14 mayo, 2010

Fernando VII, ante un campamento

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Laura Pais Belín

Localización: Museo del Prado.

Autor: Francisco de Goya y Lucientes.

Cronología: Después de 1815.

Técnica: Óleo sobre lienzo.

A finales del siglo XVIII, Goya es nombrado pintor de cámara. Muy pronto conseguiría tener fama de gran retratista, convirtiéndose no sólo en pintor del rey, sino también de la aristocracia y de los grandes intelectuales y artistas de la época.

01_Joya_Fernando_grandeHabía llegado a profundizar en el género del retrato ya desde la década de 1790 y su estilo, en evolución continua, traza una trayectoria personalísima.
Un estilo que se fue configurando lentamente. Rechazaba lo accesorio para concentrarse en lo importante, la captación psicológica del personaje, convirtiéndose en un pintor de habilidad excepcional a la hora de plasmar la personalidad del modelo y su situación social. Y todo ello unido a una técnica increíble a la hora de captar las transparencias, la ligereza de los tejidos y su volumen, así como una gran maestría a la hora de manejar la luz y la captación del aire.

En los retratos de los miembros de la monarquía se muestra muy crítico: lejos de la idealización, muestra la aversión que algunos personajes le inspiraban. Son retratos que destacan por su penetración psicológica, puesto que no se limita a captar los rasgos físicos, sino que traspasa la apariencia para mostrar la simpatía o antipatía por el personaje, como podemos apreciar en el retrato de Fernando VII, ante un campamento, pintado después de 1815.

Esta obra forma parte de un conjunto de retratos ejecutados por Goya para el rey en el momento de su regreso a Madrid, y por tanto hay que fecharlo después del final de la guerra. Aunque Goya era el pintor de cámara del rey, Fernando VII  nunca encargó ningún retrato al artista, ya que consideraba su arte anticuado, y trasladó su predilección personal por un arte más académico, el arte neoclásico de Vicente López, pintor que sustituirá a Goya en el cargo de pintor de Cámara y retratista oficial. Pero no por eso dejó de pagar a Goya su correspondiente sueldo hasta su fallecimiento.

Quizá por todo ello no se tiene documentación precisa de los retratos que Goya hizo al monarca, ya que desde el principio el rey menospreció su arte como pintor oficial.

Las relaciones entre el rey y el pintor fueron más bien superficiales, ya que el monarca sólo posó en una ocasión para Goya y eso ocurrió en 1808, con motivo de la realización de un retrato ecuestre al poco de ser coronado rey.  El artista pudo hacer un estudio del natural del nuevo monarca, que sería utilizado posteriormente como modelo para realizar los encargos oficiales y de particulares.

Así, sólo en dos sesiones, y durante hora y media,  el maestro captó los rasgos básicos de su rostro y luego los repetiría en cada uno de los retratos que le encargaban. Por eso, en todos los retratos el rostro siempre tiene la misma posición, dando la impresión de que el monarca está disfrazado. Este es el motivo por el que se ha considerado que el pintor intentó ridiculizar al monarca, destacando los rasgos menos atractivos de su figura. Y porque repetir el mismo rostro en varios retratos era una forma de caricaturizar al rey.

En lo que se refiere a la composición del cuadro, está directamente relacionado con el retrato de Fernando VII con manto real, pintado después de la guerra de la Independencia, siendo igual el tratamiento de la cabeza del rey,  la actitud de la figura e incluso la posición de las piernas.

Para este retrato de aparato, Goya recurrió a la tipología de figura de cuerpo entero, reservada a la realeza y a la aristocracia. Resaltó la figura del monarca al colocarlo sobre un promontorio de tierra, luciendo el uniforme castrense de gala, con los tres galones dorados en las bocamangas, distinguiéndose en su pecho el Toisón de oro, y la banda y cruz de la orden de Carlos III. El contraste y la brillantez del color y la riqueza de dorados en el uniforme áulico y la espada  resaltan la majestad del monarca.

Pero alejándose de lo que era habitual en estos retratos, que era colocar el fondo neutro,el maestro nos sitúa ante un campamento militar desarrollado a partir de dos niveles diferentes: un primer nivel formado por los caballos y  el segundo con las tiendas de campaña. Esta zona del fondo está trabajada con mayor libertad y fluidez en las pinceladas, un tratamiento más esbelto y poco denso para el fondo, que contrasta con la definición mas apretada del rostro del monarca.

En este punto, podríamos hablar de la influencia en el artista de la figura de Velázquez cuyas obras estudió e interpretó, siendo una constante en su técnica la sugestión de la manera de pintar de este gran artista, que requiere una distancia para percibir la forma, pero con la expresión de una modernidad, tanto en la concepción como en la ejecución,  que muestra cómo Goya supo como nadie entroncar con el pasado y generar modernidad.

Puede ser que la ironía del cuadro esté en situar a Fernando VII en un campamento militar, cuando durante la Guerra de la Independencia estuvo en un castillo francés, en vez de dirigir la resistencia española contra Napoleón. Y en la época de ejecución del cuadro tampoco hubo acciones militares que justificasen la presencia del rey en un campamento. Sin embargo, es posible que el carácter castrense de  la Escuela de Ingenieros, que había encargado de forma oficial la obra, explique el campamento militar que Goya eligió como fondo de la composición.

Detalle curioso es que el cuadro está firmado de forma invertida, en el ángulo inferior izquierdo. Y es que si queremos leer la firma al derecho tendremos que dar la espalda al monarca retratado: ingenio de un artista que mostró como nadie la época en que le tocó vivir y que tenía la facilidad de aprehender sin aparente esfuerzo los rasgos esenciales de los personajes y conseguir una comprensión profunda de ellos en su obra.