2 mayo, 2013

Gratis, ni en pintura

El Prado

“Esto es un sálvese quien pueda”. Y cuelga el teléfono. Es el director en un importante museo del país y su despedida es desalentadora. Antes ha reconocido que no tiene soluciones para afrontar la retirada drástica de las ayudas públicas a la institución que gobierna. La aportación pública desaparece y la privada no existe. Es un resumen dramático. Su queja no es contra el abandono de lo público, sino contra la incapacidad de quienes lo gestionan por haber acabado con un modelo de financiación sin instaurar otro antes. “Pusieron una bomba en la cultura y asistimos al derribo”, remata en referencia a la inexistente y prometida reforma ley de mecenazgo, que está llamada –en el mejor de los sueños– a hacer de las naves culturales españolas un lugar atractivo para la inversión privada.

Prefiere no darse a conocer, prefiere la estabilidad y sacar adelante el proyecto con la aprobación de las cuentas anuales en el patronato. Una reunión de patronato es lo más parecido a un Consejo de Ministros, pero sin control ni clientelismos. En ella se decide el contenido y el presupuesto, y en esa combinación en estos momentos críticos, el acceso gratuito es un animal en peligro de extinción. La pérdida drástica del horario semanal de libre acceso es un síntoma de la pérdida de los deberes de los museos como entidades de educación no formal.

“La obligación de estos centros es intentar que el público que lo visite sea lo más diverso y estén al alcance de cualquiera. Es un derecho de todos y si necesitamos financiarlo no podemos olvidarnos de quienes tienen menos recursos. Cómo pretendemos hacer que el público sea cada vez más diverso si no hacemos una política en este sentido”, se pregunta Eloísa Pérez Santos, profesora de Evaluación Psicológica de la Universidad Complutense de Madrid y directora del Laboratorio Permanente de Público de Museos del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

El último informe encargado por Cultura para conocer a los visitantes data de 2011; en él se especifica que entre las medidas para favorecer la accesibilidad a los museos, la gratuidad durante ciertos días de la semana “es preceptiva” para que todos los ciudadanos puedan “satisfacer su derecho constitucional a conocer los bienes culturales que forman parte del Patrimonio”. De su Patrimonio. En el mismo estudio también se aclara la mala política de comunicación del acceso gratuito, ya que más de la mitad de los visitantes (53,6%) desconoce cuándo no se paga la entrada y un 9,5% de ellos está equivocado con los días de gratuidad.

Interés político

Pérez Santos aclara que la población que no acude a los museos no lo hace porque son caros. La decisión de abaratar la entrada y aumentar las horas de gratuidad responde a la política de financiación que cada museo establece por su cuenta, aunque la profesora aclara que las entradas no suponen una financiación determinante y “recortando horas gratis no van a recaudar más”.

La subida de precios de las entradas de los museos españoles es un elemento decisivo en el derecho al acceso de los ciudadanos. En el caso de los museos anglosajones que reciben financiación pública existe un expreso interés político en que dejen de ser percibidos por la sociedad como instituciones elitistas. De hecho, en el Museo Británico la entrada a la colección es gratuita, no así la de exposición temporal. Lo mismo ocurre en la TATE Britain, TATE Modern, National Gallery, Museo de Historia Natural, etc.

La voluntad política del Reino Unido coincide con la conclusión que arroja el estudio mencionado: que los museos son un vehículo muy adecuado para la integración social, son un factor muy importante de “unión y cohesión” entre las distintas poblaciones porque posibilitan “el conocimiento de sus respectivas historias y promueven el respeto por las diversidades particulares”.

“El arte ha sido secuestrado por los ricos y sus cómplices”, aseguraba el bravo profesor de historia del arte Ángel González García, Premio Nacional de Ensayo en 2001, en los días en que presentaba su último ensayo Roma en cuatro pasos y Algunos avisos urgentes sobre decoración de interiores y coleccionismo (Ediciones Asimétricas). “Me parece un escándalo que se cobre en los museos al pueblo español, propietario de ese patrimonio. En la National Gallery entras y si llueve está lleno de vagabundos, que encuentran en esa casa de musas cobijo y amparo. Aquí sólo falta que nos hagan un tacto retal”, ironizaba.

A vida o muerte

Las cuentas mandan. Para “garantizar el cumplimiento de sus funciones”, para “asegurar la sostenibilidad financiera de la institución”, “para asegurar una oferta continua y estable durante todo el año”, el BOE tiene mil y un motivos para justificar el aumento de las tarifas y el recorte de las horas gratis. El pasado febrero El Prado subió un 15% la tarifa. El acceso a este museo dejó de ser gratuito en junio de 1994 y desde entonces la escalada de precios ha sido imparable. Una de las más graves fue la cometida en 2005, que de 3 euros pasó a costar 6. Con la última subida, de 12 a 14 euros.

El director de la pinacoteca, Miguel Zugaza, aseguraba a este periódico que aunque en el patronato se decidió mantener la gratuidad de las dos últimas horas todos los días, este punto “también corría peligro”. Costó salvar las 14 horas semanales gratis. Después de sufrir el recorte del 30% de las aportaciones del ministerio de Cultura, Zugaza daba a entender que no le quedaba otra: “También el visitante debe hacer un esfuerzo”. A pesar del encarecimiento, las ventas de 2011 crecieron un 30,99% ingresando 11.702.512 euros.

Desde el sábado pasado, aprovechando el pelotazo de taquilla que supone la exposición Dalí. Todas las sugestiones poéticas y todas las posibilidades plásticas, el Museo Reina Sofía aumenta un 33% el precio de sus entradas (ahora la general cuesta 8 euros) y, lo que es peor, recorta en casi diez horas a la semana el acceso gratuito. Manuel Borja-Villel, director del museo, explicaba a este periódico que “la subida de precios no es lo importante, sino que las franjas horarias de gratuidad se adecúan para que el museo sea más accesible a la gente que no es turista”.

Reconoce que el encarecimiento responde a la necesidad de más ingresos, pero también a una “flexibilización de los horarios” porque “no queremos un museo abierto sólo a turistas”. Sin embargo, lo cierto es que tanto uno como otro son museos que viven gracias al turismo tal y como alumbran los estudios de sus visitantes: sólo el 41% son españoles en El Prado, y la mitad en el Reina Sofía. El incremento de los precios no hará más que ampliar las diferencias.

Museos o empresas

Jaime Brihuega fue director general de Bellas Artes y Archivos en el extinto Ministerio de Cultura, entre 1988 y 1991, y recuerda que esta política de pérdida de gratuidad ya sucedía durante la etapa socialista para la que trabajó. “Amenacé con poner mi cargo a disposición si se tomaba la decisión de cobrar por visitar las colecciones de los museos públicos”, explica, y tres años después de dejar su cargo El Prado perdió su gratuidad. “Me parece un movimiento de abandono de las funciones del Estado”.

“La liquidación de las instituciones culturales y su transformación en empresas que tienen que producir plusvalías económicas acabará mandando nuestros museos a economías emergentes que los puedan pagar”, dice el profesor Brihuega. De hecho, esto pasa ya en Francia con el acuerdo entre el museo del Louvre y Abu Dabi o en el alquiler de parte de piezas de Velázquez y Goya del Prado que han visitado Australia y Houston. Según informaba el periódico El País, de este último la pinacoteca nacional habría obtenido tres millones de euros.

Precisamente, cuando en octubre de 2011 la entrada del Museo del Prado para los mayores de 65 años pasó de ser gratuita a costar un 50% de su precio, la afiliación a la Fundación de los Amigos del Museo del Prado, en la modalidad senior, se disparó. Es más rentable: la donación de 60 euros permite acceso libre a la colección permanente y a las exposiciones temporales durante todo el año, además de actividades exclusivas y pases preferentes. Cuenta Gemma Muñoz, adjunta a la secretaria general, que desde el año 2009 los socios se han disparado: de 16.000 a más de 24.000.

“Tampoco puedes comparar la calidad de la visita en las dos horas gratuitas: es mucho peor por la cantidad de gente que se agolpa”, reconoce Muñoz. Además, a los jóvenes les han bajado la tarifa a la mitad (25 euros) dada la catastrófica situación laboral en la que dos de cada tres está en paro. Y la desgravación fiscal: los particulares pueden aprovecharse de un 25% de exención y las empresas del 35%. “Es importante que el incentivo fiscal crezca para atraer a más amigos. En Francia es un 60%”, añade. Sólo hay que esperar a que José María Lassalle, secretario de Estado de Cultura, y Cristóbal Montoro, ministro de Economía y Administraciones Públicas, sean capaces de llegar a un acuerdo para resolver esta situación.

En abril de 2012 Lassalle, durante la presentación de sus primeros presupuestos en el Gobierno y el mayor hachazo en la aportación a las cuentas culturales que se ha realizado en España en las últimas tres décadas, aseguró que la inversión era la justa para “garantizar el funcionamiento de las grandes instituciones y responder al derecho constitucional de acceso a la cultura que tienen todos los ciudadanos”. Este periódico ha tratado de saber qué lugar ocupa la política de accesibilidad gratuita a los museos en el plan estratégico de la secretaría de Estado de Cultura, pero no ha obtenido respuesta alguna.

Derechos contra beneficios

La retirada del apoyo público por parte del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte garantiza la apertura de los museos, pero no a qué precio, a quiénes se les garantiza y qué habrá dentro de ellos una vez se haya accedido. Un ejemplo: en El Prado hay piezas capitales que llevan casi un año fuera de la pinacoteca, en alquiler a otros museos, como el Marte de Velázquez. Cacarear un derecho constitucional en cada rueda de prensa dedicada a presupuestos no avala las condiciones en las que este se cumple.

“La gratuidad responde a una idea de lo público que en nuestro país hace mucho tiempo que ya no se da”, explica por si todavía quedaba alguna esperanza el director del MACBA, Bartomeu Marí. Cuenta que Jordi Hereu, alcalde socialista de Barcelona entre 2006 y 2011, propuso que los museos fueran gratis los domingos por la tarde, pero José Montilla –presidente de la Generalitat de Cataluña- lo rechazó porque no estaba a favor de la gratuidad. “Hoy quedan pocas cosas públicas gratuitas”.

De las cuentas del MACBA, el Ministerio de Cultura ha apartado un 16% de su aportación, la Generalitat un 15% y el Ayuntamiento de Barcelona un 5%. En 2012 tuvo un millón menos de aportación pública y creció en ingresos propios hasta dejarlos en algo más de dos millones. El MACBA no tiene ni un minuto gratis, salvo las ocasiones contadas como el día internacional de los museos, además de diversos colectivos como los menores de 14 años, los mayores de 65, parados, etc. Además, ha creado un pase de 15 euros al año para verlo todo sean las veces que sean (la entrada normal a una exposición son 9 euros).

“Los museos forman parte del aparato educativo y la gratuidad no debería tener arancel, pero cómo mantenemos estos servicios. Hoy las Administraciones Públicas se han retirado y sin nueva ley de mecenazgo la financiación privada no acudirá a cubrir ese hueco. O resolvemos la paradoja o haremos colapsar el servicio”, advierte Marí. Explica que en estos momentos su mayor preocupación es pensar en las fórmulas para atraer el dinero privado y “salvar el museo”. “Soy partidario de la gratuidad, aunque es inviable. El estado actual de la economía de los museos no nos lo permite: o aumentamos los ingresos este año o no podremos mantener la programación”.

En el museo Pablo Picasso de Málaga hay dos horas gratuitas los domingos. Su director, José Lebrero, habla sobre la supervivencia de los museos sin el apoyo público. Cree que la implicación de la sociedad no se resume en el patrocinio de grandes bancos, busca nuevas implicaciones con el ciudadano. Pero a pesar de esta situación se niega a olvidar la tradición europea del museo: “La cultura es un derecho y una función pública y los museos deben seguir buscando maneras para que las personas que no puedan acceder puedan seguir haciéndolo. Hay más de 6.000.000 de españoles que no pueden permitirse una entrada”.

Cuestión de privilegios

Una opción a la caída de aportación pública es cambiar la política de exposiciones y “buscar los blockbusters”, como el caso de Dalí en el Reina Sofía. “No es malo si se combina con otros proyectos más arriesgados”, dice Lebrero para subrayar el drástico proceso de reajuste por el que pasan los museos, más asfixiados por las cuentas que por contar. “Claro que la gratuidad corre peligro y por eso reivindico la cultura como derecho de todo ciudadano. El acceso debe ser algo igualitario”.

En el ARTIUM de Vitoria mantienen una tarifa “tú decides si pagas y cuánto pagas” los miércoles y los fines de semana posteriores a la inauguración de una exposición. Además, un bono anual de 10 euros permite la visita todo el año (la entrada son 6 euros). Javier Iriarte, subdirector del área económica del museo, aclara que mantendrán la gratuidad de la manera que sea posible y que, aunque no buscan la financiación con la entrada, “hay que poner en valor lo que cuesta el museo”.

Iriarte introduce un aspecto importante en la política de precios en relación a los objetivos de la institución: fomentará la gratuidad si el museo quiere ser un elemento educativo para la población y no lo hará si tiene un componente puramente turístico y recaudatorio. “Depende del lugar en el que posiciones al museo, la tarifa tiene mayor o menor importancia”, dice. En el caso del beneficio turístico se sitúan museos como el Thyssen-Bornemisza, que ahora y gracias al patrocinio de una entidad bancaria abre gratis cuatro horas los lunes la colección de propiedad estatal. Este museo recibe financiación pública a fondo perdido cada año.

El artista Carmelo Bermejo montó en el MARCO de Vigo una instalación en la que cobraba 13 euros por acceder. Era el precio de la entrada más cara en los museos españoles hace un año. Jugaba a denunciar la discriminación en el acceso a los museos y sólo 152 personas pagaron por ella. Fue un movimiento bastante significativo.

“La situación en las artes visuales es muy grave: vivimos un paso atrás”, asegura Iñaki Martínez, director de este museo gallego. “La cultura es importante para una sociedad y no podemos entender el acercamiento a ella como una cuestión de privilegio. Se está desmontando el sistema y no creo que sólo sea una cuestión económica”.

Por Peio H. Riaño en El Confidencial.