15 octubre, 2014

Jonathan Brown insiste en que Velázquez no pintó «La educación de la Virgen»

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Pocos hallazgos han dado más que hablar en los últimos años que el de «La educación de la Virgen», un cuadro hallado en la Universidad de Yale que fue atribuido a Velázquez en 2010. Desde hoy es el centro de una reunión de expertos velazqueños en Sevilla, que deben debatir sobre su autoría. Al tiempo, se puede contemplar junto con otras tres obras en una interesante exposición.

El cuadro ha merecido el estudio y la más cuidadosa restauración, financiada por el Banco de Santander. La repentina muerte de Emilio Botín malogró la presentación, programada el mes pasado.

Pero lo único que no va a tener es la unanimidad de los especialistas. Jonathan Brown, que ya adelantó a ABC en un primer viaje a New Haven para contemplar el lienzo que no le parecía obra del joven Velázquez, presentará hoy en este simposio, al que no ha podido acudir, una ponencia de indudable peso y muy crítica con la atribución.
«Un pastiche»

ABC ha tenido acceso a sus conclusiones. Para el gran especialista norteamericano, una de las voces imprescindibles en la obra de Velázquez, «la composición del cuadro, obviamente, es un pastiche teñido de alusiones a “La educación de la Virgen” de Juan de Roelas». Brown opina que el anciano que aparece a la izquierda «procede del bodegón de Velázquez del Hermitage», y afirma que la esencia para identificar «la pintura juvenil de Velázquez estriba en tres elementos específicos: la original interpretación de las fuentes visuales, sus sorprendentes recursos técnicos y, como describía Pacheco, el uso de modelos vivos. Pues bien, ninguno de éstos se evidencian en la pintura de New Haven».

Además, el profesor del Institute of Fine Arts de Nueva York se pregunta cómo un joven Velázquez pudo producir el mismo año dos obras de calidad tan diferente, es decir, la «distante capacidad técnica y pictórica que media entre el bodegón de San Petersburgo y la “Educación” de Yale, si ambas obras, según ha sido propuesto, fueron realizadas en 1617». ¿O fue pintado antes el cuadro de Yale? En ese caso «se argumentaría la menor destreza juvenil con el fin de excusar su sospechosa calidad».

Brown va más allá al decir que la certificación del cuadro «la veo como una maniobra de la que sólo resultaría un Caballo de Troya». Y añade sin ambages: «Si Pacheco creía que su aprendiz era un niño prodigio, yo dudo que fuera el torpe artista de la pintura en cuestión».

Para el especialista, «la atribución de John Marciari se basa exclusivamente en evidencias circunstanciales, comparaciones estilísticas y datos técnicos tan difíciles de entender como superficiales». Marciari afirma que sería la primera obra salida del pincel velazqueño, y por tanto el verdadero inicio del Barroco. «Desafortunadamente, su hoja de ruta nos lleva por la senda de lo improbable y ésta a un callejón sin salida», remacha Brown. Y concluye: «La desmañada pintura objeto del debate no contribuye al mejor conocimiento de los orígenes de uno de los pintores más innovadores e imaginativos de todos los tiempos». La polémica continúa.

Por Jesús García Calero en ABC.