29 julio, 2011

España y el Mediterráneo: Prolegómenos de la conquista de África en tiempos de los Reyes Católicos

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Rafael Vidal
Doctor en Historia por la Universidad de Granada

En la política exterior de los Reyes Católicos, en lo concerniente al Mediterráneo y África del Norte, se pueden diferenciar tres etapas, la primera que abarca desde el inicio de su reinado hasta principios del siglo XVI, pudiendo ponerse el hito en el año del fallecimiento de doña Isabel, 1504; la segunda entre este año y 1511, por señalar el fin de la amistad de Fernando V con Francia, y la tercera que alcanza hasta el 23 de enero de 1516, fecha del fallecimiento del monarca. El cardenal Cisneros, que le sucedió en la regencia de Castilla, aunque fue un decidido impulsar del testamento de Isabel I en África, no pudo continuar su labor en los casi dos años de gobierno, falleciendo en Roa, el 8 de diciembre de 1517, con más de ochenta años de edad, cuando iba a recibir a Carlos I como rey de España.

Dado que estamos narrando hechos militares, cabría reseñar, aunque no sea estrictamente castrense, que Cisneros, mediante una Ordenanza, promulgó la exigencia que los hijos se identificaran, al menos con el apellido del padre, es decir que el sistema de identificación personal que hoy en día gozamos, se debe a este ilustre eclesiástico y político español.

En la primera etapa no puede hablarse estrictamente de conquista, dado que fue un período de incursiones marítimo-terrestres, las cuales tenían mucha semejanza con las algaras y aceifas musulmanas, durante la época de dominio árabe peninsular, y las razias cristianas de la alta edad Media. Estas acciones se verificaban a finales de primavera y finalizaban tras la entrada del otoño, teniendo como objetivos: debilitar al enemigo para una posterior conquista y obtener riquezas y esclavos,

No se consideraba que este tipo de acciones planteara una situación de guerra entre los estados medievales, dado que tanto en un sentido como en otro, la incursión no la hacía el “estado”, sino un personaje del mismo, el cual alistaba a sus hombres y establecía su plan de maniobra. En ocasiones, al frente de las huestes iba el propio monarca, pero las efectuaban en nombre propio, siendo evidentemente difícil de discernir la diferenciación entre el estado y el que estaba su frente.

Si visualizamos el mapa peninsular en el advenimiento en el año del matrimonio del infante Fernando de Aragón e Isabel, hija de Juan II y heredera de su hermano Enrique IV (14 de octubre de 1469), contemplaríamos cinco reinos: Portugal, Castilla, Navarra, Aragón y al sur el reino nazarí de Granada, los cuales llevan, sin variar prácticamente sus fronteras desde hacía más de doscientos años: ¿En qué se entretenían los nobles y sus mesnadas?

El hecho que la llamada “Reconquista” tuviera un “parón” de doscientos cincuenta años, no puede hablarse de paz y prosperidad, porque hubo acontecimientos exteriores que involucraron totalmente a los reinos peninsulares, como por ejemplo la “Guerra de los Cien Años” entre Francia e Inglaterra, el “Cisma de Occidente”, entre otros, cuyos principales contendientes buscaron alianzas entre los monarcas cristianos peninsulares, produciéndose enfrentamientos bélicos por esta razón.

Portugal, inicia su expansión hacía el mar de la mano de infante don Enrique el Navegante, conquistándose Ceuta y ocupándose paulatinamente las islas Azores y Cabo Verde, alcanzándose en pocas décadas el golfo de Guinea, todo ello a principios del siglo XV.

En la misma época, Enrique III de Castilla, concede a Juan de Bethencourt, autorización para la conquista de las islas Canarias. El noble normando no actúa por motivos épicos, sino económicos, con objeto de abastecerse de productos básicos de tintorería, para sus negocios textiles. La conquista se inicia en 1402. Esta intromisión en las vías de expansión de la casa de Avis portuguesa, iba a ser, a lo largo del siglo XV, causa de frecuentes enfrentamientos, que culminaron con la guerra civil que se inicia a la muerte de Enrique IV, apoyando Portugal los derechos de Juana “la Beltraneja”, en contra de los de su tía Isabel.

Figura_1_Ataques_atlanticosEl duque de Medina Sidonia y otros nobles principales de Andalucía, viendo la “reconquista” terminada para ellos y aprovechándose del casi continuo enfrentamiento con Portugal, pusieron su atención en África, como fuente de botín para sus ejércitos particulares. De hecho existe constancia en un documento fechado en 1506 y recogido en la Historia de España de Altamirano: Entre las expediciones que menciona el documento, están: la del alcaide de Rota, que en 1480, con otros caballeros y 15º velas, se apoderó de Azamor; la de varios nobles de Jerez, que se apoderaron de la Casa del Caballero; la de Francisco de Estupiñán y otros, que en 1487 asaltaban las costas marroquíes de Poniente; la del alcaide de Gibraltar, Pedro de Vargas, que en 1497 asaltó a Tárraga; la de don Fernando Meneses y su hermano, en 1490; la de las islas Bucima /Alhucemas) y Fadala (o Fedhala, hoy día denominada Mohammedia, que es la capital de la prefectura de su nombre y forma parte de la región de Gran Casablanca) con otras muchas más, ya de españoles solo, ya de españoles con portugueses; todo ello consentido y aun alentado por los reyes, como base para futuras empresas” (ALTAMIRANO Y CREVEZ, Rafael. Historia de España y de la civilización española. Librería Juan Pili. Barcelona, 1900, tomo II, pág. 392) (Figura 1).

En el mismo documento de 1506 se mencionan las acciones de “piraterías” llevadas a cabo por gente diversa, marinera y esforzada, de la cual recoge: “… no hay lugar ni cercado, ni aldea, ni aduares, ni valles, ni sierras, ni puertos, ni desembarcaderos, ni atalayas, ni ardiles dispuestos, donde no puedan ofender y hacer la guerra, que ellos no lo sepan como se ha de hacer” (ALTAMIRANO, pág. 392).

En el episodio de esta serie: “Política africana de los Reyes Católicos”, se ha cía referencia a los tratados de Alcaçovas y Tordesillas, causa de conflictos en las centurias siguientes, al rebelarse los demás monarquías cristianas de que el papa Alejandro VI, hubiera dividido el mundo exclusivamente entre dos.

Figura_2 _Ataques_berberiscosLa finalización de la guerra de Granada produjo una situación de inestabilidad en todo el sur peninsular, por un lado la que provocaban los musulmanes residentes, muy numerosos, seguramente rozando el medio millón de habitantes, dado que en las capitulaciones se les autorizaba a seguir practicando su fe, pero el radicalismo de los clérigos cristianos, pretendía conversiones en masa, causa de levantamientos y agitaciones populares. Por otro lado la larga costa del reino granadino, pasaba a ser bocado apetecible para los nobles (piratas para los cristianos) que, al igual que sus homónimos castellanos aprestaban expediciones con el ánimo de sacar suculento botín, de una costa tan desprotegida como la que se encontraba en la otra orilla del Mediterráneo, siendo ahora plenamente enemiga, contando además con el apoyo informativo de los habitantes aborígenes (Figura 2).

Si nos remontamos unos años atrás, la futura Isabel I de Castilla, había nacido en Madrigal de la Altas Torres el 22 de abril de 1451, y dos años después de su nacimiento, el 29 de mayo de 1453, tuvo lugar un hecho trascendental, que conmovió a la Cristiandad: la toma de Constantinopla por los turcos otomanos.

Con el paso de los años, no nos podemos imaginar la situación de consternación de los cristianos y muy especialmente de sus reyes y nobles, los cuales se sentirían culpables, dado que ninguno, excepto el papado, Génova y Venecia, cooperaron a la defensa de la capital bizantina. Posteriormente, tras la caída, se intentó la organización de una nueva cruzada, sin ningún éxito.

Todo esas vivencias fueron recogidas en una mente tan despierta como era la joven Isabel, rubia como buena hija de Lancáster, de tal manera que en su pensamiento, ya entraba, en caso de llegar a reinar, la expulsión total de los musulmanes de Hispania y la expansión del reino por el norte de África, incluso la posibilidad de avanzar decididamente por la orilla sur del Mediterráneo, ocupar Egipto y reconquistar los Santos Lugares.

En el tránsito del medievo a la modernidad, precisamente en la época del nacimiento de doña Isabel, era difícil diferenciar la religión y sus normas, de la política, teniendo en cuenta que los reyes lo eran por la gracia de Dios y que su vicario en la tierra: el papa, era el que los ungía y el que obligaba bajo pena de excomunión a sus súbditos a tenerles fidelidad. Por ello se habla que fue la religiosidad de Isabel la Católica, el impulso para la conquista del reino de Granada y la conversión de sus habitantes a la “verdadera fe”, cuando en realidad debió pesar más el concepto de “seguridad”, que cualquier otra consideración.

El temor a los turcos, a su posible y previsible avance por el norte de África y el contar con una cabeza de puente inmejorable, el reino moro de Granada, fueron el detonante para hacer ver a castellanos y portugueses, que era prioritario frenarlos lo más lejos posible de su territorio, sometiendo previamente a los distintos reinos musulmanes, que seguramente se unirían o serían conquistados por aquellos.

Tenemos pues los ingredientes necesarios, faltando únicamente que doña Isabel comprometiera a su esposo Fernando a la empresa, el cual obsesionado por la política mediterránea de la corona de Aragón, nunca prestó especial atención y cuando lo hizo fue porque beneficiaba claramente sus intereses napolitanos y sicilianos.

La política exterior del rey Fernando se podría resumir en la expresión medieval de Pax inter cristianos, bellum contra paganos, siendo esa la razón de su llamada “política matrimonial”, emparentando a su numerosa prole con las distintas dinastías europeas y estableciendo puentes y lazos fuertes en una amistad duradera con Francia. No fueron afortunados los Reyes Católicos, dado que la pretensión de culminar la unidad ibérica con Portugal y haciendo de este núcleo el más fuerte de todo el orbe, fracasó en buena medida, desviándose todo el esfuerzo realizado hacia el norte, hacía el Imperio, siendo la opción menos deseada y de hecho quisieron mantener y educar a su segundo nieto “Austria”, Fernando, como español, sucediendo a su hermano Carlos como emperador de occidente.

La educación en España de Fernando y en los Países Bajos de Carlos, provocará el primer golpe de estado en la historia española. Al fallecer don Fernando, deja la regencia de los dos reinos, Aragón al arzobispo de Zaragoza y su hijo natural y Castilla al cardenal Cisneros. Pero lo nobles intentaron aprovecharse de la aparente debilidad de las dos coronas, regentadas por clérigos y con un heredero a miles de millas de distancia, disponiéndose a que se le reintegraran sus prebendas y supuestos derechos, cercenados por la monarquía autoritaria de los Reyes Católicos.

Pero eran huesos duros de roer los dos prelados Alonso de Aragón y Francisco Jiménez de Cisneros. Los nobles pretendieron elegir por monarca a Fernando, hijo segundo de la reina propietaria doña Juana, verdadera heredera de la corona. Antes de que se produjera este hecho, al que el infante don Fernando no iba a plegarse, fue coronado rey de España en los Países Bajos Carlos I, reconocido como tal por el Papa León X.

Decir que fue el primer golpe de estado en España, se quiere indicar con ello que Carlos I fue elegido rey como hecho consumado, pasando por encima de los derechos de su madre Juana, Juana I a todos los efectos.

Cisneros, que ya había demostrado su capacidad de organización en la conquista de Orán, sometió a los nobles con procedimientos verdaderamente bélicos, creando un cuerpo de élite, la llamada “Gente de ordenanza”, bajo su absoluta obediencia y con la artillería. De hecho se comenta una anécdota, en la cual se encontraban los nobles reunidos con el cardenal y en plan levantiscos, ante lo cual el prelado, dirigiéndose a la ventana, descorrió las cortinas, viéndose el patio de armas, en donde perfectamente formados se encontraban varios cientos de hombres y un buen número de bocas de fuego, exponiendo a los reunidos “Estos son mis poderes”. Sea cierta o no la escena, la realidad es que los poderes del estado se traspasaron íntegramente al nuevo monarca, el cual en los primeros años de su reinado, desbarató lo que tanto costó unir, produciéndose los levantamientos de los comuneros y de las germanías, pero esto es otra historia.

Intentar visualizar “lo que hubiera pasado si no llega a pasar lo que pasó”, es un análisis que me resisto a efectuarlo, por absurdo, pero es más que probable que si la opción deseada de los Reyes Católicos: la unión con Portugal, se hubiera alcanzado, el auto de Alejandro VI concediendo a Castilla la conquista de África, excepto determinados territorios cedidos a Portugal, se hubiera cumplido en su totalidad, y los esfuerzos bélicos, en vez de centrarse en el avispero alemán y en las guerras de religión, se hubieran volcado a hacer el mar Mediterráneo un mar español.

Pero ¿qué pensaban los musulmanes con respecto a esta política? La realidad es que en la historiografía islámica se denomina “guerra de los Trescientos años” al período comprendido entre 1497 y 1782, durante el cual la situación es permanentemente de guerra contra los moros, pasando las plazas de unas manos a otras en el transcurrir de los siglos.

José Moñino, conde de Floridablanca, ministro principal de Carlos III, firma un tratado de paz, amistad y comercio con el imperio otomano. Anteriormente lo había firmado con el sultán de Marruecos, que había sostenido varios sitios a Ceuta, y posteriormente lo hará con los gobernadores de Trípoli, Argel y Túnez, nominalmente dependientes de la “Sublime Puerta” (Estambul), pero de hecho independientes, en los años 1784, 1786 y 1791, vendiendo Orán en 1794, Carlos IV al bey de Argel.

PRIMERAS CONQUISTAS EN EL NORTE DE ÁFRICA

Figura_3_Conquistas_1497Todas las ocupaciones en el norte de África se produjeron de oeste a este, en un avance paulatino hacía Egipto, todas menos la primera, la isla de los Gelves, ¿a qué se debió ese salto en el vacío? (Figura 3).

Primera ocupación de la isla de los Gelves (7 de septiembre de 1497)

En realidad esta primera conquista no formaba parte de la política de Isabel I, sino de la mediterránea de su esposo Fernando.

La corona de Aragón siempre tuvo sus ojos en el reino de Nápoles y Sicilia, siendo constantemente atacadas sus costas por piratas berberiscos que tenía su base en el golfo de Gabés, frente a la costa de Túnez.

De hecho la isla de los Gelves, Jerba o Djerba, un islote de algo más de 415 kilómetros cuadrados, situado en el golfo anteriormente citado, fue ocupado por tropas aragonesas en la segunda mitad del siglo XIII, al mando de Roger de Lauria, manteniéndose como posesión hasta 1335, reconquistándose en 1388, aunque tuvo que abandonarse a los pocos años.

Por ello, don Fernando organiza una expedición terrestre-naval, de la que se conoce bastante poco, al menos por parte de este autor, que se presenta a principios de septiembre de 1497 frente a la isla y tras un breve combate, es ocupada el 7 del mismo mes.

No era fácil el mantenimiento de dicha posición, alejada de cualquier territorio cristiano, rodeada de mar y con escasas fortificaciones. La extensión, aunque reducida: 415 kilómetros cuadrados, era lo suficientemente grande y con una larga costa de casi ochenta kilómetros, de difícil por no decir imposible defensa, de tal manera que las tropas permanecieron poco tiempo en el lugar, y sin haber castigado al enemigo, se replegaron a sus bases italianas.

Melilla (17 de septiembre de 1497)

Melilla había pertenecido al califato de Córdoba, aunque con su desmembramiento, había desaparecido el vínculo que la unía a al-Andalus.

La conquista de Granada exigió un esfuerzo considerable, pudiendo considerarse un híbrido entre la guerra medieval y moderna, de tal forma que el monarca aportaba las “armas reales”, principalmente la artillería, y los grandes nobles, sus mesnadas. La prolongación de la guerra obligó a una reestructuración, asumiendo más competencias orgánicas militares los reyes, de tal manera que finaliza la guerra con un “ejército moderno” compuesto de “coronelías”, y posteriormente tres de ellas conformarían, al mando de un maestre de armas, los famosos “tercios” españoles.

Tradicional había sido, lo era con los Reyes Católicos y endémico en los sucesivos “austrias”, la falta de fondos para hacer frente a todos los compromisos, por lo que el “sistema de botín con el quinto real” era la fórmula más conveniente, de hecho la conquista de América no la hicieron las “armas reales españolas”, sino las fuerzas aglutinadas y costeadas por un líder, fuera Hernán Cortés en México o Pizarro en Perú, por ello ante la incapacidad de llevar a cabo la conquista del norte de África, iniciándola por la ciudad de Melilla, los reyes ofertaron la acción militar, respondiendo a ella el duque de Medina Sidonia, el cual encargó a su capitán de armas, Pedro Estupiñán, que lo hiciera. Con el paso de los años y ante la imposibilidad, por falta de medios económicos y militares de conservar la plaza, el duque, la entregó, como patrimonio para el monarca.

Figura_4_Conquista_de_CazazaToma de Cazaza (1506) (Figura 4)

La fecha que se señala es la de 1506, es decir posterior a 1504, año en el que se inicia la conquista de África por parte de los Reyes Católicos, en realidad del rey viudo y del fiel confesor de la reina, el cardenal Cisneros. Por ello la conquista de esta ciudad tendría que integrarse en las llamadas “conquistas reales”, pero al ser un territorio concedido al duque de Medina Sidonia, como perteneciente a Melilla, Isabel poco antes de morir, concede a éste el marquesado de Cazaza, el cual sería efectivo en el momento de su conquista.

La ciudad de Cazaza era una villa de más de novecientos vecinos, en la cual arribó el último rey de Granada, Boabdil cuando abandonó el territorio ibérico con destino al reino de Fez.

Tras la conquista de Melilla en 1497, fue reforzada la guarnición de la plaza, en un intento, primero de hostigar a la primera y segundo anular su efectividad naval, pudiéndose desde Cazaza seguir atacando el tráfico cristiano en el Estrecho.

El duque ordenó al alcaide de Melilla, Gonzalo Mariño de Ribera que aprestara una expedición y ocupara la ciudad. No hubo grandes combates, obligándose a la población a abandonarla, quedando ocupada únicamente la fortaleza con una guarnición española.

En 1533 los musulmanes reconquistaron la ciudad, pasando a cuchillo a las tropas que la guarnecían, permaneciendo como tal hasta nuestros días.

A partir de este momento, todo el protagonismo bélico en el Mediterráneo corresponde a los reyes.

Rafael Vidal
Málaga, 31 de mayo de 2011
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