25 junio, 2014

Jaume Plensa: «No acabo de entender dónde está la frontera entre el museo y el espacio público»

Algo cambió en la vida de Jaume Plensa (Barcelona, 1955) cuando hace diez años inauguró su escultura Crown Fountain (Chicago). Desde hace una década, 1.000 rostros de la ciudad aparecen a diario por esta peculiar fuente, situada en el Millenium Park. Tal ha sido el impacto y el agradecimiento de la «Second city» estadounidense, que cuatro cabezas humanas de grandes dimensiones acompañarán a la fuente hasta finales de 2015.

–Muchas felicidades en primer lugar. ¿Cómo se celebra un cumpleaños de estas características?

–Creo que nos debemos de felicitar todos. Porque es una pieza que representa de alguna forma la utopía de la celebración de la vida. Creo que es una pieza que era muy utópica en su momento pero que diez años después siga existiendo y funcionando es un premio.

–¿Cómo se veía usted hace diez u once años?

–Recuerdo que yo estaba montando una exposición en el Palacio de Velázquez y mi obra estaba en el mundo de la luz, el agua y todo esto… es una pieza muy adecuada como final de una época y principio de otra. Creo que ha sido una pieza muy importante para Chicago pero también muy importante para mí porque es la que me ayudó a hacer el tránsito de un tipo de obra de espacio y de luz a un tipo de obra más centrada en el retrato y en el interior del cuerpo.

–¿Qué mensaje, que intención tienen estas cuatro esculturas?

–Desde la Crown Fount, en que filmé mil caras de personas que habitan la ciudad, he seguido con los retratos. Estoy ahora haciendo retratos solo de niñas, de entre ocho y catorce años. Me parece que es un momento de la belleza interior muy especial. Ya no son niños pero aún no son mujeres. Y los retratos en hierro fundido son tres niñas de Barcelona. Una se llama Paula, otra se llama Inés y la otra Laura. Y el retrato blanco que está al otro lado es una niña dominicana que se llama Awilda.

–¿Cómo y por qué eligió estas modelos?

–Una es la hija de un amiga que de pronto la descubro o me acuerdo de cuando encontré en Suecia una niña extraordinaria y le dije a sus pares si podían venir a Barcelona. He ido creando una cierta mítica en torno a mis retratos que hay incluso quien me ofrece retratar alguna de sus niñas. Creo que hay un tránsito maravilloso.

–¿Cuánto le cambió la vida la Crown Fountain?

–Tuvo una repercusión internacional enorme. Mi nombre ya era muy conocido por el uso del hierro fundido cuando empecé. La Crown Fount dio la vuelta al mundo como esta idea utópica de espacio público. Con esa idea de que no llenas el espacio de objetos, sino tú eres la pieza en el espacio. Es una pieza muy romántica que dio un giro en la opinión de mucha gente en torno al espacio público, que empezaron a considerar lo público como algo de Primera División. Ahora justo estoy haciendo una pieza muy bella para Tokio, con la intención de dar un espacio para que la gente se reúna y que el arte sea el gran lugar de encuentro. No importa origen ni cultura, ni color, sino la voluntad de estar juntos y compartir.

–¿En qué momento se encuentra la obra que le pidieron para la ciudad de Barcelona?

Crown Fountain

–No lo sé muy bien. El alcalde sueña con tener una pieza mía allí y yo estoy muy excitado con hacerlo. Creo que Barcelona necesita un icono. Tenemos al gran Gaudí, que puso la ciudad en el mapa, en el mundo… Pero creo que es una idea de futuro, como de dejar un legado de futuro para la próximas generaciones. Me encantaría hacer una pieza para Barcelona pero como me encantaría hacerla en cualquier lugar del mundo. Lo que más me atrae es esta interrelación con la gente y con la comunidad. Y sobre todo con el mar, el agua, que es lo que nos da vida y nos comunica.

–¿Le hace más feliz la escultura pública que exponer en un museo?

–No, en absoluto. A ver, mis obras en espacios públicos me han hecho muy famoso pero yo sigo trabajando en los museos y en las galerías. A veces se comete el error. Yo entiendo que el museo es un espacio público también que el teatro es un lugar público, que el arte es público per se. Por tanto, a veces estas diferencias me hacen sonreír porque no acabo de entender dónde está la barrera o la frontera entre el museo y el espacio público.

–Usted es un artista comprometido, ha donado incluso cuantiosos premios a bancos de alimentos. ¿Se sienten presionados por miedo a que una obra de grandes dimensiones sea vista como un dispendio?

–Cuando trabajas en espacios públicos la gente comete a veces el error de pensar que el dinero habría sido más necesario para otras cosas. Sobre todo en momentos como ahora que la gente lo está pasando muy mal… Pero yo creo que el arte es un tema de futuro y si te fijas, las primeras reacciones que son un poco contrarias, después se convierten en reacciones de sentirse con el honor de tener aquello. A mí me ha pasado muchas veces, que al comienzo hay una cierta crítica, una incomprensión, y de pronto cada vez están más orgullosos de que aquello les pertenece. Y yo creo que esto es una lucha muy interesante. Porque de alguna manera estamos introduciendo belleza en el día a día de la gente. Creo que el arte tiene la obligación de transportar la belleza a la comunidad, dialogar con ella y compartir el día a día. Yo no soy un economista, soy un artista, y lo que puedo dar es esto. Y la gente lo percibe y lo aprecia mucho.

Por Jorge S. Casillas en ABC.