25 junio, 2014

Kandinsky era un hueso

kandinsky

Vasili Kandinsky (1866-1944) ) fue profesor de la Bauhaus, primero en Weimar y después en Dessau, durante once años. El objetivo primordial de sus clases del curso preliminar era ofrecer a los alumnos un lenguaje obligatorio que les permitiera progresar hacia una creación artística libre. Para ello debían manejar a la perfección las diferentes técnicas en el programa y no ahorró en exigencia y presiones a sus alumnos para que tratasen de alcanzar la excelencia plástica. Si bien este riguroso enfoque de sus cursos fue comprendida por Walter Gropius, por ejemplo, no ocurrió lo mismo con Meyer y Mies van der Rohe, que siempre le consideraron lo que los alumnos denominan popularmente como un “hueso” y que dudaron incluso de la utilidad de sus enseñanzas.

Su profunda vocación pedagógica, según los organizadores de la muestra una “constante que se advierte también en su obra”, le llevó a alternar la creación artística con la enseñanza durante casi dos decenios: primero en su país natal, como profesor en la Academia de Bellas Artes y en la Universidad de Moscú (1917-1921), y más tarde en la Bauhaus de Weimar y Dessau (1922-1933).

Los materiales originales que usó durante esa etapa. ejercicios diseñados por él mismo, las tareas para que sus alumnos traían hechos de casa, los libros de enseñanza que usaba en sus clases y multitud de bocetos, acuarelas y artículos que expone ahora la Buahaus en la sede de la escuela en la capital alemana.

Muchos de los objetos provienen del Centro Pompidou de París, el Getty Research Institute de Los Ángeles y la propia Escuela Bauhaus. “Ningún otro profesor de la Bauhaus fue activo durante tanto tiempo como Wassily Kandinsky”, explicó hoy en la presentación de la muestra Annemarie Jaeggi, directora del Museo Bauhaus de Berlín y añadió que “con sus clases y su personalidad carismática ejerció una enorme influencia en sus estudiantes”.

En sus clases, Kandisky se esforzaba por transmitir a sus alumnos sus ideas sobre las escalas de color o la composición a la vez que fue desarrollando sus ideas sobre la teoría del arte y su técnica personal. La comisaria de la exposición, Angelika Weissbach, aseguró en un recorrido por la exposición que Kandinsky es un “profesor tolerante y dialogante con sus alumnos”.

Constantemente escribía correcciones y anotaciones en los trabajos de sus alumnos que también aparecen en la exposición. “El color es un medio para ejercer influencia directa sobre el alma: el color es la tela, el ojo el macillo, y el alma es el piano con sus cuerdas”, anotaba. Además, sus clases eran optativas por lo que no todos sus alumnos se convirtieron en pintores, sino que atraía a estudiantes de todas las especialidades”, añade Weissbach, que subraya la importancia que el artista concedía a la enseñanza del arte como forma de trascender en el tiempo con una frase del propio Kandinsky: “El arte va más allá de su tiempo y lleva parte del futuro”.

Por Rosalía Sánchez en El Mundo.