11 junio, 2013

Europa en miniatura

Miniatura

La Torre Eiffel, el Coliseo, el Atomiun, la Sagrada Familia, o el Big Ben. Todas las ciudades europeas, y casi todos los países, tienen un edificio que los identifica. Pero hay otro edificios construidos en los últimos 25 años que han dado forma a la nueva Europa y han regenerado, dinamizado y reconvertido las zonas donde se han construido e incluso ciudades enteras. Todos tienen una cita en Barcelona en la exposición Constructing Europe, 25 años de arquitectura europea,que acoge la sala de la cúpula del Museo Nacional de Arte de Cataluña, con motivo de la entrega, ayer, del Premio de Arquitectura Contemporáneo de la Unión Europea-Premio Mies van der Rohe que cumple 25 años y celebra su XIII edición al ser bianual.

A lo largo de estos años, la fundación Mies ha conseguido reunir cerca de 2.500 maquetas, con sus planos y fotografías, formando “el mayor archivo de arquitectura europea del continente”, según la italiana Giovanna Carnevali, directora de la fundación desde octubre pasado. Carnevali asegura que todo tiene un valor de “tres millones de euros y que no se ha exhibido nunca hasta ahora. Es un canto al patrimonio europeo”.

Se han seleccionado cerca de unas doscientas maquetas de proyectos. Están todos los ganadores, entre ellos los dos últimos: Harpa, el auditorio y centro de congresos de Reikiavik, y la Nave de Música Matadero de Madrid. También el Neues Museum de Berlín, el Kursaal de San Sebastián y el Musac de León. También algunos de los finalistas y una selección de otros que no fueron escogidos, como las casi gemelas torres de Foster de Londres y la de Nouvel de Barcelona, que se podrán ver, juntas por primera vez, hasta el domingo, o el edificio Veles e Vents de Valencia, obra David Chipperfield.

Colocadas las maquetas en el país dónde se ha realizado la obra se crea un mapa de Europa en miniatura, que muestra la magnitud de la producción de la arquitectura europea de los últimos años. “Muchos de ellos vinculados con la regeneración de las ciudades”, según Carnevalli.

La exposición es uno de los actos programados ayer para celebrar “la fiesta” de los 25 años de la fundación y de los premios. A media mañana se entregaron los premios en un acto celebrado en el interior del pabellón, atestado de gente, la mayoría profesionales de la arquitectura venidos de todas partes de Europa.

Jan Truszczynski, director general de Educación y Cultura de la Comisión Europea, destacó que los edificios ganadores —que desde 2011 han recibido dos millones de visitas— son importantes porque aportan “creatividad, proximidad y han sido un soporte aún en tiempos de crisis”.

Harpa, el edificio ganador cuenta con cuatro salas destinadas a conciertos —acogió el Sónar islandés en febrero— y conferencias, que desde el vestíbulo evocan la costa rocosa islandesa y los rayos de sol se refractan en colores al penetrar la fachada meriodional de 30 metros de altura, construida con casi mil ladrillos. El proyecto comenzó hace nueve años promovido por un banco, pero la crisis, que comenzó en la isla en 2007 lo paralizó. Al final la administración lo retomó y lo convirtió en la pieza clave de la recuperación del puerto industrial y de la capital islandesa, e incluso de la salida de la crisis de todo el país.

También han mostrado su alegría por el premio los españoles Víctor Navarro y María Langarita por un proyecto que ejecutaron en apenas dos meses, después de que el Festival Red Bull Music Academy de música nómada, que debía celebrarse en Tokio en 2011, cambiara de emplazamiento por el desastre de Fukushima, y se trasladara a Madrid. Navarro ha comentado que crearon “como una ciudad, con plazas, calles y espacios abiertos en los que la gente se pudiera conocer”.

Los premios son los primeros que preside Carnevalli, que asegura que serán un punto de inflexión. Durante la jornada de ayer también se celebró un encuentro en el que se abordó el pasado, presente y futuro de la arquitectura. Una cita que tendrá continuidad en el MoMA de Nueva York en diciembre y posiblemente en Venecia durante la próxima Bienal de Arquitectura. También trabaja para que Alemania tenga más relación con el pabellón barcelonés, un lugar único que visitan cada año unas 90.000.

Por José Ángel Montañés en El País.