5 junio, 2015

Joachim Patinir 1520…¿la primera marina de la historia?

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Tornaban nuevos tiempos y… ¡había que pintarlos¡. El descubrimiento de América y la consolidación de los estados nacionales en Europa (Portugal, España, Holanda, Francia e Inglaterra) conllevó un anhelo de exploración que se cristalizaba en la construcción de naves singulares y la formación de tripulaciones para explorar los nuevos mundos. Se abre sin lugar a dudas a una nueva etapa histórica, en la que el barco y la mar son sus principales protagonistas. Y luego esta la imaginación y la creatividad del humano, con el deseo de plasmar aquella etapa histórica que veían aquellos ojos privilegiados que observaban partir a aquellas portentosas naves hacia lugares desconocidos. Es el caso de la pintura que nos acoge. además era una capitana. Nada más y nada menos que una carraca de la infanta de Portugal. El pincel de aquella mano pintó con detalle a los elevados castillo de proa y popa de aquella carraca, dando finalmente a un barco de seis cubiertas. Era el modo de retratar a aquellas naves que circundaban en nombre del rey las costas del mundo. Curiosamente, y es precioso el detalle para el lector, casi las mismas cubiertas que el National Geographic de este pasado mes de marzo nos mostraban las minuciosas fotografías del equipo de Ronnby de las excavaciones arqueológicas subacuaticas sobre el pecio del Mars, en las aguas frías del mar Báltico. A ambas naves les separaban tan sólo unas decenas de años, en unos tiempos en los que la mar dictaba la hegemonía de las naciones.

Bajo una de las fotografías de las maderas de la nave, en el pie de foto de la apasionante revista de divulgación científica; “El Mars contaba con cinco pisos y dos cubiertas reservadas a la artillería, algo realmente excepcional en los barcos de la época”. Las separán unos años de historias, pero el valor gráfico de aquella pintura, son de tanta utilidad para reconstruir el pasado en la actualidad…Excepcional también tuvo que ser también el porte de la Santa Catarina, especialmente para esa época. 140 cañones han estado al alcance de muy pocas naves. La Charente de Luis XII de Francia llevaba 1.200 hombres de guerra y 300 piezas de artillería. En la jornada de Túnez apoyó a Carlos V, entre otras, la carraca portuguesa S. Juan Botafogo, la mayor de ese tiempo, con 200 cañones…

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Precisamente el detalle de la supuesta obra de Patinir nos permite observar detenidamente la estructura naval de aquellas carracas, también preguntarnos como en el castillo de popa se podían disponer cañones a semejantes alturas. Tenía que afectarle sin lugar a dudas en sus capacidades de maniobra. ¿Cuantas de estas naves sucumbirían a los cambios de la mar?. ¿Hablamos del Mary Rose?. La nave real Inglesa, construida diez años antes en los astilleros reales de Chaptham. 91 cañones, 30 de ellos pesados. 15 de bronces el resto de hierro, tal y como nos legan los datos de sus excavaciones. En normal condiciones 200 marineros, 185 soldados y 30 artilleros, muy alejados de la India Portuguesa y de su Chalt, donde vió la vida, con aquellas maderas exóticas… La “Santa Catarina”, surcaba los mares como una de las naves más poderosas de la corona portuguesa. Dibujos, óleos de época y planos procedentes de excavaciones arqueológicas. Que buena combinación para el estudio y la investigación en la actualidad. Observar como esas fotografías submarinas al compararlas con algunos de los lienzos contemporáneos a la época se asemejan tantísimo.

Su estudio, su existencia, permiten construir en la mente del historiador náutico la efigie de aquellas hipotéticas naves. Aquellos lienzos reflejan muchos de los detalles de las arquitecturas navales de los pecios naufragados. En el caso de la “Santa Catarina”, los cañones están distribuidos en 3 hileras a popa del palo mayor y en 2 hileras en el castillo de proa. ¿Conoció el autor del cuadro en vivo y en directo a la nave portuguesa?. ¿Transportaba en verdad las 140 piezas de artillería de las que hacia gala?. ¿Tendría que ver su capacidad maniobrara en el temprano hundimiento de la nave portuguesa en los mares del Sur?. Y sobre todo. ¿Porqué aquel cuadro tan colorista y exótico que teníamos por delante es considerado tradicionalmente como la primera marina de la historia?.

La Santa Catarina. ¿La primera Marina de la historia?

La primera marina de la historia se le ha atribuído tradicionalmente al pintor flamenco Joachim Patinir y tiene precisamente como principal protagonista a nuestra nave portuguesa. Estamos hablando de inicios del siglo XVI. Un viejo conocido para mi este magnífico y misterioso pintor belga. Y digo lo de viejo porque en el año 1997 tuve la inmensa suerte de conocer en profundidad su pincelada muy de cerca gracias maestro Antonio Hernández. Una de un precioso color azul cobalto y de un profundo simbolismo que acompañó a este pintor flamenco, al que ahora se le supone, la autoría de la primera marina de la historia. La denominada como “Carracas portuguesas en las rocas”. En este camino de la arqueología subacuática y la historia náutica todo suma. Aquellos tres meses de enseñanzas sobre “La laguna Estigia”. servirían para algo. Sobre todo su significado, trazo, pintura, análisis incluso de lupa. Su ciudad y puerto fortificado nos esperaba. Sin lugar a dudas el viejo Patinir reiría sonoramente al comprobar el interés que su obra despertaría tanto tiempo después. Durero, que recibió como regalo un sencillo paisaje de Patinir (recientemente expuesto por cierto en la maravillosa muestra que realizo el museo del Prado en Madrid en el 2007), le cita en su Libro de viaje como «der gute Landschaftmaler». ”El buen pintor de paisajes”. Con esto Durero, acuñaría de esa manera un neológismo que traducido más tarde al francés, alumbraría, tal y como nos definen magistralmente los historiadores del arte, al término paisajista. Por ser inventor de paisajes, se le concede la paternidad de ser pioneros en esto de pintar marinas.

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Una pintura para un nuevo horizonte

Como en todo tenía que existir un origen. Un principio, y en esas delgadas líneas rojas de las primeras marinas, le atribuyen su autoría al “pintor de paisajes”. Nos encontramos en una época, en la que los científicos a menudo posaban en los óleos, las fotografías de la época, con instrumentos y objetos de su estudio. Mapas ignotos. Globos celestes y astrolabios de bronce. Los médicos a veces posaban juntos alrededor de un cadáver, en lo que se llamaba «Lección de anatomía», siendo famosa la de Rembrandt. Los consejos de administración preferían una imagen de austeridad y humildad, posando con ropa oscura, a menudo sentados en torno a una mesa y con expresiones solemnes que nos esbozan la cotidianeidad del surgir de las ciudades burguesas. Las familias a menudo se hacían retratar dentro de sus lujosas casas, con ricos tejidos color verde botella o vino burdeos. La colocación en torno a una mesa daría lugar en años posteriores a una composición famosa como es el de la famosa obra de Rembrandt La compañía de milicia del capitán Frans Banning Cocq más conocida como La ronda de la noche. ¿Qué pasaba con la Mar?. Pues en Holanda tendría su gran eclosión artística, y aquí si que podemos hablar del inicio de una escuela de marinistas. La mar comenzaba a ser retratada en sus mil y un detalles. Detalles que tenían demanda por la sociedad neerlandesa, sus mares les traían comercio, personas y culturas.

Ni el Bosco, ni Robert Campin, ni Hans Memling, ni Dirk Bouts, entre otros predecesores de Patinir, parece que llegaron a especializarse en la pintura de paisaje, a pesar de ejercer una evidente influencia sobre él. Tampoco la pintura de Vittore Carpaccio, con su “Llegada de Peregrinos a Colonia, de 1490″ podemos considerarlo como una marina, aunque aquellas portentosas naves aparecen fielmente retratadas. La batalla de Zonchio, en 1490, nos retrata perfectamente aquel agosto de 1499 en la que Kemal Reis derrotó a la flota veneciana bajo el mando de Antonio Grimani. Fue la primera batalla navall en la historia con cañones utilizados en los barcos. Y ya fue reflejada en el óleo.

En 1520 la Santa Catarina do Monte Sinai comenzó su carrera en la India. Ese año, fue elegida como nao capitana de la armada que conduciría a Italia a la Infanta Beatriz, hija de Manuel I de Portugal. Beatriz acudía a su enlace matrimonial con Carlos III, Duque de Saboya. Es precisamente este episodio, el del transporte de la infanta, la que sería la primera fotografía de las marinas Europeas en el mundo. Unos años más tarde, en 1524, la misma nave fue escogida como insignia de la escuadra que conduciría a la India a Vasco da Gama, como virrey. Por cierto, la historia de esta nave es apasionante. Naufragaría tras diversas operaciones navales donde utilizaría la profunda potencia de fuego. Un problema recurrente en aquellas naves del siglo XV. Una estructura naval que sufre muchísimo los vaivenes de una artillería pesada para las cubiertas de la época, a pesar de ser posiblemente una de las mejores naves de la corona.

Se desconoce la fecha en que nació Joachim Patinir, aunque probablemente fue entre 1480 y 1485 en lo que hoy es el sudeste de Bélgica. Con mayor certeza puede confirmarse que a partir de 1515 trabajó como pintor en Amberes, y que murió en esa ciudad en 1524. El éxito de Patinir no se puede entender sin la estela que dejaron estos artistas y su escuela, que al otorgar una relevancia inusitada al entorno de la naturaleza propiciaron el desarrollo de una exploración estética. La escuela de paisajes y marinas como género independiente. Entre las razones de su espectacular auge no se puede tampoco obviar el contexto del mismo, la ciudad de Amberes y Holanda, convertida en el primer mercado de arte y en la que, a diferencia de otras grandes ciudades europeas, la oferta era enorme y estaba controlada por los propios artistas. Hay cosas que no cambian en esto del arte. Es en ese contexto de crecimiento económico y mercado floreciente es donde Patinir consiguió destacar con sus innovadoras creaciones, en las que combinaba la observación detallista del paisaje natural con la interpretación imaginativa y fantástica de otros pintores flamencos famosos por su extravagancia como El Bosco y P. Brueghel. La escuela de Leiden de fijnschilder («pintores finos») destacó por sus pinturas finamente acabadas, significarían el culmen de lo flamenco.

Los cuadros de Patinir se caracterizan por el uso progresivo de los colores, que sirven para acentuar la sensación de distancia en los grandes espacios que pinta. Así, en la parte inferior de los cuadros, donde se encuentra el primer plano, predominan el marrón y el pardo. Según se va alejando el paisaje se va imponiendo el color verde y, en las zonas más lejanas, es el color azul el que predomina. La línea del horizonte suele estar situada en la zona más alta del cuadro (“horizonte alto”), lo que permite la representación de un espacio muy amplio. El catálogo de la Exposición antológica de 2007 en Madrid, le atribuyó un total de 29 obras (suyas y del taller), entre ellas las cinco firmadas. Respecto al resto de la pintura de historia barroca, la holandesa era más realista y contaba las cosas de manera más directa.

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El detalle y la realidad. La Carraca pintada sobre el óleo

Por encima de esta línea suele pintar parte del cielo con un blanco brillante que hace intuir que el espacio prosigue detrás y que sugiere la curvatura de la Tierra. Así nos aparece retratado como un casco dibuja un castillo de proa que a diferencia de la coca, no tiene una estructura superpuesta al casco, sino que formaba parte de él integrándose perfectamente, sin sobresalír por los costados. Mayor altura que los castillos anteriores y, en muchas ocasiones, colocados sobre varios puentes superpuestos. La misma estructura era aplicada al alcazar de popa compuesto de dos o más puentes llamados alcazarillos, englobados en la estructura de la nave, donde se instalaron inicialmente los cañones. Las carracas tenían un casco ligeramente más redondeado que las cocas e incorporaron por primera vez los tres palos. El trinquete y el mayor con velas cuadradas (inicialmente una cada palo) y el mesana una vela triangular. En las carracas más evolucionadas se añadió un cuarto palo a popa llamado contramesana con velas latinas. A medida que transcurrieron los años el velamen se complicó añadiendo nuevas velas cuadradas a los dos primeros palos. Esta estructura vélica dificultaba la navegación con viento de bolina pero facilitaba la de viento de través y de popa. Fueron evolucionando, y a finales del XVI llevaban 3 palos, habiendo algunas de 4. Los palos tenían masteleros y llevaban cofas para situar a los arqueros.

Aunque, con diferentes grados de certeza, se le han atribuido muchas obras, sólo hay cinco cuadros firmados por Patinir. Y esto es una cuestión importante. En cuadros tan tempranos, y de tanta importancia histórica, en ocasiones es muy difícil establecer autorías. De ahí las atribuciones. Meses y meses de investigaciones en archivos e incluso la dación de rayos X sobre el marco del lienzo de otro cuadro, el de la “batalla de Lepanto”, del Museo Naval de Madrid, no dió finalmente autoría, a pesar incluso del estudio sobre el estilo de la pincelada. Los especialistas, historiadores del arte y conservadores bien conocen lo apasionante y complejo de la disciplina, de la búsqueda de autorías en algunas de las marinas de la época moderna. El mar ha sido un motivo recurrente en el arte y, sobre todo, en la pintura. Con el tiempo, pintores como Canaletto, Willem van de Velde el viejo, Claude Joseph Vernet, Turner, Iván Aivazovski, Hokusai, Manet, Monet, Sorolla, Homer, Childe Hassam, Joaquín Mir… entre muchos otros, han dedicado a la mar parte esencial de su obra. Parece que a Patinir le otorgan el bautismo de las marinas, un paisaje que dará lugar a un nuevo estilo. Unas marinas en la historia, que con el paso del tiempo nos hará disfrutar enormemente de las escenas detalladas de estas naves que surcan la mar…

Por Javier Noriega en Espejo de Navegantes.