22 junio, 2011

La Dama del Armiño

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Laura Pais Belín

Autor: Leonardo da Vinci.
Cronología: 1489 – 1490
Localización: Museo Czartoryski. Cracovia.
Técnica: óleo sobre tabla
Hasta el 14 de Septiembre lo podremos admirar en las Sala Génova del Palacio Real de Madrid.

Mito de las artes y las ciencias se puede afirmar que Leonardo da Vinci superó con creces la época que le tocó vivir. Siempre lleno de humanidad, singularidad y abrumadora creatividad está considerado uno de los grandes representantes del Renacimiento. Su figura en su época imponía respeto y hoy en día  ese respeto se sigue manteniendo, y junto a él la admiración, la leyenda y el misterio.

A lo largo de su vida parecía que ansiaba llegar a poseer todos los conocimientos, se dedicó tanto a los estudios de carácter científico, como a las innovaciones artísticas, a la actividad ingenieril o a la anatomía. Pero ante todo podemos decir que siempre se preocupó por el origen de las cosas, y para ello basó su vida en la observación directa del mundo que le rodeaba. El deseaba comprender los enigmas de la realidad y por ello llegó a tener claro que arte, ciencia y filosofía estaban estrechamente unidas.

Curioso incansable si algo define la obra y la vida del maestro italiano es su fascinante pasión por las diversas formas del saber, a lo que unía su afán por la experimentación. Afirmaba que la misión del artista era explorar el mundo visible, confiaba sinceramente en lo que veía con sus propios ojos y si no lo entendía investigaba y probaba hasta llegar al perfecto entendimiento. Posiblemente Leonardo no investigaba por ambición sino por enriquecer su conocimiento y por encontrar la solución perfecta a lo que necesitaba para su arte. 

Fue el gran maestro de la composición geométrica, del color, pero sobre todo de la luz y del dibujo, al que somete a un efecto de difuminado por medio de increíbles contrastes de luces y sombras que dan al mismo tiempo volumen y aire enigmático a sus figuras.

Con su dominio del color y la atmósfera se convirtió en el primero en ser capaz de pintar el aire. Leonardo se adelantó en el tiempo al considerar que la distancia desde el ojo hasta los objetos representados se llenaba con aire y que éste hacía que los objetos lejanos perdiesen nitidez y variasen su cromatismo, por lo que la perspectiva aérea fue a partir de ese momento una característica inconfundible de su particular estilo.

Artista legendario nació en 1452 en el pueblo toscano de Vinci, una localidad situada muy cerca de Florencia. Hijo de un rico notario florentino y de una campesina, sería criado por su padre. A mediados de la década de los años sesenta la familia se instaló en Florencia, donde recibió la más exquisita educación.

Siendo un niño ya destacaba por su enorme curiosidad, invención y habilidad para las artes. Su padre siendo consciente del talento de su hijo autorizó al joven a ingresar a los catorce años como aprendiz en el taller de un pintor. Porque no nos olvidemos que en aquella época el gremio de pintores era el que determinaba que se debía estar seis años en un taller formándose en pintura, escultura y técnicas de la creación artística para finalmente poder ser reconocido como artista libre.

Así mismo lo hizo Leonardo pero no eligió cualquier taller, sino que acude a formarse en el de Andrea del Verrocchio, figura principal de su época en el campo de la pintura y escultura. Junto a él, el joven artista se inicia en las diversas actividades plásticas sobresaliendo por su maestría. Y mientras participaba en las piezas de su maestro muy pronto sus obras individuales comenzaron a destacar por su innovador dinamismo, logrado por la destreza en los contrastes, el delicado dibujo o el extraordinario manejo de la técnica del claroscuro.  De esta manera su increíble imaginación creativa y la temprana destreza de su pincel, no tardarían en superar a las de su maestro. Por lo que a principios de los setenta entró a formar parte del gremio de pintores, al mismo tiempo que su fama crecía y sus encargos aumentaban.

Por aquel entonces Florencia se había convertido en una de las ciudades más prósperas de toda Europa y el gran centro comercial de la península itálica, donde los Médicis habían establecido una corte de gran esplendor debido a la genialidad de sus artistas. Pero el joven Leonardo se dio cuenta de que aunque tenía buena reputación  no conseguía lo que el realmente esperaba, el buscaba mucho más por lo que a sus treinta años decidió conseguir un futuro más próspero.

En 1482 Leonardo entra al servicio de Ludovico Sforza, duque de Milán y hombre poderoso, tras haberle escrito una carta en la que el artista se ofrecía como pintor, escultor, arquitecto, además de ingeniero e inventor. Permaneció en la corte Milanesa durante más diecisiete años y de hecho sirvió al duque como ingeniero en sus numerosas empresas militares, pero también como arquitecto y pintor.

Allí fue donde su personal estilo pictórico se definió por completo, y prueba de ello son todas las actividades plásticas que asumió en la corte milanesa.

Entre los géneros que cultivó destacó el del retrato, el cual trataba con inigualable personalidad, como podemos ver en el retrato de” La Dama del Armiño”, considerado como el primer retrato moderno ya que entre las innovaciones estilísticas de la excepcional obra destaca que está pintado en tres cuartos de perfil, algo que más tarde imitarían todos los grandes maestros. Este lienzo es uno de los cuatro retratos de damas que se conservan de Leonardo, junto con «La Gioconda», «Ginevra de’Benci» y «La Belle Ferronière». Ya que el resto de las mujeres que pinta Da Vinci aparecen en dibujos o en cuadros religiosos. Y se sabe que tan sólo hizo un retrato masculino, «Retrato de un músico».

La identidad de esta joven, durante muchos años fue desconocida y también durante muchos años la autoría del lienzo fue una auténtica incógnita pero hoy en día nadie duda que sea una de las obras maestras del artista.

En el cuadro se retrata a una de las amantes de Ludovico Sforza, la joven Cecilia Gallerani. Hija de un noble milanés y poderoso terrateniente, la joven tenía tan sólo dieciséis años y era huérfana cuando se convirtió en amante del Duque de Milán, llegó a tener un hijo con él, Cesare y por ello recibiría la propiedad de Saronno. Por su belleza e ingenio se situó en el primer plano de la corte milanesa. Pero cuando su duque toma como esposa Beatrice d`Este, Cecilia se casa con el conde Bergamini de Cremona y se estableció en Milán en el palacio de Broletto, conservando este retrato hasta su muerte.

La joven aparece retratada con un armiño que sostiene en sus brazos, a lo largo de la historia mucho se ha especulado sobre la simbología de este animal. Para algunos encarna la pureza y virtud de la joven. Para otros, podría aludir al propio Ludovico Sforza, que habría encargado el cuadro, y que fue nombrado miembro de la Orden del Armiño  que tenía a este animal en su emblema. Pero al mismo tiempo, probablemente se podría tratar de una alusión al nombre de la muchacha, ya que armiño en griego se pronuncia “galé”, y este tipo de juegos eran muy comunes en la época.

Considerado uno de los retratos más bellos del artista, la dama aparece representada en escorzo, el rostro a penas girado sobre el hombro izquierdo, está hecho con tal maestría que la torsión de su cara parece producirse en el momento en el que el espectador mira el cuadro. De forma muy personal recorta la figura sobre un fondo neutro, pero con tal firmeza que ésta parece dominar por completo el espacio que la rodea, Cecilia dirige misteriosamente su mirada a algún lugar fuera del cuadro y desde él nos atrapa con su serenidad y poderosa expresión.

También el armiño dirige su mirada en la misma dirección, llamando la atención el realismo del manto de su piel, es como si Leonardo lo hubiese trazado pelo a pelo, lo representa asustado pero la estilizada mano de la mujer lo tranquiliza.

De igual forma el maestro se recrea en la anatomía de la joven, destacando el increíble naturalismo de la mano de Cecilia, las arrugas de sus nudillos, las uñas o la perfección de la piel. Será través de los colores de las ropas,  rojo y azul cielo, la carne del rostro, enmarcado por cabellos cuidadosamente pintados y el contraste con las negras perlas de un largo collar  como consigue dar un acabado perfecto a la figura, con el que acentúa el porte regio de la modelo.

Se sabe que detrás del hombro izquierdo de la dama hubo antiguamente pintada una ventana, ese es el motivo de la luz tan intensa de la obra, llamando la atención el juego de la luz y de los reflejos sobre el rostro de finos rasgos. Intentando evitar los contrastes fuertes, con sus transparencias y reflejos consigue una luz indirecta que moldea con delicadeza la figura.

Pero  más allá de los aspectos técnicos podemos admirar su profunda penetración psicológica, en lo que respecta a las reacciones y conductas humanas. Da Vinci nos muestra un rostro lleno de juventud y vitalidad, vida que se muestra a través de la leve expresión de su boca y unos ojos llenos de frescura y seguridad. De esta manera quieta, segura, silenciosa y eternamente bella Cecilia Gallerani muestra en su rostro las delicadas expresiones que sólo era capaz de conseguir el maestro italiano.

A lo largo de los siglos todas las obras de Leonardo, han influido en el arte posterior y todas ellas mantienen la fascinación del momento que fueron creadas. Quizá hoy en día es muy difícil ver su obra sin tener ideas preconcebidas por todo lo que se ha investigado su trayectoria y especulado sobre su creador, pero lo que es cierto es que todas ellas conservan la frescura, el misterio  y el encanto de un artista lleno de inigualable talento que siempre buscaba ir más allá de lo que podía mostrar en sus obras.