9 abril, 2013

La policía italiana encuentra un ‘chagall’ sustraído hace 11 años

Casi un año anclado. El yate de un ciudadano estadounidense se quedó parado en un muelle del puerto italiano de Savona por obras de manutención desde febrero de 2002 hasta enero de 2003. Es decir, lo suficiente como para que un ladrón se enterara de que el dueño exponía en el interior de la embarcación Le un au Bouquet, un cuadro de 1920 del pintor bielorruso Marc Chagall, consiguiera entrar en el barco y salir de él con la obra. En lugar del chagall, valorado en 1.200.000 euros, dejó una copia. Al original, en cambio, se le perdió la pista. Hasta que hoy los carabinieri de Turín lo encontraran en casa de su nuevo dueño, el exfutbolista de la Juventus Roberto Bettega.

Tres personas han sido denunciadas por el robo: el titular italiano de una galería de arte de Bolonia y dos rumanos, uno de ellos exmiembro de la tripulación del barco. Bettega adquirió Le un au Bouquet de la galería en cuestión en 2003 por 1.200.000 euros, de los cuales 175.000 en efectivo y los demás cediendo otras obras de arte. El exdelantero de la vecchia signora desconocía la procedencia de la pintura y no está considerado como uno de los sospechosos, según la investigación.

La desaparición del cuadro fue descubierta por el hijo del propietario del yate, que fue a Italia a recoger el barco en calidad de heredero, ya que su padre había fallecido. Los medios italianos aseguran que un experto a la sazón examinó la pintura que colgaba en el interior del yate y concluyó que se trataba de una copia.

La policía italiana encontró el cuadro en el marco de una investigación sobre la compraventa ilegal de obras de arte a través de una galería de Bolonia. Para solucionar el caso, los carabinieri tuvieron que pasar por Niza y Mónaco, donde el cuadro fue expuesto en sendas galerías, y acabaron en el norte de Italia.

Los ladrones de Le un au Bouquet consiguieron recibir una nueva autentificación del cuadro por parte de la Fundación Chagall, atribuyendo su compra a un coleccionista ignaro de lo que estaba ocurriendo y que frecuentaba habitualmente la galería boloñesa. Una vez obtenida la documentación oficial, el chagall fue vendido a Bettega.

Por El País.