18 octubre, 2011

Faces do país

cabeceras_Expo

Del 27 de septiembre al 20 de noviembre

El Centro Social Novacaixagalicia en la compostelana Plaza de Cervantes acoge esta tarde la inauguración oficial de la muestra ‘Faces do país. O retrato en Galicia 1890-1950’, un acto en el que van a participar el comisario del proyecto, Carlos López Bernárdez, y el director de la Obra Social de la entidad gallega, Guillermo Brea.

“Nunca antes”, comentó Brea, “se ha ofrecido una visión tan íntima, tan próxima al arte gallego de la primera mitad del siglo XX, y no sólo por la proximidad casi familiar de los retratados”, continuó, “sino sobre todo por el fantástico trabajo realizado por el comisario y, también, por la generosidad de las muchas instituciones gallegas que nos han permitido traer a la capital de Galicia algunas de las más importantes joyas de la historia del arte de Galicia”.

En la muestra, que se podrá visitar hasta el día 20 de noviembre en Santiago y del 1 de diciembre al 29 de enero en Pontevedra, hay piezas procedentes de hasta catorce organismos diferentes y de otras muchas colecciones particulares, así como de las familias de algunos de los artistas presentes en la muestra.

En total son 55 lienzos y dibujos que abarcan desde 1894 (con el ‘Retrato de Gala Murguía’, de Ovidio Murguía) hasta 1952 (con un ‘Autorretrato’ de Laxeiro), y que recogen también “la tensión entre la caducidad y la memoria, entre la manifestación de lo efimero y la voluntad de permanencia”, en palabras del comisario.

“A través del retrato”, dice López Bernárdez en el substancioso catálogo, “queda reflejado no sólo el proceso de modernización formal sino también el de configuración de la identidad de las personas en el período que tratamos, y es un espejo del  consumo artístico y del ascenso social de los nuevos sectores”.

La estructura de la exposición, cronológica, soporta una tesis que se puede extender fuera de los límites del género del retrato: en el arte gallego de las primeras décadas del siglo XX hay dos actitudes frente a la representación de la realidad, lo ideal de la evasión en contraste con el enfrentamiento más rotundo con lo real.

El arte gallego de este tiempo ofrece “una pluralidad de propuestas y posturas, desde el retrato inscrito en las corrientes clasicistas y regionalistas (Álvarez de Sotomayor, Llorens), simbolistas (Corredoyra) hasta el uso de este  como transmisor del mensaje plástico de la modernidad (Carlos Maside, Laxeiro, Cándido Fernández Mazas…), que incluso  puede insertar contenidos sociales”, explica López Bernárdez.

El recorrido se organiza entorno a tres bloques históricos: el cambio de siglo, las primeras décadas del XX y un tercer y gran epígrafe que incluye la guerra y la posguerra. El punto de partida, como en general el de la pintura gallega moderna, hay que situarlo en la segunda mitad del XIX “en la que asistimos a la llegada a Galicia de una serie de pintores que ejercen como profesores en las nuevas  Escuelas de Artes y Oficios: José María Fenollera, Mariano Tito Vázquez, Román Navarro o Ruíz Blasco, padre de Picasso”, que traen al país las corrientes y las influencias europeas, y que coincide “con un importante desarrollo cultural e intelectual que el Rexurdimento literario favorece”.

Son años de un primer y tímido realismo social, de la Xeración Doente de Parada Justel (1871-1902) y Jenaro Carrero (1874-1902), de Ovidio Murguía (1871-1900) y sus paisajes, de Joaquín Vaamonde (1874-1900) y, como figura sobresaliente, de Fernando Álvarez de Sotomayor (1875-1960).

Coinciden en estos años otros artistas muy importantes, como Benigno Pereira Borrajo (1874-1961), Enrique Campo (1890-1911), Felipe Bello Piñeiro (1886-1952) y Francisco Llorens (1874- 1960); Germán Taibo (1889-1919), Roberto González del Blanco (1887-1957), Carlos Sobrino (1885-1978); Camilo Díaz Baliño (1889-1936); Juan Luis López (1894-1979) y Xesús Corredoyra (1887-1939), y Alfonso Daniel Rodríguez Castelao (1886-1950)

En un segundo epígrafe, en los años veinte y treinta, “el retrato gallego no es ajeno a los cambios del género en el contexto internacional, renovado por vías diversas: primitivistas; expresionistas (Castelao, Arturo Souto); por influjo o analogía con la Nueva Objetividad alemana y la pintura italiana o por la influencia de la utilización de la fotografía”, aclara el comisario de la muestra.

A estas alturas no puede sorprender “la importancia del retrato teniendo en cuenta que la identidad es uno de los grandes temas de la modernidad”. Obras maestras de Laxeiro (1908-1996), Carlos Maside (1897-1958), Manuel Torres (1901-1995), Arturo Souto (1902-1964) ou Manuel Colmeiro (1901-1999), entre otros, llevarán a los que visiten esta muestra por unos años muy fértiles para la historia del arte gallego.

Un último capítulo es tratado en el catálogo con el título ‘Cicatrices de guerra’: “Es bien conocida la fractura que para nuestra cultura supuso la Guerra Civil y el triunfo del franquismo, con el asesinato de artistas como Camilo Díaz Baliño, Luís Huici o Francisco Miguel, el exilio de Castelao, Colmeiro, Souto, Seoane o Maruja Mallo, y el penoso exilio interior y la lucha por la supervivencia de  creadores como Mario Granell, Maside, Torres o Laxeiro”. En la posguerra, “en el interior y en un primer momento”, va dominar una retratística involucionista y fuertemente pegada a la tradición. Pero es también en esos años cuando, frente a la regresión de unos, otros consiguen llevar el retrato al límite, desde una modernidad internacionalista, surrealista o informalista, con obras de artistas como Eugenio Granell, Maruja Mallo o Laxeiro.

Cada una de las distintas posiciones frente a la guerra y a la dictadura tiene su traducción en la manera de pintar y en los temas retratados, en una época en la que la pintura gallega, hecha dentro o fuera del país, logra cotas pocas veces alcanzadas.

‘Faces do país. O retrato en Galicia 1890-1950’
Centro Social Novacaixagalicia Santiago
Plaza de Cervantes, 17
Del 27 de septiembre al 20 de noviembre

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