18 noviembre, 2015

Estado Islámico se alía con un cuñado de Sadam para el contrabando de arte

sadam

Aunque no somos conscientes, en Irak el expolio comenzó hace 20 años a gran escala. Cuna de la civilización que nació en Mesopotamia, en su territorio hay cientos de miles de yacimientos arqueológicos. Tras la primera guerra del Golfo (1991) la dictadura de Sadam Husein ahogó al Departamento de Antigüedades y la llegada de una brutal inflación alimentada por las sanciones internacionales hizo que la excavación ilegal y venta de bienes patrimoniales se convirtiese en una práctica po pular extendida. Las redes mafiosas tejidas entonces y mantenidas durante la ocupación estadounidense han sido ahora utilizadas por el autodenominado Estado Islámico (EI) para dar salida a las piezas que introduce en el mercado negro. Lo más curioso es que, según fuentes militares, uno de los máximos organizadores de este contrabando es ni más ni menos que un cuñado del exdictador iraquí Sadam Husein, llamado Arshad Yassin. El coronel Pedro Baños, un militar español con gran conocimiento de lo que ocurre en la zona, confirmó ayer en «Herrera en Cope» la implicación del «cuñado pelirrojo» de Sadam en el contrabando de piezas.

Poco dinero, obras falsas

Aunque no existen cifras fiables, es cada vez más aceptado que el tráfico de antigüedades no está financiando a EI con ingresos importantes. De los 100 millones de dólares que hace un año se aceptaba como botín del expolio para los yihadistas, se bajó a 30 millones en más recientes informes. En este final de 2015 nadie se atreve a asegurar ni siquiera esa cifra. El problema es la falta de fuentes contrastables sobre el terreno, además de la naturaleza ilícita de la actividad.

En los últimos reportes del Gobierno de EE.UU. el porcentaje que le otorgan al tráfico de antigüedades frente al comercio de petróleo es notablemente más bajo. Lo que sí confirman todas las fuentes sobre el terreno es el aumento de falsificaciones realizadas para la venta como obras auténticas.

Diversas fuentes, tanto militares como arqueológicas de la zona Kurda de Irak afirman que EI suele desmontar piezas aunque en sus vídeos solo muestra cómo las destruye. También permite excavar en yacimientos a cambio de una tasa. Según este relato, muchos de los objetos acaban en contenedores que las redes, como la tejida por Arshad Yassin, se encargan de sacar del país. El mayor pago documentado por uno de estos contenedores fue de 2,5 millones de dólares, según las citadas fuentes, aunque ese alto precio no debe ser habitual, ni mucho menos. Desde la zona suelen introducirse en Jordania, de donde parten hacia Israel o EE.UU., incluso a Europa, aunque en menor porcentaje. Coleccionistas occidentales sin escrúpulos o ventas en internet en las que el origen de la pieza no se cuestiona son el destino final. Distintas rutas y obras se filtran a través de la frontera de Siria con Turquía, donde se ha detectado el mayor incremento de falsificaciones.

Expertos internacionales en el análisis de esta actividad advierten a ABC de que la mayor parte de las piezas auténticas -pues resulta mucho más fácil producir falsificaciones que encontrar piezas de calidad- están dañadas o tienen poco valor y que los expoliadores logran una miseria por su actividad destructiva. Lógico si se piensa en las condiciones en las que esas piezas son extraídas clandestinamente. EI recibe el pago por la tasa y por la entrega de contenedores pero quien se enriquece es el intermediario, habitualmente, el que maneja redes con dos décadas de existencia.

¿Por qué se alían con EI? El debilitamiento progresivo del régimen de Sadam agravó el conflicto interno entre los Chiíes y los Sunníes en los que se apoyaba el régimen del partido Baaz. Se sabe que el cuñado de Sadam organizó el expolio de las zonas arqueológicas del sur del país, de mayoría chií, que tuvo su eclosión en 1994.

Dachas arqueológicas

Para entonces, primeros años noventa, 3.000 objetos y 484 manuscritos habían sido robados, pero iba a ser solo el principio. Según los testimonios recogidos entonces, el partido único regalaba propiedades a sus dirigentes en zonas arqueológicas, verdaderas dachas que propiciaron una explotación arqueológica ilegal. Aquellos años vieron cómo se generó una red enorme de excavaciones ilegales y asaltos más o menos tolerados a los museos provinciales de las pequeñas capitales, que vieron sus estanterías vacías en muy poco tiempo, para desesperación de los arqueólogos iraquíes.

Tras la invasión norteamericana, la red de expolio del cuñado de Sadam se mantuvo bien engrasada y a su frenética actividad sumó el hecho de que el mercado clandestino daba moral a la resistencia de los antiguos seguidores frente al invasor. Son los años terribles del saqueo del Museo Nacional de Bagdad, un hecho envuelto en el caos del momento y que demostró la prudencia que hay que tener con los datos. Se dijo que habían desaparecido 170.000 objetos, pero la investigación militar demostró que la cifra real era de 13.864, lo cual es un expolio de considerables dimensiones. De esa cifra hay que restar los 1.935 que fueron recuperados a cambio de perdón por su hurto y otros 3.424 capturados a los ladrones o en el mercado ilegal. De los del que desaparecieron había piezas únicas y sobre todo la colección de sellos cilíndricos.

Otra de las heridas culturales la sufrió la Biblioteca Nacional de Irak, que ardió durante los bombardeos. Pero no había sido alcanzada por bombas, sino que fue incendiada por «saqueadores», a los que debemos poner muchas comillas por un hecho engañoso. La gran mayoría de los libros y manuscritos que albergaba en 2003 habían sido puestos a salvo en bancos y refugios. Lo que ardió, mayoritariamente, fue el archivo gubernamental de la dictadura de Sadam, que también albergaba el Palacio de la Sabiduría. La desaparición de la ingente cantidad de documentos hizo mucho más difícil rastrear responsabilidades a los dirigentes del régimen, así como rastrear las redes políticas sobre el terreno. Incluidas las del cuñado de Sadam, Arshad Yassin.

Por Jesús García Calero en ABC.