5 abril, 2011

Gibraltar. Un conflicto de 300 años (I)

Cabecera_Recuadro_Gibraltar

Rafael Vidal
Doctor en Historia por la Universidad de Granada

NTRODUCCION
Figura_1_Maqueta_Gibraltar_Museo_NavalEspaña es una vieja nación rica en Historia. Es difícil evaluar el momento en que se inició el sentimiento colectivo de pertenencia a un mismo pueblo, pudiéndose tomar como referencia a la “Hispania romana”, la cual aunque dividida en varias provincias administrativas se consideraban unidos por lazos espirituales, a más de los de integración en el imperio de Roma.

Son tantos y tan variados los acontecimientos vividos por los españoles, que podemos celebrar o recordar, todos los días algunas escenas del pasado que marcaron una huella en nuestra historia. En estos años que transcurren entre 1808 y 1814, recordamos a la guerra de la Independencia española, esa lucha titánica contra la tiranía napoleónica y entre 1810 y 1824 la larga guerra por la Emancipación de nuestros hermanos de América.

Anteriormente habíamos celebrado, en 1992, el V aniversario del descubrimiento de América y en 2004, dos centenarios, tal vez no tan importantes, pero sí significativos, como fueron el V centenario de la muerte de Isabel I la Católica y el tercero de la caída de la plaza de Gibraltar en manos británicas, herida que permanece abierta en la piel de los españoles y que seguramente seguirá sangrando por muchos años más.

En ese año de 2004 fui convocado para hablar de ambos acontecimientos, principalmente del segundo, sobre el cual había investigado, escrito y disertado en reiteradas ocasiones, teniendo la satisfacción de que un trabajo compartido con dos ilustres escritores/tratadistas/historiadores, el contralmirante Salgado Alba y el general Uxó Palasí, junto con el comandante Vidal Delgado, graduación militar entonces del autor de estas líneas, al que se tituló “Gibraltar”, fue utilizado como documento técnico, por la diplomacia española, en algunas conversaciones bilaterales con el Reino Unido, siendo los dos trabajos de Rafael Vidal: “Esfuerzos diplomáticos españoles para la recuperación de Gibraltar” y “Gibraltar, política de la mancha de aceite”, publicados en la revista “Ejército”, número 619 de agosto de 1991.

De aquel esfuerzo de 2004, surgen tres episodios que vamos a presentar en Recuadro de la Historia de Protecturi, refiriéndonos en el primero a la historia bélica, a la pérdida de la plaza española y a los intentos militares por su recuperación; en el segundo se efectuará una radiografía de la población gibraltareña, viendo su evolución durante trescientos años y las pretensiones y esfuerzos diplomáticos para recuperar Gibraltar mediante el diálogo y la persuasión; y el tercero trataremos de la situación actual, fijando la última actualización en 2004, plasmando un acontecimientos poco conocido, como fue el intento del entonces ministro de Asuntos Exteriores, Castiella, de crear una nueva provincia con el nombre de Gibraltar, desgajando comarcas de las provincias de Cádiz y Málaga, existiendo datos fidedignos que fue aprobada por un decreto de Franco, pero que antes de su publicación en el BOE fue anulado.

Con estos tres episodios podemos contemplar con otra perspectiva la situación de Gibraltar: “espina clavada en el costado de España”, tal como expuso Napoleón al conde Las Cases en su destierro en Santa Helena.

LA PÉRDIDA DE GIBRALTAR
Tarea ardua la que se presenta la de resumir todas las vicisitudes de Gibraltar, desde que en agosto de 1704 se perdió para España, hasta nuestros días.

Figura_2_Carlos II_Carreno_RealALcazarMadridNo vamos a efectuar un prolijo relato de la guerra de Sucesión, únicamente resaltar que en su lecho de muerte, el rey “hechizado”, Carlos II, declaró heredero de la Corona al hijo del Gran Delfín de Francia y nieto de Luis XIV, Felipe de Anjou o de Borbón, que comenzó a reinar como Felipe V.

Algunos de los reinos que integraban España no lo reconocieron como tal, dado que su candidato era el archiduque Carlos de Austria, de la misma familia que había gobernado desde 1517. No solamente reinos, sino también parte del ejército, se decantó por el archiduque, Carlos III, para sus partidarios.

Inglaterra y Holanda se aliaron con el imperio austriaco contra Francia y España, prestando sus flotas para dominar los mares.

Recientemente en un congreso internacional sobre la pérdida de Gibraltar, celebrado en la ciudad de San Roque, se culpaba al capitán general de Andalucía, don Francisco del Castillo Fajardo, marqués de Villadarias, por su falta de visión al no atender las llamadas de auxilio de don Diego Salinas, general que gobernaba la plaza de Gibraltar, motivo por el cual, éste tuvo que rendirse, al disponer únicamente de una guarnición de algo más de cien hombres y cuatrocientos ciudadanos armados.

En realidad, eso es simplificar el problema y no analizar la situación militar de España. El ejército español se encontraba muy debilitado y disminuido, encontrándose en una situación calamitosa desde los tiempos de Felipe IV, es decir desde hacía más de cuarenta años. Las tropas a disposición del capitán general apenas superaban los diez mil hombres, teniendo que atender a la defensa de toda la actual Andalucía occidental. La flota británica ya había realizado amagos contra Cádiz y Rota, incluso había desembarcado una fuerza que fue rechazada por Villadarias. La demostración que hizo la flota sobre el Estrecho, le pareció al capitán general, más que un intento de ocupación de la Roca, una operación de decepción, previendo que tras desplazar el ejército a la zona, los ingleses desembarcarían en las costas atlánticas, para de esta forma avanzar sobre Sevilla, posibilidad estratégica que había que tener en cuenta y que era mucho más peligrosa que la conquista de una fortaleza como la gibraltareña.

La realidad fue que la flota comandada por el almirante inglés Rooke, que embarcaba una fuerza combinada, al mando del príncipe Jorge de Hesse Darmstadt, que había estado al servicio de Carlos II y ahora a las del archiduque Carlos, después de un intenso bombardeo y el desembarco en el istmo y en Punta Europa, donde tomaron por rehenes a mujeres y niños, conminó a la capitulación de la ciudad. Diego Salinas, tras consultar a las autoridades civiles, aceptó las cláusulas de la rendición.

Figura_3_Felipe_V_Ranc_PradoExiste puntos oscuros a partir de la rendición, ya que se no consignaba en ningún punto de las capitulaciones que la población civil tuviera que abandonar la ciudad, al revés se expresaba que podían permanecer en ella, tanto sus moradores como los oficiales y soldados, aceptando la soberanía del nuevo rey. De hecho, durante los doce años que duró la contienda, hubo muchas ciudades españolas que se rindieron a las tropas del titulado Carlos III, sin que las mismas fueran abandonadas por su población. ¿Por qué ocurrió de esta forma en Gibraltar?

Se dice, que el almirante Rooke, arrió la bandera del archiduque para izar la de la reina Ana, en realidad lo que hizo fue ondear la bandera británica al lado de la otra, de hecho el príncipe de Hesse quedó como primera autoridad política, sostenido, eso sí, por una guarnición con mayoría extranjera, aunque también había tropas españolas, principalmente catalanas. ¿Pero es que era algo raro en los ejércitos la procedencia extranjera de los soldados cuando no existía el reclutamiento nacional?

Al abandonar Hesse, para marchar sobre Barcelona, designó para ocupar el puesto de gobernador a un irlandés católico, Henry Nugent, al servicio de España desde hacia bastantes años, habiéndole concedido Carlos II los títulos de conde de Valdesoto y vizconde de Collambres. Al general Nugent le sucedió un nombre español, el marqués de Ahumada. El primer sitio, acaecido desde finales de 1704 a principios de 1705, obligó a designar a un militar, recayendo en el británico, Shripton, aunque eso no fue óbice para que en el último año, el propio Carlos III desembarcara en Gibraltar, siendo la primera de las ciudades españolas que rendía pleitesía al nuevo monarca. En 1707, restablecida en cierto modo la tranquilidad, vuelve a recaer el gobierno de la ciudad en el mariscal español Ramos. En 1709 hay cambio de gobernador, pasando en esta ocasión al coronel inglés Elliot, y posteriormente al general Stanwix, cuando ya toda Europa se decantaba por la paz, presionando en este sentido Gran Bretaña, que no aceptaba que el mismo Habsburgo se sentara en los tronos del imperio y España.

El tratado de Utrech firmado en 1713, recogía como hecho consumado la usurpación británica sobre Gibraltar, especificando que se cedía la propiedad de la fortaleza, pero no su soberanía. Por ello hay que aclarar que la guarnición española, al mando del general Salinas, no se rindió a los ingleses, sino a los españoles que apoyaban al archiduque.

EL PRIMER SITIO
Nada más enterarse Felipe V de la caída de la plaza, ordenó a Villadarias que procediera a su reconquista, organizando éste un ejército donde se encontraban lo más florido de los generales españoles, la mayoría de ellos grandes de España: duque de Osuna, marqueses de Aitana, Valdesevilla (Figueroa), Paterná y Castelfuerte y condes de Aguilar y Pinto, son algunos de los que nos ha llegado el nombre.

Lo más granado de las unidades españolas también participaron en el sitio:

  • Provincial de los Amarillos Viejos, fundado en 1674, pasando a ser el Provincial de Guadalajara en 1707.
  • Granada, denominándose regimiento de Granada en 1707.
  • Provincial Nuevo de Murcia, fundado en 1694.
  • Provincial Nuevo de Valladolid, fundado en 1694, transformándose en tercio de los Verdes Nuevos en 1700 y regimiento de Valladolid en 1701, siendo su maestre de campo, don Francisco Díez Pimienta.
  • Valdesevilla, fundado en 1702, denominándose poco después tercio de Antequera, siendo su maestre de campo don Alfonso José Sánchez de Figueroa Silva, marqués de Valdesevilla.
  • Guardia Españolas, fundado el primero de mayo de 1704, siendo su primer coronel el marqués de Aytona.
  • Guardias Walonas.
  • Costa de Granada, fundado en 1658 y regimiento de la Costa en 1707, se incorporó el primero de enero de 1705 al ejército de Villadarias.
  • Tercio de los Colorados Viejos, transformado en regimiento Osuna en 1703 y posteriormente en regimiento Sevilla. Su coronel en el sitio de Gibraltar era don Antonio Sánchez de Figueroa Silva, hermano de don Alfonso.
  • Regimiento de Milicias de Córdoba, compuesto de 23 compañías de milicias y 1.500 hombres, al mando del corregidor don Francisco Antonio de Salcedo y Aguirre, aunque el coronel efectivo era su hijo, niño de 10 años, Antonio de Salcedo. Este conjunto tuvo una actuación dolorosa y decepcionante, con 200 muertos y una deserción masiva.

Los datos han sido extraídos de los historiales de los cuerpos y en la actuación de regimiento de milicia de Córdoba de la ponencia del historiador Contreras Gay, presentada en las X Jornadas Nacionales de Historia Militar.

Figura_4_FteSantiagoPor parte francesa, una flota de más de diez navíos, al mando del barón de Pointis, el que pocos años antes había saqueado Cartagena de Indias, y un nutrido número de expertos militares, apoyó las operaciones del sitio.

Sin embargo las desavenencias entre franceses y españoles, la falta de coordinación, y las malas condiciones meteorológicas, que diezmaron las filas de los regimientos, hicieron fracasar la primera fase del sitio, siendo sustituido Villadarias por uno de los mejores generales de la época, el mariscal de Tessé, que nos ha dejado unas interesantes memorias sobre las operaciones, y que desde el primer momento aconsejó a Felipe V abandonar el sitio, por hacer falta el ejército en otros lugares amenazados.

ENTRE LOS DOS PRIMEROS SITIOS
A partir de 1713 reina la tranquilidad en la zona, aunque durante esos años se consolida la figura del comandante general del Campo de Gibraltar como jefe político y general en jefe del ejército, manteniéndose el sitio sobre la plaza, permaneciendo de la misma forma hasta la guerra de la Independencia.

Al otro lado del Estrecho, Ceuta se defendía del sitio que desde finales del siglo anterior, llevaba a cabo, con la ayuda inglesa, el sultán de Marruecos, siendo vital el apoyo que se le prestaba desde la bahía de Algeciras, que fue, a requerimiento del marqués de Verboon, artillada con numerosas baterías, unidades que aún permanecen en la zona, en otras ubicaciones y con distintas denominaciones, pero puede decirse que con ellas nació el concepto de control del Estrecho.

El casamiento de Felipe V con Isabel de Farnesio, trastocó la política exterior española, al pretender la nueva reina que hubiera reinos italianos para su prole, cerrada la posibilidad de acceder al de España por la existencia de dos hijos del primer matrimonio del monarca: Luis y Fernando. El alejamiento del teatro de operaciones de la Península a Italia, no hace decaer la voluntad real de recuperar Gibraltar sobre la base de una victoria militar contra los ingleses y sus aliados.

EL SITIO DE 1727
No quedaba otra opción que la militar, pero el intento se efectuó sin apoyo exterior, estando España sola contra todas las potencias, aunque solamente algunas eran beligerantes.

El conde de las Torres y posteriormente el conde de Montemar, fracasaron en el intento, aunque no fue una derrota militar, sino política, al obligarse a Felipe V, incluso con la presión de Luis XV de Francia, a que abandonara cualquier acto de hostilidad.

Tras el sitio, reivindicó la corte de San Jaime, otra de las facetas que va a mantener a lo largo de los años, el de ampliar el espacio gibraltareño, con la interpretación de que en el tratado de Utrech se cede una fortaleza, lo que presupone que se hace con todas las defensas inherentes a la misma, ocupando dos  viejos edificios: la torre del Diablo y el Molino de Poniente, lo que obliga a España a construir otra fortaleza con las mismas pretensiones, la llamada Línea de Contravalación, cerrando el istmo con los fuertes de Santa Bárbara y San Felipe y otros puntos fuertes intermedios. La presión de los cañones hace retroceder a las murallas primitivas a la guarnición inglesa.

VICISITUDES HASTA EL GRAN SITIO
Todo el siglo XVIII es un puro conflicto europeo, de tal manera que los años de verdadera paz se hacen escasos. España, siempre aliada con Francia, no renuncia a la recuperación de los territorios de Menorca y Gibraltar, lo que le llevará a enfrentarse continuamente con Inglaterra.

Como anteriormente, la diplomacia británica navega entre dos aguas, existiendo períodos que ofrece la devolución de la Roca a cambio de paz, para a continuación romper lo pactado o interpretar la letra a su manera. Pero una cosa es clara, la fortaleza permanece con los mismos límites que los firmados en Utrech.

Figura_5_CarlosIII_FdoVI Prado_NavalEl Campo de Gibraltar era un inmenso campamento, consolidándose los asentamientos, como aún hoy en día permanecen del poblado de Campamento y el Cortijo de Buenavista. Los más prestigiosos generales españoles son nombrados comandantes generales, unas veces, dependiendo de la capitanía general de Andalucía y otras directamente del gobierno de la nación. Francisco Escobar, conde de Mariano, Diego Ponce de León, Francisco Bucarelli y Ursúa, marqués de Wanmark, Luis des Balbes de Berton de Quiers, Diego Tabarés Ahumada, Joaquín Mendoza y Pacheco y Martín Álvarez de Sotomayor, entre otros se suceden al mando de la comandancia, hasta que al último citado se le ordena activar de nuevo el sitio sobre Gibraltar, y se expone “activar”, porque en realidad el sitio se había mantenido a lo largo de los años.

Un ejército de más de veinte mil hombres desplegó España en la zona. Desde las baterías de la línea de contravalación se bombardeaba intensamente la plaza, y desde las de la costa se dificultaba el aprovisionamiento de la misma, sin que pudiera impedirlo. Una salida afortunada del gobernador inglés Elliot, destruyó parte de las fortificaciones hispanas, aunque a costa de grandes pérdidas fueron al fin rechazados, pero el desprestigio de Álvarez de Sotomayor se hizo patente, siendo destituido y reemplazado por el duque de Crillon.

No compartía el duque francés las esperanzas de la reconquista, considerándolas más dificultosas que la de Menorca, siendo en cierta manera obligado a ponerse al frente de las tropas.

La bahía de Algeciras se convirtió en el campo de batalla con las famosas baterías flotantes, inmensos armatostes diseñados por un ingeniero francés, artillados con cañones de grueso calibre y tremendamente protegidos para impedir la perforación de sus costados. Se consideraban también inmunes al fuego, pero la realidad es que terminaron ardiendo ante los ojos espantados de los españoles y los gritos de alegría de los ingleses. Solamente el almirante español, Barceló, inventor de las lanchas cañoneras, pudo poner un poco de orden ante tanto desastre en el mar.

A la postre la paz se firmó. Inglaterra tuvo que reconocer la independencia de sus colonias americanas, pero a pesar de su debilidad aparente se niega a incluir Gibraltar en ningún apartado del tratado, ni siquiera como una referencia testimonial. El mundo quiere paz y nuestra diplomacia tiene que doblegarse.

GUERRAS DE LA REVOLUCIÓN Y DEL IMPERIO. LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA
La ejecución de Luis XVI obliga al gobierno español a entrar, en 1793, en alianza con el Reino Unido en su lucha contra la Convención francesa. Dos años más tarde las tropas revolucionarias ocupaban San Sebastián, Bilbao y Vitoria, firmándose la paz de Basilea en 1796 y un año más tarde el Tratado de San Ildefonso, una copia de los antiguos pactos de familia, de tal manera que de nuevo nos encontrábamos en guerra con la tradicional enemiga, Inglaterra.

Figura_6_Escenas_Gran_Sitio_GibraltarLa guerra iniciada en 1797 no podía empezar peor para los intereses españoles, siendo nuestra escuadra derrotada por el almirante Jarvis en la batalla del cabo San Vicente, compensándose en parte con la defensa de Cádiz, frente a Nelson y la gloriosa batalla terrestre-naval de Santa Cruz de Tenerife.

Como en tantas otras ocasiones, el gobierno francés alcanza un acuerdo de paz con el Reino Unido, por supuesto al margen del español, quedando en una situación desairada el propio Godoy, que es cesado.

La situación de aparente paz no iba a ser duradera, Napoleón alcanza el poder en el país vecino y reclama la vuelta de Godoy y que la flota española, la única cosa que desea de España, se una a sus intereses, firmándose el 13 de febrero de 1801 el Tratado de Aranjuez.

El primer Cónsul organizó una escuadra en Tolón que puso al mando del almirante Ganteaume, el cual ordenó que una división al mando de Linois, se aproximara a Cádiz para unirse a la escuadra española del almirante Moreno, para juntas, penetrar en el Mediterráneo, batir a la inglesa y poner rumbo a Egipto para repatriar al ejército que allí había dejado Bonaparte.

Pero los ingleses no iban a permitir la unión de tan potente flota, por lo que siguen los pasos a Linois, con una división al mando de Saumarez, obligándole a refugiarse en la bahía de Algeciras, desde envía aviso por tierra a Moreno, para que se le una en dicho lugar.

Saumarez no puede dejar pasar la oportunidad de batir a los franceses, cuyo almirante, ante la superioridad manifiesta del enemigo, ordena acercarse a la orilla para estar bajo la protección de las baterías de costa.

Saumarez desprecia las posibilidades españolas y ello le iba a acarrear la derrota. La batería de Fuerte Santiago desarbola y obliga a embarrancar al navío Hannibal, mientras que el resto de las baterías rechazan el ataque británico. En las crónicas del periódico Gibraltar Chronicle, uno de los más antiguos de Europa, que aún se edita, se recoge la expectación de los habitantes del Peñón y de Algeciras ante la batalla terrestre naval.

Sin embargo la victoria frente a Gibraltar, acaecida el 2 de julio de 1801, va a tener un final inesperado pocos días más tarde, el navío inglés “Soberbio” lleva a cabo un ataque audaz sobre el dispositivo naval hispano-francés en el Estrecho, de tal manera que se introduce entre dos de los navíos más grandes y poderosos de aquel tiempo, el “Real Carlos” y el “San Hermenegildo”, que al sentirse atacados en la oscuridad de la noche, inician un terrible bombardeo sobre el supuesto contrario, que gracias a su ligereza, se encontraba fuera de alcance, masacrándose los dos navíos españoles en una lucha fratricida, de la que se dan cuenta al amanecer, cuando se están hundiendo, pereciendo más de dos mil compatriotas.

Estos dos acontecimientos han sido recogidos por este autor en su libro “El fuerte de Santiago y la batalla de Algeciras”, editado en el año 2001, como conmemoración del doscientos aniversario de la victoria de la artillería de costa sobre una flota enemigo.

En 1808, Napoleón se quita la careta, ya no desea la alianza de España, cuya flota ha sido destruida en Trafalgar, sino que ahora quiere convertirla en satélite del imperio. Castaños firma un acuerdo con el gobernador británico de Gibraltar, negándose a sus requerimientos de ocupar con tropas inglesas las plazas de Cádiz y Ceuta.

Durante toda la guerra, Gibraltar juega un papel trascendental en todas las operaciones que se produjeron en el cono sur de la Península. Ante la llegada de los imperiales al Campo, el gobernador Colin Camphell, ordena demoler todas las fortificaciones del istmo y las distintas baterías de costa, con el pretexto de que no sirvieran para atacar la plaza. A partir de ese momento puede decirse que el “sitio” permanente sobre Gibraltar deja de existir.

En este punto termina la historia militar sobre Gibraltar, que ya no se verá sometida a ninguna presión bélica, intentado su recuperación, los distintos gobiernos españoles por la vía diplomática.

Rafael Vidal
Málaga, 17 de marzo de 2010

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