29 enero, 2015

Finaldi guarda silencio sobre su nombramiento en la National Gallery

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“Será la National Gallery la que haga el anuncio. Yo no puedo ni quiero decir nada antes de que ellos lo comuniquen”. Con esta escueta frase ha zanjado Gabriele Finaldi, director adjunto del Museo del Prado, su inminente nombramiento al frente del museo londinense. Finaldi respondía así a la pregunta de si se le podía ya felicitar por su nuevo cargo. Ocurría en la presentación por parte del Prado de la Biblioteca Juan Bordes, un valiosísimo conjunto de 600 manuales utilizados por los grandes artistas para su formación, de los siglos XVI al XX, por los que el museo ha pagado alrededor de un millón de euros. El lote incluye la donación de un cuaderno de dibujos del taller de Rubens considerado como el ejemplar más próximo al original perdido del artista y en el que se guardan dos dibujos del artista barroco.

La presentación de la Biblioteca Bordes, en el Casón del Buen Retiro, lugar de trabajo de Finaldi, tenía todo el aire de tratarse de uno de los últimos actos protagonizados por el director adjunto. Como en las grandes ocasiones, le acompañaba el director del Museo, Miguel Zugaza, aunque solo en calidad de oyente, y una buena parte del equipo de conservadores de la pinacoteca. Sin embargo, Finaldi respondió que “en absoluto” se trataba de su última presencia y, entre sonrisas, recordó que tiene pendiente otras citas, por ejemplo, la exposición de las tablas de Van der Weyden prevista para primeros de marzo.

Mientras las láminas más bellas extraídas de los manuales se iban proyectando en varias pantallas, Finaldi recordó que este conjunto bibliográfico se une a las bibliotecas especializadas que el museo ha adquirido los últimos años. Citó la biblioteca Corvelló, especializada en Teoría del Arte; la Biblioteca Correa, dedicada al grabado y el libro ilustrado; la Madrazo, un ejemplo de uso por parte de una familia artística; las de Julián Gállego y José Álvarez Lopera, ejemplos de bibliotecas de historiadores de arte, y la biblioteca del escritor Félix de Azúa, centrada en la Estética y la Filosofía del Arte. Todas ellas están en el Casón a disposición de los investigadores. El mismo destino tendrá el conjunto de libros ahora adquiridos, una vez que hayan sido clasificados.

Juan Bordes, (Las Palmas de Gran Canaria, 1948), escultor y académico de Bellas Artes, cuenta que su colección de libros es producto de una búsqueda y dedicación incesante realizada durante tres décadas. De la importancia de su colección habló en el libro Historia de las teorías de la figura humana. El dibujo, la Anatomía, la Proporción, la Fisionomía (Cátedra, 2003). Los 600 volúmenes son tratados en los que los artistas se han fijado a lo largo de la historia para realizar sus obras. “Durante mucho tiempo, no se les daba el valor que tienen y los libreros vendían las láminas sueltas a los decoradores. Por eso algunos están incompletos y otros necesitados de restauración”.

¿Le da pena desprenderse de todos estos libros? “Ninguna”, responde. “El Prado es el mejor destino posible para ellos y yo los podré consultar cuando lo necesite, como todos aquellos que estén interesados”.

De la importancia del cuaderno de Rubens, conocido como Manuscrito Bordes, habló Alejandro Vergara, jefe de Conservación de Pintura Flamenca y Escuelas del Norte del museo. “El original desapareció en un incendio. Sabemos que cuatro manuscritos recogieron el contenido del original y este es uno de ellos. El Prado contiene la mejor colección de pinturas de Rubens. Ahora, gracias a este cuaderno, tenemos también todas sus teorías sobre estética. Y con el impresionante regalo de dos dibujos de Rubens incluidos en esas páginas”.

El museo ha dado a conocer otras adquisiciones para la ampliación de sus fondos. Con cargo al presupuesto de 2014, han comprado a la familia Várez Fisa el Tríptico del Nacimiento de Jesús, conocido como el Maestro del tríptico del Zarzoso, obra maestra del gótico r. cparte del Ministerio de Cultura, se añaden diez obras, entre dibujos, miniaturas y pinturas como Cristo sentado en la piedra fría, de Juan de Flandes; San Pedro, de Juan de Juanes y San Francisco predicando a las aves, de Juan Carreño Miranda.

Por Ángeles García en El País.