8 enero, 2014

Ginebra, donde el tiempo se hace lujo

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Puerta de acceso a las cercanas estaciones de esquí de los Alpes, situada a ambos lados del río Ródano y en el extremo sur del lago Leman, se asienta Ginebra, una de las ciudades con más calidad de vida del mundo y a la que no siempre se le presta la atención que merece. Una ciudad rica en historia, agitaciones, revoluciones y conflictos religiosos; que ha sabido transformar un pasado agitado en el punto de equilibrio donde se apoya el mundo. Lugar de acogida y entre otras sede de: Las Naciones Unidas en Europa, la Cruz Roja y el Cern, el mayor acelerador de partículas del mundo. Hoy, es cuna de burócratas y banqueros, directivos y celebridades; ciudad financiera y diplomática; la ciudad que ha sabido convertir el tiempo, en lujo; una ciudad que hierve de dinero.

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En tren, desde el aeropuerto y por poco dinero, llegas en apenas seis minutos a la estación de Cornavin, en la orilla izquierda del lago, en el centro de la ciudad, donde se reúne un buen puñado de museos y monumentos. La ciudad vieja, elevada por encima del resto; de calles sinuosas y empedradas, de pasajes estrechos, amplias arcadas y patios escondidos, pequeños bares, cafés, y tiendas de antigüedades que animan y dan vida al paseo.

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La interesante catedral de San Pedro mantiene la silla de que ocupaba Calvino, principal líder de la Reforma protestante, que creó el cisma con la iglesia católica. La capilla desde la cual predicaba se encuentra junto a la catedral. Sus 157 escalones te elevan por encima de la ciudad hasta la torre principal, sobre su famosa fuente de agua y desde la que se obtienen unas vistas magníficas del lago, recorrido por pequeños ferrys. La mejor manera de recorrer la ciudad es en bicicleta, mientras que el lago lo puedes bordear en tren o recorrer en elegantes barcos, como el sugerente y viejo vapor Lady of the Lake.

Copias únicas de la Biblia en el Museo de la Reforma, en la Casa Mallet, el lugar donde, en 1536, el pueblo de Ginebra votó a favor de adoptar las nuevas ideas religiosas. El magnifico hall y la gran biblioteca del palacio de las Naciones; el singular barrio des Grottes, donde algunos arquitectos emulaban a Gaudí, eliminando las líneas rectas. Carouge sigue siendo un barrio tranquilo, un refugio con un toque bohemio y diferente al resto de la ciudad, donde deambular para descubrir pequeñas tiendas con encanto, floristerías, panaderías, antiguos cafés, estudios de artistas y galerías de arte.

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por Daniel Camiroaga,VANITATIS