7 julio, 2014

La Fontana de Trevi, como nunca se ha visto antes

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Ningún turista ha visto la Fontana de Trevi tan cerca como puede hacerlo hoy, gracias a la restauración que se ha iniciado en el monumento-símbolo de Roma. Un puente suspendido o pasarela permite ver desde cierta altura el lugar donde millones de turistas lanzan de espaldas una moneda porque, según la tradición, se propicia así un futuro retorno a la ciudad eterna.

La llaman ya «restauración show» porque gracias a esa pasarela los turistas pueden gozar, a pesar de los andamios, de la fuente más célebre del mundo. El espectáculo está asegurado porque los turistas podrán admirar los mármoles y el trabajo de restauración gracias a los paneles de plexiglás que cubren el monumento protagonista de una de las escenas más famosas del cine italiano y, quizás, mundial, con Anita Ekberg y Marcello Mastroianni en «La Dolce Vita» de Federico Fellini (1960).

La escenográfica pasarela estará abierta desde las 9,30 hasta las 21,30 por turnos de 240 espectadores. Los trabajos de restauración concluirán en el otoño de 2015 y podrán seguirse en la web (www.restaurofontanaditrevi.it). En este tiempo la Fontana permanecerá sin agua, pero el rito de las monedas se ha salvado: se podrá efectuar lanzándolas en el interior de una pequeña bañera blanca escenográficamente colocada en el centro de la fontana, entre la plaza y la pasarela.

Se ignoran los orígenes de esta tradición, que podría derivar de la antigua costumbre de echar en las fuentes sagradas pequeños dones para congraciarse con las divinidades locales, como en las fuentes pozos de los deseos. Millones de turistas continuarán así expresando sus deseos en la fontana de «La Dolce Vita» cuando lanzan las monedas, que después son recuperadas (suponen una suma muy importante) y el ayuntamiento destina a Cáritas.
Fendi, el mecenas

La restauración de la Fontana de Trevi ha sido financiada por la casa de moda Fendi, con 2.180.000 euros. Se continúa así el mecenazgo que otra célebre casa de moda, Tod‘s, está realizando con el Coliseo de Roma. El propio alcalde de la ciudad, Ignacio Marino, presente en bautizo de los trabajos de restauración, ha hecho hincapié en la necesidad de que otras empresas sigan este ejemplo de mecenazgo: «Es fundamental involucrar a mecenas para mantener y restaurar nuestras maravillosas obras de arte».

Como no podía ser de otra forma, también el alcalde Marino lanzó su moneda en esta obra maestra del barroco, con proyecto inicial de Lorenzo Bernini en 1625, desarrollada por Nicola Salvi, quien ganó el concurso convocado por el Papa Clemente XII en 1732, y completada en 1762 por Giuseppe Panini.

El monumento, alimentado por uno de los más antiguos acueductos romanos, el del Acqua Vergine, representa el mar como tema de la composición y está realizado en mármol travertino: la escenografía está dominada por un acantilado rocoso que ocupa toda la parte inferior del palacio, en cuyo centro, bajo un gran nicho delimitado por columnas, resalta una gran estatua de Oceano, figura de la mitología griega, que guía un carro en forma de concha tirado por caballos alados de mar, a su vez conducidos por tritones.

Entre las causas del largo periodo de realización de esta obra, aparte de su grandiosidad, están los notables aumentos de costes y por tanto la necesidad de recoger fondos, además de las frecuentes disputas entre Nicola Salvi y el escultor encargado de la ejecución de la fuente, Giovanni Battista Maini. Ninguno de los dos verá concluida la obra.

La Fontana de Trevi es uno de los monumentos que constituyen todo un universo de fascinación, emociones y expectativas. Gracias a Federico Fellini y su «Dolce Vita», se convirtió en el símbolo de una época, de una Italia sin prejuicios y alegre, con Mastroianni que se sumerge en la fuente llamado por una bellísima Anita Ekberg. Curiosamente, la escena se rodó en un frío mes de enero, que obligaba a los asistentes de Fellini a secar y calentar a la Ekberg, mientras Mastroianni debía colocarse botas altas de pesca sobre los pantalones.
Ekberg y «La Dolce Vita»

De la escena se recordará siempre la admirable y seductora gracia con la que la actriz sueca pasea por el agua con el bello Marcello Mastroianni, una imagen ligada a una Roma nocturna, brillante, esplendorosa. En dos minutos escasos, Fellini nos hace comprender cómo era la Italia de esa época, y para comprender por qué hoy Italia y su arte suscitan entusiasmo en el mundo.

Se suele decir que la Fontana de Trevi es uno de los mejores embajadores que Italia envía en los cinco continentes para evocar la fascinación de un país que no tiene parangón en el mundo del arte. Por eso, cabe imaginarse que el gran actor Totò intentara vender a un ignorante turista americano de origen italiano la Fontana, y con ella los derechos de autor para todas las fotos tomadas por otros turistas, una escena inolvidable del filme «Tototruffa 62» (1961). En definitiva, no hay que extrañarse si hoy todos los turistas del mundo, también los italianos, siguen ensimismados con la belleza de la fuente lanzando monedas al monumento de la Dolce Vita, símbolo de Roma.

Por Ángel Gómez Fuentes en ABC.