25 febrero, 2014

Este jueves comienzan las visitas experimentales con público a la cueva de Altamira

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-Solo podrán acceder cinco personas a la semana, y se estudiará el impacto que ejercen sobre la conservación de las pinturas

El Museo de Altamira iniciará este jueves las visitas experimentales a la cueva acordadas en la última reunión del Patronato, que decidió abrir la cavidad a grupos de cinco personas semanales y estudiar el impacto sobre sus pinturas.

Según ha informado hoy el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte en un comunicado, después de doce años de cierre, este jueves entrarán a la cueva los primeros visitantes, que se seleccionarán de forma aleatoria entre el público que pase ese día por el museo en las primeras horas de la mañana.

Las visitas a Altamira se ajustarán a un protocolo de acceso que exige, entre otras cosas, utilizar monos desechables, gorro, mascarillas y calzado especial que el propio museo facilitará a los visitantes.

La estancia en la cueva durará 37 minutos, siguiendo un itinerario que establece los tiempos que se permanecerá en cada uno de sus espacios. Antes de entrar, los visitantes conocerán los detalles de su participación en el programa científico y las normas que deben seguir dentro de la cueva, donde no podrán tocar la roca ni tomar imágenes. Y a su salida, estas personas deberán facilitar al equipo científico información sobre su experiencia.

Mientras permanezcan en la cavidad, se controlarán parámetros como la temperatura del aire y de la roca, la humedad relativa del aire, la contaminación microbiológica, las aguas de infiltración, el radón y el CO2, entre otros. En el exterior se medirá la temperatura del aire y del suelo, la humedad relativa, la microbiología, la humedad específica, la presión atmosférica y el CO2.

Desde el cierre de la cueva en 2002 sólo han podido acceder a su interior los científicos para realizar investigaciones. Las visitas se desarrollarán hasta el mes de agosto y se calcula que, en ese tiempo, podrán entrar 192 personas a la cavidad.

Estas visitas forman parte del programa de investigación para la conservación preventiva y de régimen de acceso a la cavidad, que se puso en marcha en 2012 bajo la dirección científica del experto Gaël de Guichen.

Desde hace meses un robot diseñado por el Departamento de Óptica de la Universidad Complutense se ha sumado al equipo que vela por la conservación de las pinturas de Altamira y, además de ayudar a preservar la cueva, estudiará cómo iluminarla para mostrar los colores tal y como los percibieron sus autores.

Daniel Vázquez, profesor del Departamento de Óptica de la Universidad Complutense (UCM) y director del equipo junto a Antonio A. Fernández-Balbuena, de la Universidad Politécnica (UPM), ha explicado a Efe que el objetivo fundamental del proyecto es desarrollar una metodología que ayude a controlar el buen estado de conservación de la cueva y, más en concreto, el color de las pinturas.

Para ello el equipo de la Complutense ha puesto al servicio de Altamira el robot Spectraroboscan, que básicamente se dedica a medir cómo se refleja la luz a las distintas longitudes de onda -es decir, en los distintos colores- en puntos muy localizados y con mucha precisión.

El robot permite tomar medidas de reflectancia espectral con una alta precisión geométrica y espectral, comprobando la posición exacta en la que se ha hecho la medida. Así, en mediciones futuras se podrá comprobar si se ha producido algún cambio en la forma en la que se refleja la luz, lo que podría ser síntoma de problemas como el crecimiento de hongos o algas, o modificaciones en el material de las pinturas.

Y de paso, este estudio tan preciso del color permitirá estudiar cómo iluminar la cueva para, sin dañar las pinturas, obtener una visión lo más similar posible a la que tuvieron sus autores, maximizar la gama cromática o resaltar los dibujos.

Durante al menos 18 meses el equipo de Óptica de la Complutense hará varias mediciones en la cueva de Altamira -las primeras las hizo en junio y en noviembre de 2013, y volverá a repetirlas probablemente en los mismos meses de este año-, para observar si hay cambios estacionales en el estado de las pinturas.

No se puede saber si durante los siglos que han pasado desde que se pintó la cueva ha habido cambios sustanciales, pero al menos sí observar las modificaciones actuales que puedan alertar de algún problema de conservación.

El Spectraroboscan tiene la peculiaridad de que es «producción propia» del departamento de Óptica de la Complutense, que pese al escaso presupuesto, pero gracias al ingente esfuerzo de su equipo, han podido fabricar el robot a lo largo de los años.

El proyecto de Altamira no es el primero en el que participa el Spectraroboscan, que, por ejemplo, ya ha trabajado en un estudio que se hizo al Guernica de Picasso en el Reina Sofía.

Vázquez confía en que la experiencia de Altamira abra a su equipo la posibilidad de trabajar en otras cuevas con pinturas rupestres y que, en todo caso, Altamira siga contando con ellos en el futuro como un elemento más en la protección y conservación de la cueva.

por EFE, ABC