3 febrero, 2014

La arena del desierto ‘inunda’ el Macba

1391285617_715968_1391285722_noticia_normal

El blanco inmaculado del edificio construido por Richard Meier para el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (Macba) ha mudado por primera vez en sus 26 años de vida. Las paredes del vestíbulo y cinco de sus columnas lucen un color arena del desierto que no pasa inadvertido a los visitantes. No es que vaya a haber cambio de color. Es un guiño a Marià Fortuny, que pese a quedar impactado por el verdor del paisaje cuando visitó el norte de África en 1860 para pintar su famosa Batalla de Tetuán, no dudó en reflejarlo según el imaginario europeo: de color marrón. Por eso, esta perfomance de color de Oriol Vilanova lleva el nombre de Deuteranomalía,una especie de daltonismo por el que las personas no tienen sensibilidad al verde.

No es la única presencia insólita estos días en el Macba. Los jueves, coincidiendo con el día del gran mercado en Marruecos, se podrá regatear el precio de la entrada. En función de la pericia, incluso se podrá entrar gratis, en otra intervención provocativa creada por Vilanova.

Son dos preámbulos de Justo delante de nosotros. Otras cartografías del Rif, la exposición en la que el Macba (hasta el 18 de mayo) muestra el arte producido a partir de expediciones a esta zona de Marruecos, tan vinculada con España en el pasado, de 14 artistas. “En el Rif no hay museos ni galerías, pero sí arte”, explica Bartomeu Marí, director del Macba, que resalta que la exposición reflexiona sobre cuando una obra se convierte en arte, el anonimato y la creación colectiva. Y ha puesto como ejemplo las cajas de cerillas que Mohamed Larbi ilustra desde 1984 después de recogerlas en los cafés de Tetuán y en la que cuenta pequeñas historias de su día a día. Expuestas juntas conforman un diario lleno de paisajes, retratos y collages. Una maravilla en miniatura.

1391285617_715968_1391285851_sumario_normalEl proyecto tiene su origen en los Viajes al fin del mundo que el cocomisario de la exposición, Abdellah Karroum —director del Museo Árabe de Arte moderno de Doha, en Catar— organiza desde el año 2000 al Rif, donde varios artistas realizan residencias artísticas. Muchos de los artistas viven o han nacido allí. Otros han creado sus obras después de visitar la zona: Vilanova, Larbi, Yto Barrada, Gabriella Ciancimino, Shezad Dawood, Ninar Esber, Patricia Esquivias, Brion Gysin, Bard el Hammami, Camille Henrot, Grace Ndiritu, Younès Rahmoun, Francesc Ruiz y Musta-pha Akrim conforman lo que Karroum denomina la generación 00, caracterizados por la ruptura con la historia del arte lineal.

Casi todos inciden en la idea de memoria y en releer la historia oficial, en una zona, carente también, de archivos en la que reina la transmisión oral. El caso más claro son los enormes billetes de Akrim: enormes pinturas creadas a partir del papel moneda emitido en el país desde los años sesenta en los que destaca la representación disciplinada de los marroquíes en el campo o en la industria. “Auténticos carteles de propaganda que circula de mano en mano”, para el que “la historia real es otra”. Todas las obras están impregnadas de los rituales y tradiciones, recogen los flujos migratorios y el papel de la mujer en la sociedad. Durante el recorrido de este viaje, es posible descansar. Distribuidas por las salas, cerca de una veintena de sillas de montar en burro traídas de la zona y debidamente tuneadas, permiten ver las obras, desde otra perspectiva.

 

por JOSÉ ÁNGEL MONTAÑÉS, EL PAÍS