2 marzo, 2012

La batalla de Kinburn

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Dr. Rafael Vidal Delgado
Doctor en Historia y Coronel de Artillería, DEM

figura-1-escenario-guerraEl nombre de Kinburn es prácticamente desconocido (Figura 1). Si entramos en Internet (en español) nos indica el nombre de una ciudad canadiense y de forma casi residual dos batallas, ambas de confrontaciones entre los imperios turco y ruso, la primera en la guerra de 1787 a 1792 y la segunda entre 1854 y 1856. En inglés y francés hay bastante más entradas, principalmente en referencia a la del siglo XIX, precisamente por ser sus respectivos ejércitos protagonistas de la acción.

Esta segunda batalla se produjo durante la llamada guerra de Crimea, una de las guerras europeas, iniciada por Rusia como preludio para su intento de dominio sobre el mar Negro y su salida hacia el Mediterráneo, ante un imperio turco en franca decadencia pero que había firmado con Francia una serie de acuerdos por el que la nación cristiana se declaraba garante de su existencia.

Ante el desafío ruso se aliaron con Turquía en primer lugar el imperio francés de Napoleón III, a continuación el Reino Unido, siempre vigilante del equilibrio continental y como reino menor el Piamonte y Cerdeña. Este pequeño reino aspiraba a la unificación de Italia para lo que necesitaba que Austria, aliada de Rusia, fuera desalojada de sus dominios a sur de los Alpes.

El pretexto de la guerra era totalmente banal, todo se reducía a las diferencias sobre la preponderancia en la custodia de los Santos Lugares de Jerusalén entre católicos, apoyados por Francia y ortodoxos, por Rusia, pero en el fondo coleaba la siempre presente estrategia rusa de tener acceso al mar Mediterráneo.

figura-2-batalla-de-sinopEl embajador de Nicolás I ante la Sublime Puerta no solo entabló conversaciones para el culto en Jerusalén, sino que pedía una serie de garantías, como la entrega a Rusia de los principados turcos de Valaquia y Moldavia. Ante la negativa de Turquía los ejércitos rusos ocuparon ambos territorios el 1 de julio de 1853. Tras unas breves negociaciones, el imperio otomano declaró la guerra a Rusia en el mes de octubre del mismo año.

La estrategia política imperante en Europa tras la derrota de Napoleón era que cualquier anexión territorial tenía que contar con la ratificación de las potencias del Congreso de Viena. Ante esta fragrante violación de lo acordado, Francia e Inglaterra se apresuraron a enviar sus respectivas flotas al mar de Mármara, pero la amenaza de intervención anglofrancesa no se hace creíble para el gobierno ruso, el cual en el mes de noviembre de 1853 ataca y destruye la flota turca en el puerto de Sinop (Figura 2).

Es la gota que rebosa el vaso, tras ello las potencias occidentales declaran la guerra a Rusia. La primera guerra “moderna” acababa de iniciarse.

figura-3-oficiales-roger-fentonLa guerra de Crimea, nombre con el que se conocerá históricamente a esta confrontación armada será la primera en la que la prensa envía corresponsales para cubrir la contienda, de hecho veremos posteriormente distintas acciones narradas en un diario local: “El Avisador Malagueño”. Los eporteros fueron en cierto modo “notarios” de lo que estaba ocurriendo, denunciando las atrocidades; la ineptitud de algunos mandos e incluso las irregularidades en los abastecimientos para la tropa. Los corresponsales hicieron amplio uso del telégrafo y de la fotografía empleando el sistema para los negativos de colodión húmedo que permitía positivar copias en papel a la albúmina con gran resolución y amplia gama de grises (Figuras 3 y 4).

El telégrafo se utilizó para el despliegue militar y los partes e informes que los generales de los ejércitos enviaban a sus respectivos gobiernos. La guerra de Secesión norteamericana consolidaría este medio de enlace, naciendo las unidades especializadas de transmisiones.

También fue la primera en la que naciones no beligerantes enviaron “observadores”, con el objeto de “aprender”, y de esta forma el gobierno español envió al general Prim, junto con un nutrido grupo de oficiales, para que las experiencias y procedimientos pudieran implementarse en el ejército español.

figura-4-valle-de-la-muerte-roger-fentonLa “proyección de fuerzas” en el sentido moderno del concepto, enviando miles de hombres con sus equipos y materiales a miles de kilómetros de distancia y estableciendo una cadena logística que les uniera a sus respectivas metrópolis que les proporcionara las municiones, armamento, alimentos, medicinas, reposición de efectivos, etc., fue realizada por primera vez en la historia militar en la guerra de Crimea.

Gracias a la prensa se detectaron numerosos casos de corrupción entre los proveedores, funcionarios, militares y altos cargos de la administración, recortando abastecimientos o llegando en malas condiciones. Las consecuencias políticas tras la confrontación armada fueron importantes, siendo procesados numerosos políticos y militares.

La marina de guerra dio un salto cualitativo importante, empleándose por primera vez la propulsión a hélice en el navío francés Napoleón, mientras que los navíos de líneas británicos mantuvieron la vela como medio usual de navegación y combate.

figura-5-bateria-rusa-en-kinburnAnteriormente se ha comentado la batalla naval de Sinop, la cual marcó un hito en la historia de la artillería naval, al ser la primera vez que se empleaban obuses de trayectoria tensa con proyectiles cilíndricos explosivos. Este sistema fue inventado por el francés Paixhans en 1823, bastando uno o dos proyectiles para destruir un barco enemigo, penetrando la bala de cañón y explosionando en el interior del buque. Con estos obuses se pretendía sustituir las “carronadas” y los “morteros” de trayectoria curva (Figura 5).

A partir de 1835 la marina francesa comienza a embarcar este tipo de cañones, planteándose el gobierno galo la necesidad de “acorazar” sus buques ante el efecto destructor del nuevo invento (Figura 6).

figura-6-the-lavePero la patente del obús francés no se quedó en Francia sino que fueron implementado en las marinas de otras naciones, entre ellas la rusa, la cuautilizó esta demoledora arma ante la indefensa flota turca, en la batalla de Sinop el 30 de noviembre de 1853.

La guerra de Crimea solamente conocida para el público en general por la carga de la brigada ligera, magnífico film protagonizado por los inolvidables Errol Flynn, Olivia de Havilland y David Niven, dentro de la batalla de Balaclava; por la de Inkerman o por el sitio de Sebastopol, fue en realidad un crisol en donde los hombres de la guerra experimentaron nuevas formas de ellas, haciéndolas más terribles (Figura 7).

La espiral sangrienta de la guerra alcanzará su zenit con la Segunda Guerra Mundial. A partir de esa fecha aunque la guerra y sus horrores no han podido erradicarse de la faz de la tierra, al menos se ha humanizado, dentro de lo que puede hacerse en un “jinete apocalíptico”.

La rápida destrucción de la flota turca obligó a los aliados a replantearse las operaciones marítimas.

figura-7-peliculaEl objetivo estratégico aliado era la conquista de Crimea que había sido arrebatada a los turcos en el último cuarto del siglo XVIII. La península disponía de unas plazas fuertes, considerando los aliados que sería muy costoso el expugnarlas frontalmente, por ello establecieron dos posibles planes de operaciones, ambos de esfuerzos convergentes, aislando la Península del resto de Rusia. Para llevarlos a efecto era necesario desembarcar en la orilla norte del mar de Azov y en la desembocadura del río Dnieper.

figura-8-1o-plan-de-campanaEn ambos planes los desembarcos se efectuarían, en las proximidades de Ghenitchi (Genichesk) y en la península de Kinburn, siendo la diferencia fundamental la amplitud de la maniobra envolvente, muy superior la segunda que la primera (Figuras 8 y 9).

Toda la costa rusa estaba defendida por numerosos fuertes, todos ellos dotados de abundante artillería de plaza, muchas de ellas a ras del suelo con el sistema Paixhans. Cada posición estaba defendida por varios miles de soldados.

Vista la paridad artillera de los buques de guerra y de los fuertes, teniendo estos mayores probabilidades de aciertos por encontrarse fijos en tierra y poder efectuar con mayor precisión sus cálculos de tiro, se plantearon los aliados el empleo de baterías flotantes, totalmente acorazadas, las cuales podrían acercarse a la costa y atacar los diferentes fuertes, siendo insignificantes los daños que pudieran hacerle la artillería contraria.

figura-9-2o-plan-de-campanaEl problema radicaba en colocar las baterías en el lugar apropiado, teniendo en cuenta que carecían de propulsión por lo que tenían que ser remolcadas, momento en que el buque quedaría a merced de las bocas de fuego rusas. Para esta acción se consideró idóneo el empleo del navío Napoleón (Figura 10), regularmente blindado y cuya maniobrabilidad, gracias a su propulsión por hélice, podía colocar las baterías flotantes en donde pudieran ofender a la plaza fuerte, alejándose rápidamente después de ello.

El primer objetivo estratégico de los aliados consistía en ocupar el fuerte de Kinburn, que junto con el de Ochakov, cerraban el estuario de los ríos Bug y Dnieper, que era como impedir la progresión hacia el interior de Ucrania.

El 17 de octubre de 1855 comenzó el bombardeo de las baterías flotantes. Pero dejemos hablar a la prensa de aquellos tiempos:

figura-10-the-napoleonEl Diario madrileño La Iberia, en su edición del 1 de enero de 1857, en la sección “Revista de política estranjera (sic)”, hacía una relación de los acontecimientos acaecidos en la guerra de Crimea (Figura 11):

“Al espirar (sic) el año 1855 dejamos a los ejércitos anglo-franceses posesionados de la plaza de Kimburn, último descalabro que habían sufrido, entre los innumerables de que por espacio de dos años fueran constante victima, las orgullosas águilas del a la sazón tan mal parado imperio moscovita. Grande por cierto era la importancia de Kimburn, si se atiende a que esta fortaleza y la de Oschakoff defendían la entrada del Bug, río que a su vez es la llave de Nicolayeff, cuyos fuertes y arsenales, merced a su significación marítima y militar, eran mirados por los rusos como su segundo Sebastopol, como la base segura, si lograban evitar que fuese tomada por las armas occidentales, de su rehabilitación política y guerrera en el mar Negro. Y no se olvide que el desaliento que sus derrotas (que tenían algo de maravilloso por lo terribles y repetidas) habían llegado a infundir en los soldados del Czar, era tal y tan ostensible, que los dos citados fuertes, el de Kimburn se entregó casi sin resistencia y respecto al de Oschacoff, sus desorientados defensores no acertaron hacer cosa mejor que volar sus fortificaciones y almacenes, según la tradicional estrategia de los rusos, a la vista de los invencibles defensores de la civilización y del derecho de gentes”.

(La transcripción del párrafo es literal por lo que los supuestos errores sintácticos corresponden al texto publicado).

figura-11-bombardeo-de-kinburnAl anterior párrafo seguían otros, de tal forma que los redactores del diario madrileño, hacían una síntesis y unas consideraciones sobre la contienda. Día a día, durante toda la duración de la contienda, se publican los sucesivos acontecimientos, bélicos o no, dado que no solamente los corresponsales remitían crónicas de combates y batallas, sino también de la gran mortandad de soldados que caían víctimas de las enfermedades, las cuales llegaron a causar más bajas que el propio enemigo.

Hoy día, gracias a Internet y a la generosidad de diversas fundaciones y entidades, se puede disponer de una buena parte de los periódicos que se editaban en España en el siglo XIX, siendo buen ejemplo el que acabamos de tratar, pero sorprende que una guerra lejana tenga eco en un diario local, recogiéndose diariamente los acontecimientos más relevantes de la guerra de Crimea.

La prensa del XIX no se parecía en nada a la del XX o a la actual. No existían titulares, basándose su edición en secciones fijas: crónica local; Cortes, crónica extranjera; etc., siendo los vendedores los que a la voz los daban. Seguramente el 20 o 21 de octubre, resonarían por las calles malagueñas: ¡Los aliados consiguen una gran victoria en Crimea con la toma de Kinburn! Por supuesto dada la fecha tendría que ser una pequeña referencia telegráfica. De hecho no es hasta el 14 de noviembre cuando El Avisador Malagueño publica una extensa crónica de la batalla. Imaginemos las voces de los vendedores: ¡Crónica de la toma de Kinburn por los aliados!

Evidentemente los periódicos españoles disponían de pocos reporteros que pudieran enviar al extranjero, como los famosos corresponsales de guerra de la novela Miguel Strogoff de Julio Verne, por ello tienen que hacer referencia en sus crónicas, del periódico del que han tomado la noticias. De esta forma El Moniteur, el Dayly News, la Opinione de Turín, el Overland Chino, etc., son referenciados por los medios.

Para el ciudadano de a pie de la década de los cincuenta, el mundo, gracias al telégrafo y a la prensa se había hecho más pequeño, asombrándose que pudieran conocer acontecimientos que habían ocurrido a muchos miles de kilómetros de distancia, con un día o dos de retraso.

El 30 de octubre El Avisador Malagueño, en su Crónica Extranjera, publica:

“El almirante Lyons y el mariscal Pelisier anuncian que los rusos han hecho volar 18 fortificaciones en Otchakoff, defendida por 23 cañones.
Siguen ocupándose los periódicos extranjeros y los partes telegráficos que contienen de la toma de Kimburn. Uno de ellos, del almirante Bruat demuestra por su extensión que se ha echado mano para su transmisión del ilimitado poder de la telegrafía eléctrica. También tenemos a la vista el conjunto de operaciones cuya duración fue del 14 al 17 de octubre. Durante la noche del 14 al 15 se puso exppedito el paso de Otchakoff por nueve lanchas cañoneras anglo-francesas, penetrando en la bahía por la embocadura del Dniper. El 15 tomaron posesión las tropas de desembarco, rompiendo el fuego las bombardas; el 16 fueron contrariadas las operaciones de las cañoneras a causa del viento. El 17 a la una se vio la plaza reducida al silencio, y los almirantes aliados ofrecieron una capitulación que fue aceptada. En su consecuencia salió la guarnición con los honores de la guerra y se entregó prisionera; los prisioneros serán transportados a Constantinopla, y Kimburn permanecerá ocupada por los aliados”.

El día 1 de noviembre vuelve el diario a referirse a las operaciones en Kimburn, en este caso para publicar que un ejército de 30.000 hombres habían desembarco en la península de Tendra al oeste de Perekop. Citando al periódico la Independance Belge, el comentarista expone que el plan de campaña de los aliados era encerrar al general ruso, príncipe de Gortschakoff en un círculo, obligándole a abandonar la península de Crimea si no quería ser aislado del resto de Rusia. Continúa diciendo que la toma de Kinburn no era un primer paso para conquistar “Ochakow, Nicolaieff o Kerson, sino establecer en el mismo Kimburn un gran campo atrincherado que sirva de base de operaciones a un cuerpo de ejército”, y desde dicho lugar atacar en dirección a Perekop.

figura-12-librosComo no podía ser menos, las crónicas periodísticas confirman las líneas de acción que los oficiales de ingeniero españoles habían expuesto en sus “Memorias” y a las que anteriormente hemos hecho mención (Figura 12).

Tras la destrucción de las fortificaciones y toda la artillería de Kinburn, la aceptación de la capitulación tuvo su anécdota, contada como no podía ser menos por la prensa española. Veamos El Avisador Malagueño del 14 de noviembre:

“Sabido es que Kimburn se rindió por capitulación. Cuando el teniente Lyons, que llevaba la bandera de parlamento, a consecuencia de haberla izado la plaza, desembarcó en el fuerte de Kimburn, encontró allí a un oficial ruso, coronel de artillería, el cual le dijo que se detuviese, que no quería tregua ni capitulación, que jamás se rendiría, y que haría resistencia hasta perder el último hombre; que la bandera de parlamento había sido izada en el fuerte sin conocimiento suyo, y que él era el comandante del fuerte.
En vista de esta respuesta, iban a volverse a las embarcaciones aliadas, cuando divisaron a un oficial que hacía señales desde la muralla. Este oficial fue a ver al gobernador de la plaza que había mandado izar la bandera de parlamento, y entonces principió una escena curiosa entre el gobernador y el coronel de artillería. El coronel llenó de insultos al gobernador, en cuyo pecho brillaban multitud de condecoraciones acusándole de cobardía y diciéndole que era preciso no ser ruso para entregar la plaza. El gobernador llevó la mano al puño de su espada con aire amenazador, y le preguntó cómo podrían resistir las tropas después que un bombardeo que todo lo había destruido en la plaza. ”.

figura-13-kinburn-destruidoLa batalla de Kinburn como tal, se redujo a un espantoso fuego de las baterías flotantes sobre las baterías de costa rusas (Figura 13). Hasta aquel momento se había considerado y de hecho la experiencia lo demostraba, la superioridad de la artillería terrestre sobre la embarcada, pero aquel 17 de octubre de 1855, supuso una trascendental modificación del arte de la guerra desde el punto de vista artillero, de tal manera que se produjo una carrera contra reloj en la década siguiente entre la coraza de los barcos (recordemos la fragata española Numancia) y los cañones.

Aunque parezca paradójico, la industria civil se aprovechó de esta dicotomía. Los cañones para batir a la coraza tenían que lanzar proyectiles a mayor distancia y con capacidad de penetración, exigiendo para ello que el hierro de las bocas de fuego fuera de mejor calidad y que aguantaran enormes presiones.

El acero fue un poco, consecuencia de esta necesidad bélica. Los cañones para tener más precisión y poder lanzar el proyectil a mayor distancia tenían que ser cargados por detrás (retrocarga), ser rayados en su ánima, disponer de unos órganos elásticos que volvieran la boca de fuego a su posición original tras el disparo, apareció el proyectil cilíndrico-ojival, se inventaron sistemas de obturación, y un largo etcétera, que en gran medida esos avances castrenses se transpusieron como mejoras de la vida cotidiana de los ciudadanos.

La batalla de Kinburn marca un hito en la historia de la Artillería de Costa, pero también lo es para el desarrollo industrial de Occidente.