12 junio, 2012

Karina Marotta, jefa de Area de Exposiciones de El Prado

Karina Marotta, Jefa del Área de Exposiciones del Museo Nacional del Prado, es conocida por todo el sector como una profesional rigurosísima en su trabajo, rigor que maneja de forma sublime en guante de seda; por ello, los que la tratan reciben -sin saberlo- una lección magistral sobre cómo hacer fácil lo difícil.

1¿Trabajar en el Museo del Ejército fue para Vd. una escuela, un trampolín o ambas cosas? ¿Qué recuerdos guarda de ese ciclo profesional?

Realmente, fue una escuela y un reto. Se trataba de poner en valor unas colecciones desiguales, pero indudable interés histórico y algunas piezas muy valiosas. A la vez, teníamos que acometer el plan museológico y museográfico para el nuevo Museo del Ejército en Toledo. Los planteamientos del plan eran complejos, ya que, el equipo de conservadores que estábamos en ese momento, luchamos por poner en marcha un museo militar que abandonara viejos planteamientos y fuera más didáctico y atractivo para la sociedad civil, sin olvidar la puesta en valor de algunas piezas de calidad excepcional que, lamentablemente, no eran conocidas por el gran público. Todo este proceso se acompañó de un plan de conservación preventiva ambicioso y global. Fueron unos años muy intensos y fascinantes.

¿Cuál ha sido su exposición más compleja en cuanto a organización?

La más compleja en cuanto a organización fue la exposición de Francis Bacon (2009), porque co-organizada por tres instituciones que teníamos modelos de gestión distintos; además, en aquella ocasión manejamos valoraciones de seguro extraordinariamente elevadas. Desde el punto de vista de la seguridad y la conservación, la exposición más compleja es, precisamente, la que estamos organizando ahora, “El Hermitage en el Prado”, ya que los sistemas de seguridad y vitrinas durante la exhibición serán más complejos de lo habitual.

¿Qué exposición le gustaría organizar? ¿Y para cuándo?

Desde mi llegada al Museo en 2003, creo que van haciéndose realidad todos los deseos de cualquier aficionado a la Historia del Arte. El programa, de aquí a 2016, abarca todos los ámbitos de actuación y estudio que tienen que ver con las colecciones del Museo con exposiciones de gran ambición. La nueva gran exposición, después de “El Hermitage en el Prado”, está dedicada a Rafael. Organizar exposiciones de los grandes maestros del Renacimiento italiano es siempre muy difícil, pero extraordinariamente gratificante.

¿Qué pide a los responsables de seguridad de los museos, cuando El Prado cede sus obras para una exposición temporal?2

Precisamente por cuestiones de confidencialidad, no deberíamos entrar en detalles, pero, básicamente, pedimos vigilancia 24 h tanto presencial como a través de cámaras, así como máxima seguridad en el perímetro de la sala (tanto en muros como en ventanas) y sistemas de alarma. En algunos casos, requerimos alarmas para piezas individuales.

Con su amplísima visión de museos nacionales e internacionales, ¿podría hacer un balance comparativo del estado del “arte de la seguridad” en España y el resto de Europa?

Si tenemos en cuenta grandes instituciones, como el Museo del Prado, el Reina Sofía o el Thyssen, y las comparamos con museos europeos, creo que tenemos mucho de lo que sentirnos orgullosos en temas de seguridad. Muy distinta es la situación en museos más modestos. Ahí hay mucho aún por hacer. En general, quizás nos falta conseguir que las medidas de seguridad sean más discretas.

Sin mencionar El Prado, ¿cuál sería su escenario idílico para una exposición temporal de las grandes joyas de su museo?

Algún escenario imposible, como un templo en Angkor o en un edificio de arqueología industrial en la vieja Europa. Pero también un templo románico. Como ve, todos escenarios con grandes carencias de seguridad y conservación que habría que suplir, pero de gran belleza…

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