jerusalén. Una estatua suya existe en la catedral de Notre Dame de Amiens.

Urbano II y sus sucesores preconizaron la máxima ortodoxia en el mundo cristiano, aislando a las comunidades judías y musulmanas, e impidiéndoles hacer proselitismo, algo similar a lo que actualmente ocurre en el mundo musulmán (Figura 8).

Urbano II y Rodrigo Díaz de Vivar murieron en 1099 y pocos meses más tarde, ya en 1100 falleció Godofredo de Buillón. Bien conocía el Papa de Roma la situación de la Cristiandad, porque concedió el estatus de reino, condado y principado a los estados cruzados en Tierra Santa, siempre como vasallos de la Santa Sede (Figura 9). Quiso hacer lo mismo en Valencia, pero el Cid Campeador era demasiado leal con su rey Alfonso VI, no queriendo aceptar ninguna corona.


A su muerte, su esposa doña Jimena defendió la ciudad de los reiterados ataques almorávides, apoyado por su yerno, Ramón Berenguer III. En 1102 y ante la imposibilidad de seguir manteniendo a Valencia, se acordó la evacuación, apoyado por Alfonso VI de Castilla (Figura 10).

Sin embargo, aunque la conquista de Valencia fue efímera, el desgaste sufrido por los almorávides y sus problemas en el norte de África, forzaron su detención.
Se podría decir que los dos objetivos estratégicos de impedir la progresión musulmana por los flancos de la Cristiandad se alcanzaron, aunque se perdió el objetivo táctico de Valencia en el oeste y cien años más tarde lo mismo sucedió con Jerusalén.

LA AMENAZA EN EL SEGUNDO MILENIO
Sin necesidad de efectuar un análisis político, moviéndonos únicamente en el plano de la seguridad internacional, es una realidad que la civilización occidental se encuentra amenazada.

El ministro del Interior, en su comparecencia ante la Cortes Españolas el 31 de enero de 2012, para exponer las líneas maestras de su Departamento, dictó como primer objetivo el siguiente:

En primer lugar, el primer objetivo de este ministerio es garantizar a todos los ciudadanos el pleno disfrute de sus derechos y libertades, libre de la violencia terrorista o de su amenaza. Por ello el Ministerio del Interior desarrollará una estrategia antiterrorista integral que nos permita responder eficazmente a los riesgos y amenazas a los que debe hacer frente nuestro país.

La situación actual se traduce en dos amenazas palpables, la primera materializada en al-Qaeda, convertida en “emirato” en pleno desierto del Sahara, de difícil erradicación a pesar de las victorias militares de las fuerzas francesas y que constituye el peligro principal que se cierne sobre los españoles, según el ministro del Interior. La segunda amenaza se encuentra en Oriente Medio, liderando la amenaza contra Occidente el régimen iraní.

Las similitudes entre las dos situaciones geopolíticas, separadas mil años, son más que evidentes. ¿Tendrá la superación de la situación actual la misma solución que antaño?

Aquí dejamos la pregunta.

Dr. Rafael Vidal Delgado
Doctor en Historia y Coronel de Artillería, DEM

El 8 de febrero de 1538 se formó la Liga Santa entre la potencia mundial, que en aquel momento era España/Imperio, el poder moderador espiritual constituido por la Santa Sede y una potencia marítima Venecia, para detener a los turcos en su avance por el Mediterráneo.