30 abril, 2015

La National Gallery recibirá a Finaldi con la crisis más profunda de su historia

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Si Hamlet caminara por el Londres de 2015 en lugar de por la Dinamarca del siglo XV el dilema más universal de la humanidad, “ser o no ser”, habría dejado paso a otro de mucha más enjundia: “privatizar o no privatizar”. En realidad quedan ya pocas cosas por entregarle a la empresa privada en un país que, de la mano de Margaret Thatcher, comenzó el desmantelamiento de todos los servicios públicos hace ya más de tres décadas.

Desde el transporte a la sanidad o la vivienda, todas las conquistas dirigidas a repartir la riqueza del Reino Unido de forma mínimamente igualitaria se han perdido para entregárselas en bandeja al mejor postor (privado). La cultura tampoco se ha salvado. Todo es susceptible de empeorar y el nuevo director de la National Gallery, Gabriele Finaldi, que abandonará su cargo adjunto al director del Museo del Prado, lo va a vivir en sus propias carnes.

Tomará posesión de su cargo en agosto, pero este mes recibirá una carta del sindicato PCS, que agrupa a la mitad de los 600 trabajadores del segundo museo más visitado del Reino Unido, para pedirle que frene la privatización de sus puestos de trabajo. “Es necesario que Finaldi se implique en este asunto cuanto antes. No es posible que con un cambio de director en marcha la National Gallery vaya a privatizar nuestros empleos abriendo un proceso que difícilmente se habrá resuelto cuando llegue en agosto. Le vamos a pedir que utilice toda su influencia para paralizarlo hasta que nos podamos sentar a hablar con él. El arte está en peligro”. Son las palabras de Richard Simcox, el portavoz nacional del sindicato de funcionarios PCS, que agrupa a 240.000 británicos, en su mayoría funcionarios.

En conversación con El Confidencial Simcox explicó todos los detalles de esta patata caliente con la que tendrá que lidiar Finaldi y que va incluida en el sueldo de director del museo que en 2014 recibió casi 6,5 millones de visitantes (apenas 280.000 menos que el British Museum).

Desde el pasado lunes y hasta hoy, por quinta vez en tres meses, los vigilantes de sala, los guardias de seguridad, los vendedores de entradas o los guías están llamados a una huelga que volverá a repetirse el 1 de mayo, en protesta por el anuncio ya firme de la National Gallery de externalizar sus servicios de atención al público. El proceso comenzará en los próximos días con la convocatoria de un concurso público y afectará a dos tercios de los 600 funcionarios que trabajan allí, principalmente vigilantes de sala y seguridad.

‘Externalizar no sólo es malo para empleados fieles, sino que pone en peligro las obras de arte y los servicios a los visitantes’

La inminencia de las elecciones generales de la institución, el próximo 7 de mayo, ha acelerado el proceso. “Hemos tratado de negociar, pero no quieren. Lo achacan al recorte de presupuesto, pero lo cierto es que los empleados del museo ni siquiera ganan el London Living Wage (9,15 libras la hora, 12. 5 euros). La externalización de los servicios será la primera que se produce en una pinacoteca londinense, creando un muy mal precedente”, apunta Simcox.

Externalizar a los vigilantes de sala, que en la National Gallery suelen tener una preparación de tipo artístico (muchos son licenciados en historia del arte, bellas artes o similares) significa que todos los empleados de la nueva empresa serán intercambiables. Si es necesario, quien hoy trabaja en la National Gallery mañana podría acabar en un supermercado o viceversa. Y eso va en detrimento no sólo del público, sino de la seguridad de un museo en el que reposa una de las cinco mejores colecciones de arte del mundo.

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“Externalizar no sólo es malo para empleados fieles, sino que pone en peligro las obras de arte y los servicios a los visitantes. Según un estudio reciente del TUC (federación de sindicatos), externalizar pone en peligro la calidad de los servicios públicos y deteriora las condiciones laborales y salariales”.

Con estas palabras los dos principales artistas que abanderan causas sociales en el Reino Unido, el músico Billy Bragg y el cineasta Ken Loach, respaldados por la mayoría de sindicatos del país y varios diputados, hacían recientemente un llamamiento a través de una carta pública a la dirección del museo. Le piden que frene la salida a concurso de la externalización y espere a que, tanto Finaldi como el nuevo patronato, tomen posesión de sus cargos en los próximos meses.

Museos en los huesos

Desde la National Gallery remiten a El Confidencial un comunicado en el que se subraya que las sucesivas huelgas “sólo” han obligado a cerrar dos tercios de sus salas. El eufemismo concreto es “hemos mantenido abierto más de un tercio de nuestras galerías”. Aseguran que han optado por la externalización porque el sindicato se niega a negociar con ellos, pero les prometen subirles el sueldo y que sus nuevos empleadores se lo mantendrán. “No habrá pérdidas de trabajo y serán respetados los términos y condiciones”, dice el museo.

Los sucesivos hachazos al presupuesto de los mejores museos británicos, públicos y gratuitos, han sido continuos desde la era Thatcher. Pero en los últimos ocho años, los laboristas de Gordon Brown atrincherados tras la excusa de la crisis primero y los conservadores de Cameron después, le han ido quitado a instituciones como el British Museum o la Tate Gallery entre un 5% y un 10% al año de su financiación anual.

Sólo en los últimos tres años algunos museos han perdido hasta un 30% de sus ingresos públicos, según un informe de la Museums Association (MA) del Reino Unido, que agrupa a los 1.800 museos certificados como tales por la asociación. Para entender las proporciones, sirva como ejemplo que el British Museum se financia en un 44% con ayudas públicas, aproximadamente el mismo porcentaje que recibe el museo Tate o la propia National Gallery.

‘Las prestaciones de los museos británicos, tal y como las conocíamos, están bajo amenaza. Y se avecinan más recortes’La MA incluso ha cambiado su código ético y desde 2008, en plena recesión, acepta que los museos vendan piezas de sus colecciones si el objetivo de la venta es financiar el mantenimiento a largo plazo de la estructura de un museo, por ejemplo, una gotera. O para construir un almacén (para esas obras que ya no se pueden exponer), como solicitó el Museo de Bolton. Es decir, para resolver situaciones de extrema necesidad que no pueden solucionarse de otro modo.

El portavoz de la MA se negó a valorar para El Confidencial la crisis que vive la National Gallery alegando que “es la primera vez que ocurre algo así y aún no nos hemos pronunciado”, pero remitió a sus informes sobre cómo los recortes han afectado a los museos británicos. Además, en la web de la asociación hay publicado un documento hace un mes significativo que alerta sobre la actual situación de los museos británicos: “El panorama general es que las prestaciones de los museos, tal y como las conocíamos, están bajo amenaza [debido a los recortes presupuestarios]. Y se avecinan más recortes”.

El pasado mes se aprobaron los presupuestos de 2016, donde la cultura vuelve a sufrir. La última frase del documento de la MA está impregnada de dramatismo: “Hay una necesidad urgente de encontrar estrategias de financiación de nuestro sector. Finaldi tendrá que hilar fino.

Por Bárbara Celis en El Confidencial.