25 septiembre, 2015

La prostitución en el arte

El Ministerio de Cultura espera que la exposición «Esplendor y miseria de la prostitución en París, 1850-1910» (Museo de Orsay) sea una de las más «rentables» económicamente de los últimos años, con un previsible récord de visitantes y venta de «productos derivados». Comisariada por Marie Robert e Isolde Pludermacher, conservadoras del Museo de Orsay, y presentada por Richard Thomson, profesor de historia del arte de la Universidad de Edimburgo, «Esplendor y miseria de la prostitución en París» presenta más de doscientas obras de grandes maestros, tratando desde muy diversos ángulos el tema de la prostitución, los prostíbulos y las prostitutas a finales del XIX y el XX, en París.

Tema clásico, de la «Olimpia» de Manet a «Las señoritas de la calle de Avinyó» de Picasso, prostitución, prostíbulos y prostitutas tienen un puesto bien conocido en la historia del arte moderno, bien ilustrado por Toulouse-Lautrec, Degas, Vlaminck, Van Dongen, Renoir, Félicien Rops, Émile Bernard, Gervex… y un larguísimo etcétera. Si la exposición no se detuviese en el umbral de 1910, la relación de artistas que han tratado el tema hubiera podido prolongarse indefinidamente, hasta Francis Bacon y Andy Warhol, entre muchos otros, claro está.
¿Qué es el arte? Prostitución

Para mejor cubrir la exposición con un delicado prurito «cultural», las comisarias han recurrido a una legendaria cita de Baudelaire, fuera de contexto: «¿Qué es el arte? Prostitución». Baudelaire hacía una crítica radical del mercantilismo rampante y la irrupción de la «industria cultural» en el «mercado del arte». Olvidando tal premisa, esencial, el Ministerio de Cultura y el resto de la burocracia estatal «dieron su bendición» a una exposición que se demora en los meandros «artísticos» de una prostitución convertida en delicado producto expositivo.

Cuando los museos franceses deben «adaptarse» a un recorte significativo de los créditos y subvenciones, el Ministerio de Cultura y el Museo de Orsay confían en un esperado éxito comercial de «Esplendor y miseria de la prostitución en París». El «morbo» real o presumido de las obras de grandes maestros glosando la «lírica» de la prostitución, debiera atraer al gran público cosmopolita. A tal fin, un largo rosario de productos derivados (estampas, recuerdos, almanaques, figurillas, etcétera), permitirán, se espera, multiplicar unos ingresos envidiables en tiempos de crisis.
Objetos de gusto muy diverso

Para hacer más atractivo el tema de fondo, si cabe, los organizadores han completado las obras de arte con objetos de gusto muy diverso, rozando lo peregrino. El visitante podrá descubrir, por ejemplo, un «sillón de amor» donde el Príncipe de Gales, futuro Eduardo VII, rey de Inglaterra, retozaba amorosamente en compañía de dos señoras o señoritas. Con un afán de «fidelidad» se ha reproducido un «salón» y una «habitación» de una profesional que se hacía pagar al precio más alto recibía a una clientela adinerada. La inmortal «Olimpia» de Manet está «acompañada» de una colección de películas y fotografías pornográficas de la época.

En el capítulo de la foto porno en el París de finales del XIX y principio del XX destaca una legendaria representación española, liderada por una gallega de muchísimo trapío, Carolina Otero, la Bella Otero, Agustina Otero Iglesias, (Valga, Pontevedra, 1868-Niza, 1965), que tuvo amantes tan notables como Guillermo II de Alemania, Nicolás II de Rusia, Leopoldo II de Bélgica y Aristide Briand, entre muchos otros, claro está. En el Museo de Orsay, la Bella Otero está representada a través de unas fotografías de Léopold Reutlinger que hoy pudieran parecer particularmente pacatas, mucho menos «atrevidas» que las imágenes que hoy se difunde a través de los paraísos artificiales de la publicidad audiovisual.

Por Juan Pedro Quiñonero en ABC.