8 enero, 2014

La clase media da la espalda al museo

c23318493cc18de04205ca3a003e905c“Cuando voy a visitar museos es porque voy de viaje, y normalmente son países en los que hace un poco más de frío. Si me voy a la República Dominicana me voy a la playa”. Al habla una de las personas encuestadas en el informe dedicado a conocer a todos los públicos, del Laboratorio permanente de público de museos del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. “No me interesa el arte, no sé nada de arte ni pintura, nada. Voy a Londres y tengo que sentir la necesidad de ir al British Museum, en donde probablemente no voy a entender nada”, explica otra de las participantes en el estudio.

Entre ambas opiniones queda clara esta coincidencia: hay mayor afición a visitar museos cuando se hace turismo fuera de la ciudad de referencia. Si las bicicletas son para el verano, los museos para las vacaciones. En el caso de los no visitantes, la experiencia artística se vincula al menú turístico. Es una de las conclusiones más importantes del informe, que en estos días se subraya como causa de la caída generalizada de visitantes en los museos españoles durante 2013.

“Aproximadamente un 10% de nuestra pérdida se debe a la bajada de la afluencia de turismo en Madrid. Principalmente, turismo nacional. Y un 5% a la bajada de residentes”, explica Miguel Zugaza, director del Museo Nacional del Prado, a este periódico. El Prado recibió el año pasado un 15% menos de personas que el año anterior: de 2,8 a 2,3 millones de visitantes. La pérdida es casi de 500.000 entradas. A pesar de ello, los ingresos en taquilla fueron de 13.001.871 euros, un 3% más de lo que se esperaban. El incremento se debe a la subida de precios y al recorte de tiempo de gratuidad.

Zugaza no cree que los museos se hayan convertido en 2013 en un artículo de lujo, en el séptimo año de la crisis financiera. Pero señala que “el 53% de los visitantes del Museo del Prado (1.228.136) accedieron gratuitamente”. Quizás ese sea el dato que confirme el recurso de la gratuidad en una situación tan precaria como la actual. El desempleo es el mayor problema para los hogares españoles, según los datos de la Encuesta de Población Activa, que sitúa la tasa de paro en el 25,9 %, es decir, más de 5,9 millones de parados, con un 10,4% de hogares con todos los miembros activos en paro. Los efectos de la crisis se sufren, sobre todo, en la evolución del gasto turístico nacional.

Ni siquiera el incremento de las horas de gratuidad –según el director- ampliaría las visitas: “El Prado tiene el mayor número de horas de gratuidad entre los museos públicos españoles (14 horas semanales), una amplísima variedad de supuestos de gratuidad (estudiantes hasta los 25 años, desempleados, etc.) y otros se benefician de la reducción de tarifas (mayores de 65 años, las familias numerosas, etc.)”.

El problema es el turismo, insiste, no el museo. La dificultad es la crisis, no el programa de exposiciones. Según cuenta Zugaza, el reclamo de las temporales ha funcionado: sólo ha disminuido un 5% de visitas en estas “y se asocian, principalmente, a la caída del visitante de la Comunidad de Madrid”. El desplome se da en los clientes españoles, según los informes de Frontur de turismo interno, 2012 ha sido un año de retroceso en el turismo de los residentes, con una tasa interanual cercana al 6%. El Instituto Nacional de Estadística (INE) señala una pérdida de 11.000.000 de viajes de interior, entre 2008 y 2012. El caso de Madrid es de los más graves, al dejar de recibir 2.000.000 de estos.

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 La encuesta de Movimientos turísticos en fronteras (Frontur), elaborada por el Ministerio de Industria, Energía y Turismo, también descubre que los turistas extranjeros dan la espalda a Madrid: entre enero y agosto, la comunidad ha perdido un 7,7% de viajeros. En el resto de España ha crecido un 4,5% en el mismo periodo.

También el Guggenheim de Bilbao cayó en sus visitantes: un 8% menos, de 1.014.104 a 931.015. La dirección señala que esta caída cumple con las previsiones para el ejercicio dada la “desfavorable coyuntura económica”. El 65% de todos eran extranjeros. El Thyssen-Bornemisza ha sido el que peores cifras ha generado en 2013. El batacazo asciende a un 25%: de 1.256.209 personas en 2012 a 944.827 en 2012. Este periódico no ha conseguido el análisis de este balance de su director artístico, Guillermo Solana.

El Reina Sofía como excepción

La única institución que ha experimentado un crecimiento extraordinario ha sido el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (un 25% más), que establece récord anual (casi 3,2 millones de visitas) y que debe la mayor parte de su éxito a la exposición de Dalí (con más de 730.000 espectadores). Así lo confirma a este periódico Manuel Borja-Villel, director del museo: “El incremento extraordinario se ha debido, sin duda, a la exposición de Dalí. No obstante, me gustaría incidir en el hecho de que los visitantes han aumentado progresivamente en los últimos años y que, aunque no hubiésemos programado Dalí, seguramente habríamos acabado 2013 con un incremento de visitantes. Además, no hemos de olvidar que la colección del Reina –especialmente a partir de su remodelación- es uno de los aspectos que más atrae a los visitantes, tanto españoles como extranjeros”.

Mientras todo se derrumba a su alrededor, Dalí ha sido un flotador para el museo. Borja-Villel coincide con Zugaza en las consecuencias de la crisis sobre la disminución de los visitantes en los museos. “La situación económica del país”. Añade que “los recortes de presupuestos y la menor capacidad de recaudación han incidido seguramente en programaciones menos ambiciosas”, así como en un menor gasto de campañas de comunicación. “También la pérdida de turistas en Madrid ha influido en algunos centros”.

Sólo aquellas programaciones con un buen gancho mainstream están libres de la caída de visitas. Ese es el balance. El Thyssen, después de su récord en 2012, gracias a Hopper, y de las buenas cifras de 2011 gracias a Antonio López, no ha contado con una estrella en 2013 que mantuviese el tipo. El Reina Sofía sí apretó la tecla correcta para reventar el museo, y figurar en primer lugar de esta ATP cultural. Para 2014 el Thyssen espera recuperar el gancho con exposiciones dedicadas Cézanne y Mitos del pop.

Borja-Villel aclara que en estos cinco años del Reina Sofía bajo su dirección, el museo ha crecido en visitas y lo ha hecho precisamente con una programación “a la que no se le puede calificar en absoluto de mainstream”. “No creo que sea necesario recurrir a los grandes nombres ni a una política expositiva mainstream para hacerla atractiva”.

Asegura que el museo no puede olvidarse de lo que es con tal de llegar al público: “Su actitud crítica, su voluntad de romper moldes y proponer nuevas visiones del mundo”. ¿Cuál sería el peligro de comulgar con los grandes nombres de la Historia del Arte para atraer a quienes no pasan por los museos? “Corremos el riesgo de construir grandes centros de gran reclamo popular, pero que tengan muy poco que ver con el museo como estructura de conocimiento”.

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De hecho, según la última encuesta de hábitos culturales realizada, casi un 70% de los españoles reconoce no ser usuario habitual de museos. Un 33,6% no va nunca o casi nunca y un 36% hace más de un año que no los visita. Sólo el 30% ha pasado por uno de ellos en el último mes. De todos estos, el 7% se considera usuario muy frecuente.
Las barreras económicas no son las únicas. Visitar un museo es aburrido, cansado, desapacible y alborotado. Al menos esa es la opinión de los no visitantes, que encuentran en la falta de comprensión de lo que está expuesto la principal barrera para la visita. “El carácter solitario, silencioso y controlado de una visita a un museo les sitúa en una actividad que está lejos de aquello que consideran diversión. Genera insatisfacción, aburrimiento y rechazo a una forma de consumo cultural que no va con su estilo de ocio”, explica el estudio del Laboratorio permanente de público de museos.

Son los turistas que llegan a las ciudades y visitan grandes museos quienes indican que no están dispuestos a dedicar mucho tiempo a “una actividad que les aporta poco”. De hecho, los no visitantes reclaman que los museos les comuniquen los beneficios que obtendrían de su experiencia al visitarles. Visitar un museo en medio de un viaje, paradójicamente, es percibido como un despilfarro de tiempo escaso: colas para las taquillas, el guardarropía, los lavabos… El informe reclama una visita breve para este tipo de visitante.
Tanto espectadores habituales como inusuales consideran que los museos son valiosos, forman parte de la riqueza de un país y es importante mantenerlos, aunque ellos no los visiten. El Laboratorio tiene la fórmula del triunfo, que habrá que aplicar con mayor rigor en tiempos de crisis: “El éxito de los museos reside en una combinación de amabilidad, confort y emociones”. Los museos españoles no pueden permitirse dar la espalda al público.

Peio H. Riaño, EL CONFIDENCIAL