20 junio, 2016

Hallan un claustro gótico olvidado en el centro de Santiago de Compostela

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Nada presagiaba un hallazgo tan importante como este cuando el arquitecto Ricardo Sáez, encargado de unas obras de consolidación en los inmuebles que rodean la iglesia de Santa María Salomé, en la Rúa Nova de Santiago de Compostela, encontró un lienzo de ladrillo y madera típico de las casas antiguas de Compostela. Llamó al arqueólogo José Suárez Otero, que acudió, a mediados de mayo, a realizar «un control arqueológico de obra normal. Si iban a desmontar unos lienzos y un techo que amenazaba ruina en un edificio como ese, había que verlo, por ley».

Dicho control se convirtió en casi una excavación arqueológica que ha dado como primer resultado algo insólito: el hallazgo de un claustro gótico en pleno centro de Santiago, un edificio del que no se tenía memoria y del que apenas se han encontrado noticias. Ahora, la importancia del hallazgo, que data de fines del siglo XIV o principios del XV, hará que se investigue a fondo. «Hay que entender que estamos en la primera fase de investigación, recién producido el hallazgo», explica el arqueólogo.

Santiago de Compostela es una ciudad con mil doscientos años de historia, es un palimpsesto en el que, alrededor de la tumba del Apóstol, se fue generando una urbe en el medievo, y un centro de peregrinaje universal que ayudó a consolidar entonces los reinos cristianos, después cohesionó Europa y que aun hoy es conocido y visitado por personas del mundo entero. Descubrir en un lugar tan estudiado un capítulo olvidado de la importancia de este claustro, es, como la misma ciudad, un milagro de piedra.

Dos arcos en un bar
«Se sabía que en el viejo bar Los Porches había dos arcos -relata a ABC Suárez Otero-. Al liberarlos encontramos otros dos, pero formando un ángulo recto, algo que no conocíamos: eso es ya la evidencia de un edificio». El arqueólogo no salía de su asombro. Con el paso de los días hallaron muchas más cosas: canecillos, ventanales, inscripciones, dos alturas de arcos y restos de policromía de los lienzos del claustro, arcos ojivales y de medio punto, de tal modo que aunque no se ha podido hallar completo, sí hay suficientes elementos para reconstruir las crujías, las medidas exactas y el aspecto de aquel gran recinto claustral que la vida de la ciudad dejó de lado en uno de los momentos más oscuros y tumultuosos de su historia.

También se halló un dintel, base de un antiguo tímpano, que tiene una inscripción: «Una cruz florenzada, cruz patada, entre leones rampantes, que estaría situada en la entrada del claustro». Un hallazgo de tal relieve permite a los arqueólogos un verdadero viaje en el tiempo, del que hoy Suárez Otero dará un cumplido adelanto en la conferencia que tendrá lugar a mediodía en la madrileña Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

El estilo del claustro recién descubierto de Santa María Salomé es «puramente gótico compostelano, sencillo, reiterativo, con arcos decorados con puntas de diamante, tal y como se ven en la capilla del Espíritu Santo de la catedral de Santiago», añade Suárez Otero. ¿Por qué es tanta la importancia? «Porque no tenemos muchos claustros góticos en Santiago. Con la salvedad del de Santa María del Sar, el resto fueron alterados en el Barroco, como ocurrió con el claustro renacentista de la catedral».

La época oscura del siglo XII
Suárez Otero sólo ha encontrado una mención al claustro, una noticia de su desaparición a finales del siglo XVI, porque se le dan otros fines al inmueble. Se habla de un hospital de niñas desamparadas. Posteriormente, el recinto claustral desaparece engullido por las construcciones parroquiales, entre ellas las capillas funerarias del XVII, en cuyo muro quedan atrapada la unión de dos arcos.

Lo que ha permitido este hallazgo es encontrar algunas claves perdidas del urbanismo de la ciudad medieval, en conexión con el momento en que se construye esta iglesia parroquial que se hizo a la sombra de la catedral, e iluminar la época menos conocida del siglo XII compostelano. La iglesia de Santa María Salomé, la única en España consagrada a la madre del Apóstol, la funda el excanciller catedralicio Pelayo Abad durante la «etapa de decadencia», entre 1140 (cuando muere el arzobispo Gelmírez) y 1160, cuando llega el Maestro Mateo y se da el último gran impulso al templo Jacobeo y al románico compostelano, con el Pórtico de la Gloria.

No se sabe bien qué pasó, pero son veinte años en los que apenas se construye en la catedral, decae la actividad y justo entonces la ciudad se consolida, se crean nuevas calles, entre ellas la Rúa Nova, y se completa la muralla, de manera que la urbe medieval va borrando viejos asentamientos que habían nacido al calor del templo Jacobeo. No hay que olvidar el apoyo continuado de los Reyes de León y de Castilla para la constitución y defensa de la ciudad que es sobre todo un foco de fe y peregrinación. Alfonso VII y Fernando II no serán una excepción, sino que su impulso fue decisivo para ayudar a completar la catedral en aquellos tiempos difíciles, a pesar de las tensiones y las guerras de ambos reinos.

Pero ¿por qué se decidiría construir un claustro en una iglesia parroquial que no era convento dos siglos después? si no hay una comunidad religiosa, ¿para qué un recinto claustral? La respuesta nos conduce a otro momento en la historia de la ciudad compostelana, tal vez su época más tumultuosa: el final del siglo XIV.

La burguesía y la nobleza enriquecidas
«Es un momento en que se vive el apogeo de la peregrinación y de las industrias asociadas -recuerda Suárez Otero-. Plateros, azabacheros, cambistas y artesanos ven crecer sus riquezas ante la afluencia masiva de peregrinos, sobre todo por mar, desde los puertos hanseáticos, flamencos, británicos y nórdicos, además de por tierra. Es la época en la que peregrina Santa Brígida de Suecia».

Santiago es un territorio feudal bajo el poder férreo del arzobispo y los gremios enriquecidos y la nobleza laica mantienen continuos roces y elevan quejas al poder real para liberarse de las ataduras del poder feudal. Al tiempo que se consolida el entramado urbano y se crean nuevos barrios extramuros, la caridad será el destino natural de tanta riqueza. Se fundan hospitales y conventos por doquier. Tal vez un hospital dedicado a los clérigos podría explicar el claustro recién descubierto.

La gran guerra Irmandiña
El siglo XV verá agravarse todos estos conflictos latentes desde tiempo antes. Los abusos de los nobles cada vez son menos soportables para las clases bajas y desembocan en enfrentamientos armados. Entre aquellos destaca por su impacto y crueldad la llamada gran guerra Irmandiña, una rebelión que destruyó castillos (entre ellos el del arzobispo, el castillo de Rocha Forte, del que solo dejaron los cimientos) y acabó en una represión brutal.

Ese escenario, esa aceleración de la historia, es lo que explica el rápido abandono del enorme claustro, cuando se buscan otros fines. Se habla en alguna fuente de un hospital para niñas desamparadas, que ya no precisaba del recinto claustral. Y a aquel nuevo edificio le seguirán otras construcciones que asumen parte de los elementos constructivos, los reutilizan y los cubren. El claustro desaparece de la vista de los hombres. En un plano de 1590 ya se observan tres edificios donde estuvo el claustro.

Colección de canecillos

Ahora, el arqueólogo Suárez Otero, que trabajó en la catedral diez años desde 1996 a 2006, destaca como pieza realmente única los hermosos canecillos esculpidos en el alero del patio interior, que coincide con el patio del viejo claustro olvidado y antes, en el siglo XII, con el cementerio parroquial. «En la catedral de Santiago quedan muy pocos canecillos y aquí tenemos una colección muy importante», señala. Esculpidos bajo el alero de un edificio reformado en los años sesenta del siglo XX, siguiendo las directrices de Francisco Pons Sorolla, se comprende que el gran arquitecto se dio cuenta de su valor y los puso en un lugar destacado, visible, rememorando su viejo uso de sujección y decoración de la cornisa. Santiago es por esa continuidad un verdadero milagro de piedra.

Desde el Arzobispado de Santiago se celebra el gran hallazgo y se solicita mecenazgo, y también apoyo de las instituciones para que pueda conocerse y visitarse en el futuro la historia completa que une la iglesia, el claustro y la catedral, señala a ABC Mario Cotelo, del departamento de Patrimonio Histórico arzobispal.

Por Jesús García Calero para ABC