1 marzo, 2013

India despega en el arte asiático

En medio del centro comercial del barrio de Saket —no muy lejos de unos multicines donde se anuncian con cientos de luces de colores películas de esas que se ven en la televisión local, el estilo Bollywood que ha cautivado a Occidente los últimos años— los visitantes se tropiezan, de forma inesperada y sorprendente, con la obra sofisticadísima, geometrizante y espiritual de Nasreen Mohamedi, artista nacida en Karachi en 1937, protagonista pues de la guerra indo-paquistaní y, como tantos indios, viajera sistemática y de formación inglesa. Ahí están, incongruentes en su delicadeza, tan cerca del ajetreo del centro comercial, esas obras suyas con regusto a Agnes Martin, geometría minimalista y poética en su fórmula para encontrar la libertad a través de la repetición.

Con algo zen y algo sufí, muy espirituales en todo caso, los dibujos a lápiz y tinta de esta clásica de la modernidad india —una de las pocas mujeres en esa línea de trabajo, además, dentro y fuera de su país— buscan inspiración entre la geometría de los telares, representados en las fotos expuestas también en la muestra de la capital india. Ni fechas ni títulos en la producción de Mohamedi: continuidad casi ritual que en la muestra Una mirada hacia el infinito transporta al visitante a un tiempo suspendido y al margen del bullicio de Delhi, la ciudad viva donde coches, motos, peatones y rickshaws… parecen chocarse a cada paso y donde el nudo se desenreda súbito y todo vuelve al origen, ese origen que a su modo perseguía Mohamedi, fallecida hace más de diez años.

Quizás por esa razón, por la sorpresa del encuentro en un lugar tan imprevisible para los occidentales, o porque las ocasiones de ver tantos de sus dibujos juntos son escasas, la experiencia es más apasionante si cabe que en Reino Unido, en alguna de cuyas galerías se ha podido admirar a Mohamedi. El mérito es de una coleccionista, no solo entre las más importantes del país, sino muy dedicadas al arte contemporáneo: Kiran Nadar. Su centro, el Museo de Arte Kiran Nadar, privado pero sin ánimo de lucro, patrocinado por la Fundación Shiv Nadar y abierto en enero del 2010, muestra en estos días, junto a la exposición de Mohamedi, a siete artistas, Sheba Chhachhi, entre otros nombres. Se trata, pues, de un ejemplo privilegiado para el coleccionismo indio que poco a poco vuelve la mirada hacia el arte contemporáneo y que, a través de las iniciativas privadas, trata de paliar el aún escaso interés hacia este tipo de arte por parte de las instituciones públicas.

De hecho, si el coleccionismo siempre ha existido en India, la mayor parte de las grandes colecciones se han centrado en arte clásico o premoderno y, a veces, hasta en áreas de interés muy restringidas —desde juegos de ajedrez hasta manuscritos. En Delhi siempre se ha comprado y se ha vendido arte, comentan todos, aunque personajes como la propia Kiran Nadar o Lekha Poddar —otra de las grandes coleccionistas— y su hijo Anupam Poddar han cambiado el perfil al uso por un mayor interés hacia el arte contemporáneo. Se puede ver en la muestra de la Fundación de Arte Devi, lugar vinculado a los Poddar, comisariada por el colectivo Raqs, auténticos agitadores culturales, artistas, comisarios… siempre retando al sistema, nunca diana fácil, que llevan veinte años animando el panorama artístico contemporáneo de la capital india, incluso cuando dicho panorama no existía siquiera.

Estuvieron presentes en la exposición Fetiches críticos del Centro Dos de Mayo de Móstoles y regresarán en una individual al mismo centro los próximos meses. Los artistas de la muestra en la Fundación Devi proponen sobre todo eso que interesa a Raqs: cierto “arte relacional” que en algunos casos se hace poético. Ocurre con el trabajo de la joven artista Astha Butail, quien plantea un juego de cadáver exquisito en unos cuadernos-libro frágiles y maravillosos, a su modo continuación de la delicadeza milenaria de un país donde no solo se acumulan los mejores químicos y matemáticos, sino lleno de propuesta novedosas en el mundo del arte.

Así, pintores clásicos como el elegante Jamini Roy, hasta hace poco codiciados por los coleccionistas más tradicionales en las galerías más tradicionales —como la India Art Gallery—, empiezan poco a poco a compartir espacio con artistas jóvenes —lo demuestran algunas de las galerías de Mumbai, según muchos, una de las ciudades más activas para el arte actual. Pese a todo Delhi es un lugar privilegiado de transacción, el sitio donde buena parte de la acción ocurre.

Allí y, claro, en Londres. Si la Tate ha empezado al crear un fondo semejante al constituido hace algunos años para comprar arte de América Latina —justo cuando esa parte del mundo empezaba a hacerse visible—, el reto para el museo inglés ahora es adquirir obra producida en Asia, mientras las grandes casas de subastas se preparan para una venta de arte de esa área geográfica en los próximos meses. Teniendo en cuenta la restricción a la hora de exportar obras de más de cien años en el caso de la India, habrá tal vez una buena parte dedicada a los maestros clásicos de la modernidad e incluso a artistas contemporáneos.

Desde luego, son muchas las cosas que están pasando en el mundo del arte en India y buena muestra de ello es la recién estrenada bienal de Kochi en Kerala, la primera del país, que reúne a creadores como K. P. Reji, Paris Viswanathan o Subodh Gupta. Artistas como Alfredo Jaar o Ernesto Prieto, entre otros, han ido invitados, propiciando ese diálogo de la India Art Fair de Delhi, que acaba de celebrarse en la capital y donde es este año notable las ausencias de las grandes europeas o americanas, salvo algunas excepciones como la Galerie Lelong con una selección interesante de mujeres artistas. Pese a todo, es curiosa la apuesta de dichas galerías por obra, sobre todo gráfica, de artistas de la vanguardia. Los coleccionistas indios son, comentan con frecuencia allí, más conservadores a la hora de apostar por el arte internacional, si bien poco a poco la situación podría estar cambiando. Sea como fuere, se trata de una feria joven, llena de energía, capaz de congregar a aficionados y público en general, como los niños de las escuelas que la visitan. Nature Morte, Exhibit 320, Volte o Arts Musing son algunas de las que presentan su obra en la feria.

Tomando dicha feria como excusa se ha celebrado además el Premio Skoda 2012 para el Arte Indio Contemporáneo, de cuyo jurado ha formado parte el artista sudafricano William Kentridge y del cual este año ha sido ganador el joven pero consagrado internacionalmente Tallur L. N., con una obra presentada en el Dr. Bhau Daji Lad, el Museo de la ciudad en Mumbai, cuya directora honoraria, la historiadora y comisaria Tasneem Metha, se halla también muy vinculada al consejo de redacción la revista ArtIndia, esencial para la escena en el área.

No muy lejos del Museo Kiran Nadar, justo enfrente de los cines que anuncian puro Bollywood y subiendo una calle en la cual el peatón se pelea con coches y motos, está Khoj, un espacio regentado por artistas donde se ha puesto en marcha un programa de artistas en residencia. En el edificio rehabilitado se cruzan trabajos y experiencia y, una vez más, la ciudad se expande. India despega y quizás deje pronto atrás a China. Se trata, además, de un país apegado a las tradiciones, refinadísimo y lleno de energía: gran futuro por delante. Así que solo cabe esperar que no sea manufacturado como ha ocurrido con otros casos —y en especial con China— por parte de las instituciones europeas. Ojalá se deje a India respirar con su luminosa mirada hacia el infinito.

Por Estrella de Diego de El País.