10 octubre, 2014

La bailarina de Degas sube de nuevo al escenario

dega

Cuando «La pequeña bailarina de catorce años» fue expuesta en París en 1881 creó una enorme sensación. Por la delicadeza de sus formas, pero también por lo atrevido de presentar como modelo femenino no a una clásica heroína, sino a una chica de clase trabajadora entrenándose para una actividad de no gran reputación. La escultura del impresionista Edgar Degas (1834-1917) sigue siendo fermento de creatividad: este mes se estrena en Washington el musical «Little Dancer», sobre la bailarina Marie van Goethem, que inspiró la estatuilla de Degas, y sobre la influencia que tuvo en su vida el artista francés.

Con ocasión de ese musical, la Galería Nacional de Arte de Washington acaba de presentar una exposición, abierta hasta el 11 de enero, dedicada a la pieza maestra de Degas. Aunque con el tiempo se llegarían a hacer una treintena de vaciados en bronce, repartidos hoy por diversos museos del mundo, es en la capital estadounidense donde se guarda el original, realizado en cera.

«Esta es la única pieza formada por las manos del artista y la única que él enseñó públicamente», señaló Earl Powell, director de la Galería Nacional. Esta institución tiene la tercera mayor colección de obras de Degas del mundo, que incluye 12 bronces, 19 pinturas, 71 obras en papel y 52 piezas en cera, barro y yeso. Varias de ellas se han reunido para la nueva exposición.

Fascinado por el ballet

Muestra la fascinación de Degas por el mundo del ballet. Incluye el monumental pastel «Escena de ballet» (1907), el monotipo o grabado de una única impresión «El maestro de ballet» (1874) y las pequeñas esculturas «Estudio del desnudo de la pequeña bailarina de catorce años» (1878-1881) y «Cuarta posición frontal, sobre la pierna izquierda» (1885-1890). También se expone el óleo «La clases de ballet» (1873), perteneciente a la galería Corcoran, el otro gran museo de arte de Washington.

La exposición presta especial atención a la experimentación con que Degas abordó la creación de su famosa escultura. No la talló sino que siguió un proceso de adición. Primero formó una armadura metálica cuya estructura completó con diversos materiales: madera, cuerda e incluso viejos pinceles para formar los brazos. Sobre esa figura trabajó el barro y lo cubrió finalmente con cera pigmentada. Para darle mayor realismo, le puso a la bailarina pelo natural, un tutú de algodón y seda, un corsé de tela y unas zapatillas de lino.

Esos elementos y la representación misma hicieron que la escultura fuera acogida con polémica. «Los habituales temas femeninos en arte estaban protagonizados por diosas, figuras alegóricas o heroínas de la literatura; esto, en cambio, era una chica contemporánea, de clase trabajadora, entrenándose para una profesión de reputación arriesgada. Esas “ratas de ópera” eran vistas por muchos en ese tiempo como corrupción moral», afirma la Alison Luchs, responsable de la exposición.

Vulnerabilidad y orgullo

Frente a esas objeciones sociales, Degas presentó a una joven que, aunque en su delicadeza transmitía vulnerabilidad, exhibía orgullo: con los hombros hacia atrás, la cabeza levantada y en postura erecta y digna. Eran gestos que Degas había observado en su detenido estudio de los escenarios y los camerinos. Una actitud, la de observar con las manos atrás, en la que también a él le retrató su amigo Paul Mathey, en un cuadro que igualmente se incluye en la exposición.

El programa de la Galería Nacional de Washington se completa con la proyección de documentales sobre dos grandes bailarinas, Pina Bausch y Tanaquil Le Clerq, fallecidas en los últimos años; con varias conferencias y un concierto con música de los compositores franceses Bizet, Debussy y Saint-Saëns.

Un musical para la hija de una lavandera y un sastre
E. J. B. WASHINGTON

El mundo entre bastidores del Ballet de la Opera de París, que a finales del siglo XIX Edgar Degas pintó con trazos impresionistas, recobra vida en «Little Dancer», el musical que el 25 de octubre se estrena en el Kennedy Center de Washington. A caballo entre la realidad y la ficción –parte de los personajes ciertos de Degas y de la joven bailarina Marie von Goethem, que tanto le inspiró, pero luego deja vagar algo la imaginación–, la historia incorpora también a Mary Cassatt, una pintora estadounidense que trabó amistad con el artista francés, quien le abrió las puertas de las galerías de París. Precisamente sobre esa relación artística ha profundizado la muestra «Degas/Cassatt» celebrada los últimos meses en la Galería Nacional.

«Little Dancer» ha sido creado por varios ganadores de premios Tony. El libreto, con las canciones, tiene la firma de Lynn Ahrens, mientras que la música es de Stephen Plaherty, y la dirección y coreografía corresponde a Susan Stroman. El papel de Degas es interpretado por Boyd Gaines; el de Marie von Goethem de niña, por Tiler Peck, y el de la bailarina ya de mayor, por Rebecca Luke. Von Goethem era hija de una lavandera y un sastre; en 1878 logró ser admitida en el Ballet de la Opera de París.

Por Emili J. Blasco en ABC.