21 marzo, 2013

La Armada Invencible del dibujo español regresa a casa

Dos visitantes admiran el retrato del primer duque de Wellington, obra de Goya

«Don Quijote acosado por monstruos», de GoyaEl viejo tópico de que los artistas españoles nunca se interesaron demasiado por el dibujo se ha ido desmontando poco a poco. Las investigaciones, estudios, atribuciones, adquisiciones, exposiciones… se suceden a un ritmo vertiginoso. Miguel Zugaza, director del Prado, habla de un renacer científico del dibujo español. Un ejemplo: de los 12 dibujos atribuidos a Ribera por August Mayer a comienzos del siglo XX se ha pasado hoy a 160. Buena parte de «culpa» de la puesta en valor del dibujo español la ha tenido curiosamente elcoleccionismo británico en el siglo XIX: William Stirling Maxwell, Richard Ford, Alleyne Fitzherbert, John Charles Robinson, Thomas Phillipps, Tomás Harris…

Una de las joyas de la Corona del Reino Unido, el British Museum, atesora dos centenares de dibujos españoles, desde mediados del siglo XVI hasta el siglo XX. Un conjunto no muy amplio en número, pero sí muy relevante en calidad. Es una de las mejores colecciones de dibujo español fuera de nuestro país. Sesenta y seis de ellos y cinco estampas salen por primera vez del museo londinense y cuelganhasta el 16 de junio en el Prado. «El trazo español en el British Museum. Dibujos del Renacimiento a Goya» rinde homenaje a dos insignes hispanistas británicos del arte fallecidos en los últimos meses: Rosemarie Mulcahy y Nigel Glendinning.

El trazo español

Pero, ¿existe realmente un trazo español? José Manuel Matilla, jefe del Departamento de Dibujos y Estampas del Prado y coordinador general del proyecto, trata de explicarlo. Advierte que sí hubo una variedad regional, en estrecha vinculación con el proceso creativo de los artistas. Por ello se ha planteado un recorrido no solo cronológico, sino también geográfico. Comenzando por Castilla (1550-1600). Artistas italianos acuden a Madrid a la llamada de Felipe II para decorar el Monasterio de El Escorial:Tibaldi, Cambiasso… Todos ellos dejaron una gran huella en el dibujo español.

El viaje inverso lo hicieron españoles comoAlonso Berruguete, de quien se exhibe una maravillosa «Asunción de la Virgen». Nombres como Carducho, Alonso Cano, Carreño de Miranda, Herrera el Mozo o Francisco Rizi protagonizan el trabajo del siglo XVII enMadrid, ya convertida no solo en capital del reino sino además en capital artística. Se expone un dibujo atribuido a Velázquez, «Apuntes de dos caballos en corveta y jinete» (en el paspartú del dibujo se adjudica abiertamente al maestro). Son contadísimos los dibujos del pintor sevillano aceptados por los expertos.

Goya cierra la muestra

«Cabeza de monje», atribuida a ZurbaránCon las salas dedicadas a Andalucía (1550-1700) llega uno de los momentos clave del dibujo español y, por tanto, de la exposición: admiramos tres espléndidos dibujos de Alonso Cano y seis de Murillo. Impresionante, una«Cabeza de monje», atribuida a Zurbarán. Junto a ellos, obras de Francisco Pacheco, Herrera el Mozo… El otro momento de esplendor del dibujo español se produce enValencia, con Ribera como protagonista indiscutible, aunque este genio del dibujo desarrolló gran parte de su carrera en Nápoles. Inquietante, su galería de torturas y martirios de santos. El siglo XVIII da paso al genio e ingenio de Goya, que cierra la exposición. Cuelgan siete dibujos y una estampa del aragonés, que abarcan toda su producción. Hay obras excepcionales, como «El agarrotado», un retrato del duque de Wellington y una imagen de Don Quijote acosado por monstruos.

Una pintura de Carducho («La expugnación de Rheinfelden») y otra de Paret y Alcázar («Baile de máscara en el Coliseo»), de las colecciones del Prado, acompañan a sus respectivos dibujos preparatorios a lo largo de la exposición. «Esta vez las pinturas no son las protagonistas; actúan –advierte Matilla– como el telón de fondo de un photocall». Asimismo, las cartelas que hay junto a algunos dibujos invitan al visitante a buscar cuadros del Prado donde se hallan esos personajes. Algo así como un «¿Dónde está Wally?», versión pictórica. Hay casos para nota:encontrar alenano Miguelito, retratado por Francisco Rizi, en «El auto de fe en la Plaza Mayor», del mismo artista, no es apto para impacientes.

Por Natividad Pulido de ABC.