19 enero, 2015

La Lleó i Morera ‘cumple’ un año

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Visitas guiadas y grupos reducidos. Esta fue la modalidad escogida por los dueños de la Casa Lleó i Morera (el grupo Núñez y Navarro) para abrirla al público, ahora hace justo un año. Pese a eso, han sido 17.000 personas las que han accedido al rico interior modernista de esta vivienda (el piso principal donde vivía la familia propietaria que la mandó construir y el patio interior) construida por Lluís Domènech i Montaner en 1905 en el céntrico y burgués paseo de Gràcia barcelonés.

Mañana coincidiendo con el primer aniversario Núñez y Navarro — que compró el edificio en 2006 y hasta ahora había estado alquilado a diferentes empresas y entidades—, todos los que decidan visitar la casa tendrán un descuento de un 50% en el precio de la entrada en todos los formatos y horarios.

La casa Lleó i Morera está situada en la llamada “Manzana de la Discordia”, una zona del Eixample en la que los edificios modernistas compiten en protagonismo. Sus compañeras y rivales más directas son la casa Batlló, construida por Antoni Gaudí en 1904, que recibe cada año casi 800.000 visitas y la casa Amatller que construyó Josep Puig i Cadafalch en 1900, que está acabando su reforma interior para abrir sus puertas este 2015 y poder mostrar uno de los interiores y mobiliario de la época mejor conservados.

En la decoración del piso noble de la Casa Lleó i Morera participaron más de cuarenta artistas, entre ellos el escultor Eusebi Arnau, Lluís Bru realizó los mosaicos modernistas y los de estilo romano Mario Maragaliano , el mobiliario y la decoración fueron obra de Gaspar Homar, hoy conservados en el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC) y las coloristas vidrieras del maestro Antoni Rigalt.

Pero no toda la casa ha gozado de la misma suerte. Los bajos fueron mutilados a mitad de los años cuarenta del siglo pasado cuando se instaló en esta zona la marca de ropa de lujo que sigue estando en esta esquina tan concurrida de la ciudad. En marzo de 2012 se reabría la tienda tras cuatro meses en los que se llevaba a cabo los últimos trabajos de restauración.

Era la tercera reforma desde que en 1943 el arquitecto Raimon Duran Reynalds, en su reforma integral, se llevó por delante las impresionantes ninfas maceteros de Eusebi Arnau (una de las cabezas de estas figuras acabó en el museo de Dalí en Figueres) y los ricos suelos y techos del interior.

Ni la reforma de 1967, ni la de 1992 que dirigió el arquitecto Óscar Tusquets en la que se restauraron los pináculos, el enorme templete de la terraza, además de recuperar otros elementos de la fachada ocultos durante décadas por bloques de granito sueco le han devuelto el aspecto primero que le dio Domènech i Montaner.

Por José Ángel Montañés en El País.