8 noviembre, 2010

Fantasmas en el Museo Guggenheim (El País)

El vídeo y la fotografía conservan los espectros de la memoria, según la exposición Haunted, que se exhibe en Bilbao.

Morning_meetingLa idea primitiva de que una fotografía te roba el alma parece ser cierta. Al menos en parte. La fotografía y, por extensión, la imagen grabada en cine, en vídeo, queda guardada, preservada del paso del tiempo. Incluso de la muerte. Permanece a la espera de ser invocada. La palabra inglesa Haunted tiene mala traducción en español. Alude a fantasmas que acechan, a ideas que rondan obsesivamente la cabeza, a apariciones y sentimientos paranoicos. A ese “hay alguien (o algo) ahí”. Difícil decirlo en una sola palabra mejor que la que han conservado como título de la nueva exposición en el Museo Guggenheim de Bilbao.

Haunted es una muestra sobre fotografía, vídeo y performance contemporáneos en la que se confrontan obras de reciente adquisición del museo, poniéndolas en contexto con otras piezas realizadas a partir de 1960, provenientes de sus fondos. El punto de partida son las pinturas de Robert Rauschenberg, en las que utiliza fotografías y recortes de prensa, o las obras de Andy Warhol, especialmente las serigrafías repetitivas. “Warhol es el santo patrón de esta muestra. La figura del padre, o del abuelo”, dice Nat Trotman, comisario de esta exposición junto con Jennifer Blessing. “Lo fascinante de su trabajo es que se desarrollaba en diversos planos. Hacía pinturas, pero también películas, fotografías y en cuanto a su propia persona era como una performance perpetua, no solo interpretada por él, sino también por la gente de la que se rodeaba”.

“Creo que dejó un legado importante. Los jóvenes artistas de esta exposición son en parte sucesores suyos. De él toman la forma en que utilizó la fotografía, especialmente a través de la repetición, y esa oscuridad en trabajos como sus series de Desastres, la silla eléctrica, los accidentes de coche, la muerte de Marilyn Monroe. Su obra posterior es más alegre y orientada a gente famosa, más frívola, aparentemente. Pero también en esa frivolidad hay una parte oscura y melancólica”.

El recuerdo melancólico del pasado es la línea que guía toda la exposición. En Merce Cunningham actúa con Trevor Carlson en STILLNESS (en tres movimientos), la videoinstalación de Tacita Dean, el coreógrafo norteamericano, con 88 años, sentado en una silla, “baila” el silencio con su inmovilidad proyectada en seis grandes pantallas en una sala casi circular. Como música, la histórica pieza de silencio, 4’33, del compositor John Cage, compañero vital de Cunningham. Otro diálogo imposible a través del tiempo es el de Hablando en sueños (con ‘Sueño’, de Andy Warhol, y la voz de John Giorno), de Pierre Huyghe, que confronta el filme de Warhol con una entrevista actual a su protagonista.

Christian Boltanski también invoca espectros, en este caso, de la Segunda Guerra Mundial, con las fúnebres fotos alumbradas por débiles luces. “Boltanski se apropia de retratos de viejos anuarios, cientos de ellos. Gente que se parece a alguien que quizá conozcas, pero que son a la vez desconocidos, anónimos. Las fotos impresas parecen tener una entrada específica en la memoria colectiva porque se sabe que pertenecen a la esfera pública y a la vez evocan algo cercano, y es con lo que juega el artista”, explica Trotman.

Pero no solo la sombra grabada de las personas deja huellas. Sarah Charlesworth recortó cuidadosamente las imágenes de la primera plana del Herald Tribune a lo largo de todos los días de noviembre de 1977. Manteniendo la cabecera y la distribución de las fotografías en cada página, colgadas una junto a la siguiente, crea una sucesión de portadas mudas de texto, pero elocuentes en varios sentidos. Lo que fue presente ya es historia, la pujante actualidad es hoy solo un cementerio. Como en las grandes fotos de lápidas que asoman como cabezas sobre la almohada (Padre y Madre), de Sophie Calle. “En este momento la gente mira al pasado con el deseo de preservar ciertas cosas y situaciones, pero los medios rápidos como Internet y su uso, las redes sociales, la fotografía digital, están creando una proliferación de imágenes de tal calibre que parece que todo pasa de manera muy rápida. Parece haber nostalgia de la propia idea de nostalgia. Crece el respeto por las cosas que toman su tiempo y crecen de manera lenta”, continúa el comisario.

La imagen grabada, registrada, ocupa ya un lugar central en el arte contemporáneo. “No pretendemos redefinir lo que es el arte contemporáneo, pero la imagen grabada tiene una importancia enorme en su desarrollo actual. Todos nos hemos convertido en enormes productores de imágenes”, afirma. “En el arte, la mirada hacia el pasado siempre ha estado ahí. Sea como registro de lo sucedido o de quienes lo usan para crear sus propias ficciones, como en los trabajos de Ana Gaskell. La puesta en escena tuvo gran auge en los noventa y sigue siendo una práctica habitual. Gaskell utiliza un cuento de hadas del siglo XIX y esa referencia narrativa al pasado la encaja mejor en el tema de esta muestra”.

Otro ejemplo es el de la joven artista Sarah Anne Johnson, que combina y confunde deliberadamente lo ficticio y lo real. Sus inquietantes figurillas en escenas campestres mezcladas con instantáneas reales crean atmósferas de terror latente. Ambas componen el todo de un relato entre intrascendente y pesadillesco.

Los instantes vuelan y a veces quedan atrapados. La performance nació siendo el arte de lo efímero. Hoy las performances entran en museos y colecciones convertidas en fotografías o en vídeos. Zhang Huan aparece en la muestra desnudo y cubierto de moscas en una foto de su acción 12 metros cuadrados. “En los años sesenta y setenta, la performance fue una expresión de resistencia de los artistas en contra de los objetos. Un arte efímero, que existía solo en el momento presente. Pero no tardaron en darse cuenta de que, pese a todo, las fotografías y documentos sobrevivían. Tenían que elegir entre ignorar esto o controlarlo”, señala Trotman. “Y muchos artistas, incluida Marina Abramovic, por ejemplo, una de las más estrictas en el aspecto efímero e incluso irrepetible de sus acciones, terminaron primero por permitir las fotografías y grabaciones, y en los años ochenta ella misma empezó a hacer sus performances específicamente en vídeo e instalaciones”.

Haunted incluye también trabajos de artistas como Richard Prince, Bernd y Hilla Becher, Ana Mendieta, Roni Horn, Thomas Demand, Robert Crewdson, Cindy Sherman, Hiroshi Sugimoto, Jeff Wall o Philippe Parreno.

El Guggenheim-Bilbao alberga simultáneamente otra exposición, aparentemente inconexa. La Edad de Oro de la pintura holandesa y flamenca del Städel Museum. Cuadros de un realismo fotográfico que sigue asombrando por la fidelidad al detalle, por la persistencia del instante íntimo de personas y lugares de hace cuatro siglos. Obras de Vermeer, Rembrandt, Hals, Rubens, Brueghel, Jordaens. Y viene a la memoria el uso que se hizo entonces de la camera oscura, un juego óptico que les permitió calcar la realidad. Cuando la pintura, en camino inverso, utilizó fantasmas volátiles de luz para construir la realidad.

Haunted: fotografía-vídeo-performance contemporáneo. Hasta el 13 de marzo de 2011. La Edad de Oro de la pintura holandesa y flamenca del Städel Museum. Patrocinado por la Fundación BBVA. Hasta el 23 de enero. Museo Guggenheim-Bilbao.

logo_el_pais