7 octubre, 2015

La Estatua de la Libertad madrileña que inspiró a su «gemela» en Nueva York

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El claustro de mármoles blancos y decoración bizantina del, paradójicamente, desconocido Panteón de Hombres Ilustres–en los aledaños de la Basílica de la Virgen de Atocha– se esconde una pequeña estatua, de unos dos metros de altura, dedicada a la libertad. La figura corona un mausoleo en homenaje a políticos como Argüelles, Calatrava o Mendizábal. Esta talla fue esculpida por el autor de los leones del Congreso de los Diputados más de 30 años antes de que Francia regalara el emblema de Nueva York. La pieza del artista zaragozano Ponciano Ponzano presenta enormes similitudes con el posterior diseño del francés.

La Estatua de la Libertad, con sus más de 46 metros de altura, es uno de los símbolos más conocidos de norteamérica. Inaugurado en 1886, este icono, fruto de la mente de del escultor Frédéric Auguste Bartholdi, fue un regalo de Francia a Estados Unidos con motivo del centenario de su independencia.

Sin embargo, tal y como cuenta Javier Sanz en «Historias de la Historia», galardonado con el Premio Bitácoras 2011 al Mejor Blog Cultural, es posible que la imagen que todos conocemos —un personaje femenino de rasgos clásicos, graves y tranquilos que luce una diadema sobre la cabeza— y que Bartholdi patentó en 1879, no sea realmente producto de su imaginación, ya que Ponzano talló la suya en 1853.

La estatua, que en palabras del artista «será gallarda, joven, ligeramente vestida, cubrirá su cabeza con un gorro frigio, despidiendo rayos de luz que saldrán de entre su bulliciosa cabellera», fue esculpida en un bloque de mármol de Carrara.

Si las similitudes visuales entre ambas piezas parecen pocas, las coincidencias se extienden hasta la forma en la que ambos autores definían sus obras. Así, mientras Ponzano señalaba que su escultura «en su mano diestra mostrará haber roto un yugo que pisará con el pie, dando a la otra pierna mayor función sustentadora», Bartholdi patentó su Libertad «con el cuerpo ligeramente vencido del lado izquierdo para que la pierna de ese lado mantenga el conjunto en equilibrio».

Pese a adelantarse treinta décadas, Ponzano cometió un error que su homólogo francés supo aprovechar: mientras Bartholdi se aseguró los derechos económicos procedentes de cualquier tipo de reproducción de su obra, gracias a la patente presentada en 1879, Ponzano murió dos años antes en la más absoluta pobreza.

Por M.R. Domingo en ABC.