30 septiembre, 2014

Historia de la no-ley-de-mecenazgo

luis-alemany

Si lo hubiésemos sabido, no gastamos tanta saliva en las discusiones sobre cultura dirigida, cultura patrocinada, cultura corporativa… La Ley de Mecenazgo, el gran proyecto cultural con el que el Partido Popular se presentó a las elecciones de 2011, no existirá nunca. Lo más sustancial de aquella idea que con tanto entusiasmo promovió José María Lassalle, los incentivos fiscales que atraerían dinero privado al cine, el arte, los escenarios o la literatura, sobrevivirá en forma de algún porcentaje de desgravación en la reforma fiscal que prepara el Ministerio de Hacienda. O lo que es lo mismo: los restos del naufragio quedan en manos del ministerio que Lassalle y compañía presentaban como el obstáculo, el ‘enemigo’ en casa que retenía la Ley de Mecenazgo.

Lasalle tiene un consuelo para presentarse estos días ante la opinión pública: “Afortunadamente por primera vez” habrá una aumento en la partida de Cultura que destinan los Presupuestos Generales del Estado (PGE) al tiempo que ha confirmado que el mecenazgo no tendrá una ley propia. Por primera vez desde que empezó la crisis, por primera vez desde que el Partido Popular está en el Gobierno. Lassalle, el político que parecía más intelectual que político, tiene un instinto de supervivencia admirable.

Para hacer relato cronológico de la No-Ley-de-Mecenazgo. En otoño de 2011, el PP explicó que su programa cultural consistiría, básicamente, en reformular el sistema de financiación del sector creativo: menos dinero del estado, más incentivos para que la ‘sociedad civil’ se involucrara en el asunto. Todos teníamos dudas pero todos entendíamos la bondad de la idea. En noviembre, los ‘populares’ ganaron las elecciones y antes del final del año, José Ignaciio Wert y José María Lassalle hicieron ‘ticket’ en el Ministerio de Educación y Cultura. El 16 de enero siguiente, Wert anunció que la Ley estaba redactada y que su aprobación sería inminente. Pero nos plantamos en verano y, en vez de ley y, nos encontramos con la famosa medida de la implantación de un 21% de IVA para los bienes y servicios culturales.

Lassalle dijo entonces que el ‘tarifazo’ era lo que había pero que su trabajo consistiría, en adelante, en cambiar ese ‘castigo’ fiscal. Meses después, el relato que harían los responsables del ministerio aludía al “déficit oculto” heredado del anterior Gobierno y al “tsunami” que supusieron los primeros meses de Gobierno ‘popular’, con el horizonte de la intervención de la UE en el paisaje para explicar la demora.

La Ley de Mecenazgo quedó, según ese mismo relato oficial, esperando pista: el problema, explicaban entonces en el Ministerio, era cuadrar una cifra para el porcentaje de desgravación. Los interlocutores del Ministerio en el sector cultural esperaban hasta un 40%, el equipo de Lassalle peleaba por un 30% y los jefes del asunto, los técnicos del Ministerio de Hacienda, decían que un 18% y ni un céntimo más. Y eso que Rajoy dijo, en enero de 2013, que “el mecenazgo es imprescindible”.

En marzo, Lassalle dijo que la Ley tenía el semáforo en ámbar, seguramente porque no cayó en que después del ámbar va el rojo. En junio, Andalucía aprobó su Ley de Mecenazgos (15% de desgravaciones) y Lassalle dijo que muy bien por ellos. Y, a final de verano, anunció que el IVA del 21% estaría olvidado antes de fin de año. Otra promesa que no se ha cumplido. Para final de año, la Ley de Mecenazgo en el Gobierno reconocían que la Ley ya no estaba en su agenda, aunque Lassalle aún decía en este periódico, en marzo de 2014, que “espera tener en breve rematada la Ley de Propiedad Intelectual que cree un marco de seguridad jurídica para la explotación de los nuevos modelos de negocio asociados a los contenidos digitales culturales…”.

Mejor no preguntar ya por la seguridad jurídica. En junio, el Gobierno anunció que la desgravación del Impuesto de Sociedades sería del 20% para producciones cinematográficas que no rebasen el millón de euros, y se situará en el 18% a partir de esta cifra, tal y como estaba fijado hasta ahora, hasta un máximo de 3 millones de euros. El anuncio lo hizo Cristóbal Montoro y a la Ley de Mecenazgo se le quedó pinta de quimera. Llegó la Ley de Propiedad Intelectual, que absorbió algunos contenidos de la Ley de Mecenazgo.

En el discurso de Lassalle, esa atomización del mecenazgo es suficiente. “La Ley de Mecenazgo son básicamente incentivos fiscales. Si al mecenas no se le ofrecen incentivos fiscales se produce otra cosa que se denomina altruismo o filantropía”. Para los posibles inversores en cultura queda la duda de saber si la apuesta común puede ser para largo, si no dependerá todo de que un día, Hacienda se lleve los incentivos por delante. Desde el ministerio dicen que sí y anuncian que la reforma fiscal “introducirá además el mecanismo de reconocimiento a la fidelización de la inversión en cultura, al aumentar un 10% el porcentaje de desgravación, para aquellas aportaciones que permanezcan durante tres o más ejercicios consecutivos por igual o superior cuantía realizados a favor de un mismo beneficiario, pasando de un tipo general de deducción del 25% al 35% a partir del tercer año, en el caso del IRPF y hasta el 40% en el caso del Impuesto de Sociedades”. Suerte para todos.

Por Luis Alemany en El Mundo.