9 marzo, 2011

La pequeña bailarina

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Laura Pais Belín

Autor: Edgar Degas.
Cronología: Modelo en cera: 1865-1881. Modelo en Bronce 1921-1931.
Técnica: Escultura en Bronce.
Localización: Musée d´Orsay. París. Hasta el 17 de Abril, en la Exposición “Las esculturas de Edgar Degas”. IVAM. Institut Valencia de Art`Modern.

pequena_bailarinaPintor y escultor francés, el gran  Edgar Degas pasaría a formar parte de la historia como uno de los grandes genios del arte moderno de finales del siglo XIX, gracias a sus increíbles dibujos, innovadoras composiciones y su personal análisis de la realidad.  Aunque curiosamente se encuentre dentro de la larga lista de artistas que tendría que esperar a ser reconocido mucho tiempo después de su muerte.

Su figura está directamente unida al grupo Impresionista, pero siempre destacó por las grandes diferencias que le alejaban de sus compañeros. No sólo sus orígenes, nació en el seno de una acaudalada familia de banqueros, sino también sus gustos, su introvertido carácter, sus ideas, su delicada salud y su cultura y formación clásica, lo separaban por completo de muchos de los ideales del movimiento.

El dibujo de gesto rápido era la base de su pintura; a diferencia del resto del grupo, fue un artista de taller: rechazaba la pintura directa al aire libre, no le interesaba la luz del natural. En cambio, convertirá a la luz artificial de los espectáculos  y la de los espacios interiores en la gran protagonista de todas sus obras. Siempre se afirmó que fue más dibujante que colorista, pero lo que es cierto es que su estilo lo logró a través de un progresivo acercamiento a la modernidad y una precisa línea conservadora.

Su modernidad reside en rechazar los temas académicos por los contemporáneos, le interesa la realidad instantánea y cambiante que le muestra la ciudad de París, en sus fiestas, sus teatros, sus espectáculos o las imágenes que recupera de sus paseos por las calles. Degas es un observador nato, perseguía captar el instante de realidad para luego poder reproducirlo de forma íntima en su taller. Llegando a servirse sin ningún tipo de prejuicio de la fotografía que, según él, la utilizaba para plasmar los momentos de realidad que escapaban al ojo.

En la década de 1880, incluso se cree que un poco antes, Degas comenzó a perder visión, y sería justamente en este momento cuando empezó a trabajar con dos nuevos medios que no le exigían tanta agudeza visual, el pastel y la escultura.

Su escultura al igual que su pintura, intentó atrapar la acción del momento, y con ella consiguió el camino más adecuado para alcanzar la mezcla perfecta entre movimiento y espacio, que sería una máxima que persiguió a lo largo de toda su carrera.

Estas inquietudes se muestran en la obra “La pequeña bailarina de 14 años” fue su escultura preferida, la única que fue expuesta en público y la que el público tacharía de símbolo de la  fealdad y  el horror. Después de exponerla nunca volvería a verse ninguna de sus esculturas en público.

Tal vez no fue casualidad que la única escultura que expuso el maestro francés fuese una obra relacionada con el mundo al que tantas horas de su vida se dedicó a observar y mostrar, el atrayente mundo del Ballet. El retrato de una de las adolescentes que aparecían en los espectáculos de París, una de las jovencísimas aspirantes a estrellas del ballet que en la época eran conocidas como las “ratitas”.

De las muchas que llegó a esculpir, esta es la única identificada se llamaba María von Goethem, era hija de una lavandera y un sastre, y bailaba para ayudar a la economía familiar. Y le serviría durante mucho tiempo de modelo al artista.

Pero la creación de esta obra pasaría por varias etapas, una gran maduración desde su idea inicial hasta su realización final. Primero haría toda una serie de dibujos tomando a María como modelo, fechándose el primer dibujo en 1878, a partir de estos dibujos hace una síntesis de esos estudios realizados de acuerdo con puntos de vista diferentes.

Después de haber fijado la postura y modelado los volúmenes, Degas creará a partir de un trabajo basado en cientos de dibujos y pasteles una obra única y definitiva que se convertirá en el símbolo de las pequeñas bailarinas de la Ópera de París

Su escultura fue expuesta públicamente durante la Sexta Exposición de los Impresionistas en el año 1881, después de haberlo anunciado durante algún tiempo, ya que esta obra figuraba en el catálogo de la quinta muestra impresionista, y no se llegó a presentar. Pero debía de tener cierta fama porque varios comentarios periodísticos se lamentaban de su ausencia.

La obra causó entonces un verdadero escándalo, presentó el modelo en cera con coloración natural, peinada con verdaderos cabellos, vestida con un tutú de auténtica gasa gris y verdaderas zapatillas y lazo de raso en el pelo. Dotada de tal hiperrealismo que provocó rechazo de la crítica y el  gran público. Muchos de los críticos esperaban encontrarse con una escultura que mostrase el ideal de belleza de la mujer griega, pero Degas perseguía otro ideal mucho más realista y rompedor, encontrar la esencia del crudo trabajo y la  resignada vida de las pequeñas bailarinas. Quería mostrar sin hipocresía la sociedad de la época. Quizá demasiada verdad alejada de ningún lirismo

Lo que también llama la atención de esta pieza, es que logró introducir al espectador en la obra, dándole varios puntos de vista de la figura, teniendo que dar la vuelta y mirarla de arriba abajo para llegar a verla con profundidad. Al mismo tiempo consiguió una completa sensación de movimiento ya que con la postura de la bailarina con el pie hacia delante crea una línea curva que da movimiento, como había dicho el escritor de la época Haysmans: ”la bailarina, tomando vida bajo la mirada, parece disponerse a abandonar la peana”.

Degas no volvería a exponer esculturas pero siguió haciéndolas, buscando esa naturalidad que fue tan criticada en su momento, quiso plasmar el movimiento captado al natural, la movilidad de los pequeños gestos llenos de serena elegancia. Estas esculturas eran utilizadas por el artista para dar más fuerza, más expresión y más sensación de vida a las figuras de sus cuadros, veía en sus esculturas una etapa de realización de su obra pictórica. De esta manera la escultura se convirtió en un elemento fundamental para sus métodos artísticos.

Clara fue su decisión de no hacer el vaciado de esta pieza en bronce porque como el propio artista dijo, su obra escultórica quedaría par la posteridad y esa no era su intención. Dato llamativo es que cuando la figura de la pequeña bailarina se fundió en bronce tras su muerte y bajo la atenta mirada de sus herederos, se descubrió que su esqueleto no era ni de alambre sino que estaba hecho con trozos de pinceles viejos. Descubriéndose así pequeñas genialidades del gran artista que siempre fue artesano.

Dentro del gran atractivo que rodea la figura y la obra de Edgar Degas, es curioso como hemos podido llegar a descubrir su mundo escultórico. El artista había creado en la última etapa de su carrera un universo escultórico donde se veían todos los principales temas protagonistas de su obra pictórica: bailarinas en escena o entre bastidores, mujeres, bañistas, bustos, caballos y jinetes.

Pero a excepción de la pequeña bailarina de 14 años todas aquellas figuras nunca se expusieron en vida del artista. Un año después de la muerte de Degas sus amigos y herederos descubrieron en su increíble y desorganizada casa – estudio, un pequeño batallón de 150 pequeñas esculturas, formado por espontáneas y tiernas bailarinas, bustos, mujeres en escenas íntimas o caballos llenos de movimiento. Al igual que en su pintura todas estas pequeñas esculturas eran portadoras de la sencilla captación de un instante, la gran esencia de su obra.

Seguramente, el artista las realizó como un ejercicio de experimentación personal, perfectos estudios del dinamismo de la forma en el espacio, pero quizá sin darse cuenta que con estos estudios rompió por completo con la estética del siglo XIX. Y comenzó a mostrar los principales postulados de la escultura moderna.

Después de este increíble hallazgo para evitar que se perdieran, ya que todas ellas estaban modeladas en cera y arcilla escogieron las que se conservaban en mejor estado y se decidió que con una fundición sacarían los moldes de 74 de estas figuras. Y de esta manera entre 1918 y 1936 se hicieron y vendieron toda una serie de estatuillas de bronce, pero el comienzo de la II Guerra Mundial frenó esta multiplicación de la obra escultórica de Degas y supuso el cierre de la fundición.

Pero la historia volvería a dar otro giro inesperado en el año 2001 cuando apareció una reproducción en yeso desconocida de la pequeña bailarina. Tras tiempo de investigaciones, las pistas llevaron al despacho de una famosa fundición de París, que en su tiempo había tenido gran prestigio y por ella habían pasado obras de Renoir, Rodin o Picasso. En esta fundición aparecería otro gran descubrimiento, tras una puerta cerrada con llave se encontraban 74 yesos, completamente desconocidos hasta ese momento y que habían sido realizadas por el íntimo amigo de Degas y escultor Paul-Albert Bartholomé. Los había creado a partir las esculturas en cera del artista y con su consentimiento, ya que algunos de esos yesos los haría mientras el artista aún vivía.

Poco tiempo después los herederos de Degas aceptaron llevar a cabo la fundición en bronce de estas piezas, para que todos tuviésemos la oportunidad de acercarnos al universo, hoy ya no tan desconocido del pintor y escultor  Edgar Degas.

El maestro que fue capaz de atrapar la realidad y apropiársela para su obra, convirtiéndose en el fiel espectador que logró que la esencia de la vida se colase de forma natural en toda su trayectoria artística.

Podremos disfrutar de este nuevo hallazgo en  la exposición ‘Las esculturas de Edgar Degas’  que podrá visitarse en Valencia hasta el próximo 17 de abril, en el IVAM.