16 mayo, 2011

Gibraltar. Un conflicto de 300 años (III)

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Rafael Vidal
Doctor en Historia por la Universidad de Granada

LA SITUACIÓN HASTA 2005

INTRODUCCIÓN
Cada Gobierno que se turna en la vida política española, se marca como uno de sus objetivos principales la restitución de la Roca a España. No podemos hablar de “restituir la soberanía” porque en Tratado de Utrech nunca se cedió por parte española, simplemente se entregó como “propiedad”.

Fig_1_Foto_NASAEvidentemente son términos los de propiedad y soberanía algo ambiguos y más cuando se traducen a dos idiomas: inglés y español, pero sobre ellos ha girado todo el contencioso desde hace trescientos años.

El Gobierno actual, ha realizado desde el año 2004, diversas maniobras políticas y diplomáticas, entre ellas y como novedosa, la de convertir un diálogo de dos: España y Reino Unido, en otro de tres, en el cual también está representado el gobierno de la Roca.

Por supuesto no se puede hablar de éxito, y siete años más tarde llueven las críticas sobre lo realizado.

Pero no es objeto de un historiador mantener una postura ideológica, sino simplemente exponer los hechos, siempre con causas y consecuencias, y eso es lo que se realiza en este tercer episodio.

En este episodio no se analizan los últimos acontecimiento y movimientos políticos y diplomáticos, estando los datos actualizados al año 2005.

SITUACIÓN POLÍTICA, SOCIAL Y MILITAR ACTUAL
Jurídicamente Gibraltar es un “territorio autónomo dentro de la Commonwealth dotado de constitución”. Del Reino Unido dependen administrativamente una serie de territorios, que no forman parte integrantes del Reino, atendiendo fundamentalmente a su política exterior y defensa. Algunos de estos territorios son: Isla de Man. Islas Faroe; Islas de Jersey y Guernsey, Islas Anglonormandas, etc. Disponen de los poderes legislativo, judicial y ejecutivo, capacidad de emitir moneda (en Gibraltar la libra gibraltareña). Con esta determinación de territorio autónomo cumplen las resoluciones de las Naciones Unidas sobre la descolonización, aunque esta cuestón sigue siendo cuestionada.

La Constitución que rige actualmente Gibraltar data del mes de agosto de 1969, estableciéndose en ella los vínculos que unen al pueblo de Gibraltar con el Reino Unido, indicándose además que la dicha ley suprema persistirá hasta que el Parlamento británico prevea otra cosa.

Fig_2_Foto_EstrechoLa Constitución crea la Asamblea de Gibraltar (The Gibraltar House of Assembly”, constituida por un presidente (speaker), quince miembros electos y otros tres natos: el Subgobernador, el Secretario de Finanzas y el Juez Supremo, nombrados, el primero por el Foreing Office, y los otros dos por el gobernador. Los tres tienen derecho a veto.

El poder ejecutivo se articula en el “Gibraltar Council” y el “Council of Minister”, el primero con preponderancia del Reino Unido y el segundo, compuesto por el ministro Principal y entre cuatro y ocho miembros de la Asamblea. No obstante las decisiones de ambos órganos para que sean efectivas requieren el “no veto” del gobernador.

Existe también la figura del Alcalde, de carácter representativo, siendo elegido por la Cámara de la Asamblea.

A pesar de su pequeña extensión, seis kilómetros cuadrados y de su escasa población, apenas supera los treinta mil habitantes, Gibraltar tiene una activa vida política, iniciada de la mano de sir Joshua Hassan con la creación de la Asociación para el Progreso de los Derechos Civiles.

Existen partidos con una cierta tradición, aunque otros viven de acuerdo con la preeminencia que en un momento determinado tiene su líder. Durante muchos años el “Gibraltar Labour Party” (GLP/AACR) gobernó la Roca de la mano de Joshua Hassan, hasta que el Gibraltar Socialist Labour Party (GSLP), de Joe Bossano, gana las elecciones en la década de los ochenta. La intransigencia del GSLP en las relaciones con Gran Bretaña y su negativa a todo lo relacionado con España le hicieron perder las elecciones, ganadas por un nuevo partido (1996), el “Gibraltar Social Democrats”, a cuyo frente se encontraba un joven abogado, Peter Caruana, partido que aún gobierna. Otros partidos políticos: “Democratic Party for British Gibraltar” (DPGB); “Party for the Autonomy of Gibraltar” (PAG), dirigido por José Manuel Triay, uno de los más proclives a las tesis españolas y “Gibraltar National Party”, habiendo existido otros de corta vida. En los últimos años ha entrado con fuerza un partido ecologista, los “Verdes” de la mano de Liana Amstrong Jones, que puede llegar a convertirse en una referencia obligada para el resto de los partidos.

El sistema electoral vigente es sumamente curioso. De los quince escaños en juego, ocho los obtiene el partido más votado y siete el segundo, sin que dispongan de representación parlamentaria el resto. Actualmente el GSD de Caruana es la mayoritario en la Cámara, y la oposición está constituida por el GSLP. Parece que se pretende una distribución más acorde con la voluntad de los ciudadanos, de tal manera que estén representadas todas las corrientes de opinión, aunque traerá como consecuencia gobiernos más débiles.

Hasta hace relativamente pocos años el cargo de gobernador general estaba ocupado por un alto cargo de las fuerzas armadas británicas, de la máxima jerarquía, al que tras pasar a la reserva, se le recompensaban sus servicios con puesto tan preeminente y representativo. El premier Tony Blair lo sustituyó por un civil, que sigue ostentado los títulos de comandante en jefe de las fuerzas armadas y de la fortaleza de Gibraltar. El verdadero mando de las tropas estacionadas es un comodoro, rango militar muy inferior al que existía hace escasos años, que era un vicealmirante, dada la existencia del GIBMED (Mando OTAN de Gibraltar) y de la guarnición de tierra, mar y aire con que contaba. Hoy día, sin embargo, existe el regimiento territorial de Gibraltar, constituido por habitantes del Peñón, que a tiempo parcial sirven en la unidad, que a pesar de su pomposo nombre de regimiento, apenas supera la entidad de una compañía y una minibatería de artillería; y una serie de pequeñas unidades, pertenecientes a la RAF y la Navy, de apoyo logístico y operativo en el aeropuerto y base naval, apenas 700 soldados, entre los que se incluyen los llanitos, de tal manera que la seguridad de los cuarteles la realiza una compañía de seguridad civil. Aparte de posmilitares, sirven en puestos del ministerio de Defensa otros 800 civiles.

La población se divide en cuatro grandes grupos: la amalgama de españoles, malteses, genoveses, etc., es decir pueblos mediterráneos; los judíos, que disponen de gran poder y son dirigentes políticos y económicos; los marroquíes, que fundamentalmente son mano de obra, sin poder ninguno en la actualidad; y los hindúes, cuyo colectivo va en preeminencia.

HISTORIA RECIENTE DE LAS RECLAMACIONES ESPAÑOLAS
Veamos ahora un poco de la historia reciente en la reivindicación española sobre la colonia.

Terminada la Segunda Guerra Mundial, se crea la Organización de las Naciones Unidas, siendo una de sus prioridades proceder a la descolonización, solicitando a las potencias administradoras, entre ellas y como una de las más importantes, el Reino Unido, la relación de los territorios administrados, declarando a Gibraltar como “territorio no autónomo”, y por tanto a descolonizar. Este fallo de 1946 de la diplomacia británica, le produjo bastantes quebraderos de cabeza y fueron uno de los puntales en que se basó las reivindicaciones españolas.

Al poco de ingresar España en las Naciones Unidas y basándose en el criterio de descolonización, el gobierno español presentó las primeras reclamaciones territoriales. Las conversaciones bilaterales no se iniciaron hasta mayo de 1961 durante la visita oficial de sir Alec Douglas-Home a Madrid, aunque la verdad con poco éxito, dadas la característica de dilación que siempre ha empleado la diplomacia británica en el contencioso, de tal manera que el 16 de diciembre de 1965, aprueba la Asamblea General de la ONU una resolución invitando a las dos partes a entablar conversaciones fructíferas para buscar una solución al problema de Gibraltar.

En el interregno de esos años, la diplomacia británica busca los resquicios por donde reparar los daños causados en la declaración de territorio no autónomo, al que añadió “gibraltareño”, quedando definida jurídicamente Gibraltar como un “territorio no autónomo gibraltareño”, como si se tratase de un país situado a muchos kilómetros de España, y sobre el cual solo caben dos factores o dos interlocutores: la potencia administradora, es decir Gran Bretaña, y por otro los administrados, es decir los gibraltareños. Misión fue de la diplomacia española hacer ver en la ONU que no podía entenderse Gibraltar separada precisamente del Campo que lleva su nombre, siendo la separación de ambas cuestión totalmente artificial, llevada a cabo por el Reino Unido en el transcurso de los años. Esta batalla diplomática dio pie a una idea que al final no fraguó: la de creación de una provincia, que se llamaría Gibraltar, cuestión de la que se tratará más adelante.

El 16 de mayo de 1966 se reanudan, esta vez en Londres, las conversaciones entre Fernando María Castiella, ministro español de Asuntos Exteriores y su homónimo británico Michel Stewart, sin que las mismas dieran resultado positivo.

Una constante en todas los intentos diplomático anteriores, que se mantiene en los años sesenta y también en la actualidad, es que en los primeros encuentros los ingleses abren buenas expectativas, indicando que se van a tratar los asuntos más espinosos, con afán de solucionarlos, pero llevan a cabo una política de desgaste, conduciendo a callejones sin salida las distintas discusiones, echando las culpas a España de las situaciones.

Como se ha expuesto anteriormente, la idea de atraerse a la población y presentar internacionalmente el problema como un desgajamiento de un municipio de una provincia española, Fernando María Castiella, tal vez el ministro que más se ha implicado en la recuperación de Gibraltar, diseñó un nueva provincia, la novena de Andalucía, que llevaría el nombre de Gibraltar, asentada económicamente en el Polo de Desarrollo Económico y Social, que el entonces ministro López Rodó, estableció en las ciudades de Algeciras, Los Barrios, San Roque y La Línea.

La provincia se constituía con 28 municipios de la provincia de Málaga y 12 de la de Cádiz, en total dispondría de 40 municipios, 3.786 kilómetros cuadrados y 287.427 habitantes, exponiéndose en el informe que supera en extensión a otras cuatro provincias y en habitantes a nueve.

La capital se llamaría “Gibraltar” y estaría constituida por todas las ciudades de la bahía, cuyos actuales núcleos quedarían articulados en distritos de la ciudad de Gibraltar, ascendiendo la población de la misma a 153.000 habitantes.

Figura_3_buques_guerraTres comarcas se vislumbraban en la nueva provincia: la de Ronda, capital natural de la Serranía de su nombre, cuyos minúsculos pueblos se integraban en la misma, zona agrícola y ganadera por excelencia; la turística, con capital en Estepona, estableciéndose un lugar de turismo de lujo en Sotogrande, nacida bajo los auspicios de los “Centros de Interés Turístico”, que aminoraba las restricciones de la compra de terrenos por parte de extranjeros, despegue fundamental, de la mano del ministro Fraga Iribarne, de la industria turística española; por último se encontraba la zona industrial y sede administrativa, comprendiendo todo el arco de la bahía, incluyendo Tarifa.

Aquella idea de Castiella, parece que tuvo la aceptación de Franco durante unas horas, pero la presión que ejerció José María Pemán, las autoridades provinciales de Cádiz y Málaga, así como la opinión de otros organismos estatales, desaconsejaron llevar a buen término el proyecto. Esta forma de integrar a la población de Gibraltar en una administración más cercana y cálida, fracasada entonces, se pretende llevar a cabo en la actualidad, a través de los contactos directos entre la Mancomunidad de Municipios del Campo de Gibraltar y el gobierno de Gibraltar.

Volviendo a las conversaciones bilaterales, el escaso avance fue tan significativo que las NN.UU. instaron mediante una nueva resolución a proseguir las conversaciones, deplorando expresamente el retraso (VER: MINISTERIO DE ASUNTOS EXTERIORES. Documentos sobre Gibraltar. Presentados a las Cortes Españolas por el Ministro de Asuntos Exteriores. Imprenta del Ministerio de Asuntos Exteriores. Madrid, 1965. En este libro se muestra una profusa documentación y se transcriben los debates que se plantearon en el seno del Comité de Descolonización y en la Asamblea General, todo ellos favorables s las tesis hispanas).

El 10 de septiembre de 1967, a pesar de la oposición de la ONU y de España, se celebra un referéndum en Gibraltar, y en el cual, por abrumadora mayoría, los votantes se pronuncian a favor de continuar con los lazos con el Reino Unido.

No obstante España no rompió las conversaciones, estrellándose todos los intentos de acercamiento contra la pared de la diplomacia inglesa. El gobierno británico aprobó en 1968 una constitución para la población gibraltareña que trascendía con creces todas las resoluciones de la ONU, ante la cual, el gobierno español ordenó el cierre de la verja en 1969, aunque sin dar por finalizadas las conversaciones, que continuaron hasta 1973.

Se reanudan un año más tarde, en 1974, a requerimiento de las autoridades inglesas, que deseaban resolver el enclaustramiento en que se encontraban los habitantes de la colonia.

Un año después de la muerte del general Franco y caminando nuestro país firmemente hacia su democratización, vuelven las NN.UU. a urgir a las dos naciones a entablar negociaciones para resolver el problema.

Las conversaciones culminan en la declaración de Lisboa en 1980, en la cual Marcelino Oreja y lord Carrington acuerdan iniciar negociaciones a fin de solucionar “todas las diferencias”.

El 8 de enero de 1982, los jefes de gobierno británico y español, Margaret Thatcher y Leopoldo Calvo Sotelo, acuerdan la reapertura de la verja y el inicio simultáneo de conversaciones.

En este momento, los ingleses han conseguido lo que se proponían, mientras que a los españoles se les compensaba con vagas promesas de apoyo en las instituciones y organizaciones occidentales, entre ellas la OTAN.

El 27 de noviembre de 1984, gobernando en ese momento el PSOE, los ministro Fernando Morán y Geoffrey Howe, suscriben una declaración conjunta en Bruselas, por la que Madrid se compromete a levantar todo tipo de restricciones en las entradas y salidas de Gibraltar, mientras que Inglaterra acepta que se discutan “cuestiones de soberanía”, así como apoyar nuestra entrada en el Mercado Común. Como en otras ocasiones, la diplomacia inglesa presenta un caramelo bien endulzado, que es presentado ante la opinión pública española como un éxito diplomático, aunque la realidad se iba a dejar sentir no mucha más tarde.

Las presiones que ejercen los gobiernos europeos, que no desean contenciosos internos, obligan al Reino Unido a ofrecer compensaciones, en teoría de acercamiento al problema de la soberanía, acordándose la utilización conjunta y civil del aeropuerto. No obstante se introduce una coletilla por la cual la aceptación tendría que contar con el beneplácito de los gibraltareños, convencido como estaba la diplomacia inglesa que no se daría, aunque ingenuamente los españoles volvieron a presentar como un éxito el acuerdo alcanzado.

Finaliza la década de los ochenta y se inicia la de los noventa, con los grandes cambios en el Este de Europa y la caída del Muro de Berlín. España ha consolidado su posición en la OTAN y asume como uno de sus compromisos el control del estrecho de Gibraltar, por lo que el gobierno británico, presenta como una concesión la reducción drástica de efectivos militares en la Roca, cuando en realidad es consecuencia del despliegue estratégico de la Alianza Atlántica.

Las conversaciones, aunque se mantienen durante toda la década, no progresan un ápice.

El 24 de enero de 2001, en plena crisis del submarino nuclear “Tireless”, y dadas las buenas relaciones existentes entre Tony Blair y José María Aznar, el ministro español de Asuntos Exteriores manifiesta a su colega británico, Robin Cook, la exigencia de que se reanude el diálogo sobre las bases de lo acordado en Bruselas, es decir tocando el tema de la soberanía.

El gobierno de turno “vende” a la opinión pública española, que las conversaciones marchan por buen camino, que dadas las características de lo que se discute, los avances serán lentos pero firmes, y que el objetivo es alcanzar una situación de cosoberanía o soberanía compartida.

En marzo de 2004 se produce la llegada al gobierno del partido socialista, y como en tantas otras ocasiones, el ministerio de Asuntos Exteriores, plantea como uno de sus objetivos prioritarios la resolución del contencioso de Gibraltar.

De los contactos entre Straw y Moratinos parece desprenderse que se ha querido dar un nuevo giro a la política sobre Gibraltar, sin que España haga dejación de su postura sobre la soberanía del territorio. La clave radica en considerar a Gibraltar como un municipio más de la comarca del Campo de Gibraltar, integrándose en la Mancomunidad de Municipios existente y compartir con ellos una serie de servicios comunes.

El ministerio de Asuntos Exteriores español, a través de su dirección general sobre Europa entabla contactos con políticos gibraltareños, entre ellos, el ministro principal Peter Caruana, de tal manera que les ofrece su participación en las conversaciones bilaterales entre los dos estados, vieja reivindicación de Gibraltar, que consideraba que las reuniones tenían que ser trilaterales, al considerarse ellos que tenían capacidad jurídica internacional. En principio al acuerdo que se llegó es que el gobierno de la Roca participara con voz pero sin voto y sin el reconocimiento de una tercera parte.

La idea base, que como punto de partida era buena, era la de incrementar el conocimiento mutuo y la cooperación local, de tal manera que ese odio visceral contra España, que no contra los españoles, de los habitantes del Peñón, se fuera diluyendo y dejado atrás, comprendiendo los beneficios que les reporta su pertenencia a una mancomunidad de municipios, para de esta forma y transcurrido como mínimo una generación, se pudiera volver a plantear el tema de la soberanía compartida, o incluso algún estadio superior de vinculación con España.

Se constituyó un comité conjunto entre el gobierno de Gibraltar y la Mancomunidad de Municipios, disponiéndose en la agenda los siguientes asuntos:

  • Solución al problema de las pensiones de los antiguos trabajadores españoles.
  • Protección del medio ambiente, principalmente en el tema de los vertidos a la bahía.
  • Servicio de aguas.
  • Sanidad.
  • Uso conjunto del aeropuerto.
  • Consorcio de transportes.

También se introdujo el tema del control de fronteras, cuestión que considera este autor de difícil solución a un nivel comarcal, dado que la frontera de Gibraltar es de la Unión Europea, ni siquiera de España, dado que en la Roca no se aplica la legislación de entrada de personas, ni de mercancías, imperante en el resto de los países de la Unión.

CONCLUSIONES
Los historiadores tenemos como función investigar el pasado para saber qué ocurrió verdaderamente. El conocer nuestra vida anterior es un patrimonio de los pueblos y de la humanidad. Pero este conocimiento sería incompleto y la labor de los historiadores quedaría vacía, si al mismo tiempo no se extrajeran conclusiones y nos presentáremos como pedagogos, como enseñantes de la sociedad y de sus clases dirigentes, con objeto de que los errores del pasado no vuelvan a darse.

Hace algún tiempo exponía en una universidad el tema del terrorismo español en el siglo XIX, y muchos de los presentes se sorprendían que algunas actividades terroristas y algunas actitudes, se hubieran podido dar en el pasado, repitiéndose en el presente, sin haberse aplicado lo que modernamente se habla como “lecciones aprendidas”.

Los españoles nos hemos equivocado muchas veces, me imagino que también otros pueblos lo hacen, el caso de Gibraltar es paradigmático. Hemos tenido siempre una finalidad, su recuperación, pero nunca hemos seguido la misma línea, al revés cada vez reinventábamos el procedimiento. Los ingleses, sin embargo, su finalidad ha sido no entregar el territorio, y sus gobiernos, fueran del signo que fueran siempre han seguido la misma trayectoria.

La secuencia de cómo se ha desarrollado una ronda de conversaciones sobre Gibraltar siempre ha sido la misma. El Reino Unido, en todas las ocasiones, ha planteado que se pretende tratar el máximo de temas para solucionar tan espinoso asunto, siendo esta presentación cuando se ha sentido presionada por organismos internacionales o por su propia debilidad.

Estas situaciones han sido las siguientes:

  • En 1721 por su problemas comerciales, necesitados urgentemente de las “Cédulas de Asiento”.
  • En 1727, consumada la quiebra comercial de las compañías inglesas, unido a la carcoma de la flota y el apresamiento del buque “Príncipe Federico”, que llevaba más de dos millones de libras esterlinas en sus bodegas.
  • Conversaciones con España a partir de 1950, en el proceso de descolonización hasta 1969.
  • Acuerdo de Lisboa, por el que el Reino Unido pretendía “liberar” a los sufridos habitantes de Gibraltar del encierro al que estaban sometidos desde hacía 11 años. La contrapropuesta británica de apoyar la integración de España en la OTAN fue en realidad un “farol” que nuestros diplomáticos no supieron vislumbrar, de hecho se entró en la Alianza en plena crisis de las Malvinas, no se retiraron las restricciones y no hubo oposición al ingreso por parte inglesa, bien es verdad que EE.UU. apoyaba plenamente la integración y el Reino Unido era incapaz en aquel momento de contradecir a su “primo americano”.
  • Al acuerdo de Bruselas llegaron los británicos tras comprobar que el costo que para sus arcas conllevaba el mantenimiento de Gibraltar era demasiado pesado en momentos de crisis económica, pretendiendo que la colonia se convirtiera en un próspero centro de negocios. El autor, en aquel momento capitán-comandante de estado mayor en el gobierno militar del Campo de Gibraltar, comprobó personalmente los beneficios que reportaron las concesiones españoles, adquiriéndose numerosas propiedades por parte de sociedades fantasmas, radicadas en Gibraltar, que aunque se configuraban como anónimas, daban plenos poderes a una persona para disponer de la compra como quisiera. En la actualidad el centro financiero llanito ha decaído mucho y de hecho se reducirá aún más si se le aplicase la normativa en vigor de la Unión Europea. Determinados medios acusaron veladamente a los gobiernos español, inglés y gibraltareño de fomentar determinadas actividades ilícitas, principalmente el contrabando de tabaco. Puede parecer paradójico, pero en aquellos años, una parte de la población de la Línea de la Concepción, vivía de ello.
  • A partir de que determinados países de la Unión Europea llegaron al acuerdo de Schengen, Inglaterra se ha sentido presionado a las conversaciones bilaterales, ya que Gibraltar es para ello, al ser frontera de la Unión, la principal causa de no poder ingresar y disponer para su uso de las inmensas bases de datos de todos los estados firmantes. Así mismo se encuentran presionados por los propios gibraltareños que quieren como es lógico incrementar su nivel de vida, habiendo llegado al límite de sus ingresos por turismo.

Por su parte los diplomáticos españoles nunca han estado a la altura de las circunstancias, ya que cada gobierno ha iniciado los contactos con el Reino Unido, dando tabla rasa a todo lo anterior, todo lo contrario a sus homónimos ingleses, que han ido recogiendo los alcances que cada gobierno, fuera laborista o conservador, han ido consiguiendo con el transcurso del tiempo.

Fig_4_buques_guerraInglaterra recurre desde hace setenta años al respeto a las decisiones del pueblo gibraltareño. Anteriormente nunca lo había esgrimido porque tal pueblo no existía, pero han sabido crear un sentimiento de pertenencia a una comunidad, fomentando la aversión a todo lo español.

El camino que se ha iniciado es el de fomentar la integración de Gibraltar en el entorno poblacional del Campo, siendo un remedo de lo que pretendió en su momento Fernando María Castiella y que las rencillas internas frustraron. Puede ser un buen camino, siempre que desde la Mancomunidad de Municipios se disponga de ideas claras y sean capaces de “torear” con políticos tan avezados en las argucias como son sus homónimos gibraltareños. La potenciación económica de la zona; la utilización de los servicios sanitarios; el fomento de la vida fuera de la Roca; la mejora de los transportes; la creación de un Universidad o similar en pleno Campo, para que los jóvenes de ambos lado de la verja se conozcan y estudien conjuntamente; el aumento de los matrimonios entre españoles y gibraltareños; etc., pueden hacer que transcurridos unos años, al menos dos generaciones, la antipatía que manifiestan hacia España se vaya diluyendo. En este sentido cabe señalar que gran parte de la cultura de los gibraltareños es hispana: les gusta las corridas de toro y son forofos del Barcelona o del Real Madrid, incluso asisten entusiasmados a los partidos de futbol de al Balompédica Linense. A cambio, la diplomacia española debe intentar que se permita votar en las elecciones a todos los gibraltareños, sean o no residentes en el Peñón, cuestión que hasta la fecha sólo pueden efectuar los que mantienen su residencia en el mismo.

Cualquier posición de partida es buena, siempre que se mantenga, que no suceda que cuando cambie el signo político del gobierno de Madrid, de nuevo se vuelva a empezar, aunque lo conseguido por los gibraltareños y por ende por los ingleses, se mantiene.
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Málaga, 7 de abril de 2011