3 noviembre, 2011

España y el Mediterráneo: De Annual al pronunciamiento de Primo de Rivera

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Rafael Vidal
Doctor en Historia por la Universidad de Granada

Lusitania_Ferrer_Dalmau_1909En el anterior recuadro de la historia, dentro de la serie de “España y el Mediterráneo”, se reflexionaba sobre los acontecimientos anteriores al desastre de Annual, basándonos en consideraciones políticas, sociales y militares, terminando con unas conclusiones sobre la proyección de fuerzas armadas al exterior y la responsabilidad que adquiere el Gobierno de una nación con ello.

He leído en muchas ocasiones que el pronunciamiento del general Primo de Rivera en 1923 fue una consecuencia del desastre de Annual. Como historiador tengo que ser respetuoso con todas las opiniones, porque quien escribe sobre ellos, intenta “decir su verdad”. En esta columna se presenta la mía, que puede ser una más.

Dentro de este recuadro, como homenaje a los soldados que lucharon en África y en reconocimiento a Ferrer Dalmau, el pintor que los ha plasmado hacia el futuro, recogemos algunos de sus cuadros, expuesto en las exposiciones celebradas en Barcelona y Madrid con el título de “Estampas de un Ejército”.

CONSECUENCIAS INMEDIATAS DEL DESASTRE DE ANNUAL
Cuando la población de un territorio se sabe “protegida” por más de veinte mil soldados, y de pronto le llega la noticia de que han sido muertos por el enemigo, la primera sensación es de desesperación, intentando buscar en la salida inmediata de dicho territorio su salvación. En nuestra retina quedan aquellas imágenes dantescas de la salida de los últimos helicópteros norteamericanos de Saigón, en donde los propios soldados americanos, tienen que lanzar al vacío a golpes de fusil a los ciudadanos que querían abandonar la ciudad ante que entraran en ella los vietnamitas del norte, pues bien algo similar debió sentirse en Melilla, unido al dolor de más de mil familias que nada sabían de sus seres queridos, soldados, suboficiales y oficiales de las unidades que habían combatido en las última operaciones y que habían sido derrotadas.

Ferrer_Dalmau_y_la_estela_de_CussaschEl vizconde de Eza, ministro de la Guerra, convoca al día siguiente del desastre a los directores de los principales medios de comunicación, para explicarles la noticia, la cual ya corría como mecha de pólvora por toda la geografía española. El ministro contó una “verdad sesgada”, no echando la culpa a nadie, ni siquiera al general Fernández Silvestre, exponiendo que la tropa se había retirado con orden, aunque con alguna precipitación, también comunicaba la muerte en la acción del caudillo indígena, Abd-el-Krim, que lógicamente con posterioridad se demostró falsa. Hizo una relación de las medidas inmediatas tomadas por el Gobierno, como el traslado del alto comisario a Melilla, con algunas tropas y la salida de dos medias brigadas y dos grupos de artillería, con todo su material y ganado en dirección a la plaza de soberanía, indicando que en los momentos en que estaba hablando, ya estaban embarcados y navegando. “Terminó el ministro haciendo una invocación al patriotismo de los presentes, para que no se exageran ni desvirtúen las noticias, ya de por sí bastante graves, y, sobre todo, que no se mencionen, concretamente las fuerzas que se envían a Marruecos” (DÍAZ-PLAJA, Fernando. La España política del siglo XX en fotografías y documentos. Tomo primero: del arranque del siglo a la dictadura (1900-1923) Plaza y Janes, S.A. editores. Barcelona, 1971. Pág. 418).

En aquellos primeros días, cuando solamente se conocía el desastre de Annual, La reacción de la población española fue ejemplar, de tal manera que no se originaron protestas por el envío de nuevas tropas a Melilla, incluso las tropas expedicionarias, que partieron de Madrid, fueron aclamadas por el pueblo.

Pero aún quedaba lo peor por conocer, el derrumbe total de la comandancia general de Melilla, primero se rindió la posición de Dar Kebdani, mandada por el coronel Araujo, y así sucesivamente fueron cayendo puntos fuertes y blocaos, siendo masacrados por los rebeldes de Abd-el Krim. Curiosa, cuanto menos fue el abandono de la posición de Zoco el-Telatza, la más meridional, y próxima a la zona francesa. Contaba dicha posición con mil doscientos hombres de guarnición, al mando de un teniente coronel, el cual al tener noticias de la derrota de Annua, ordena la retirada hacia el sur, perdiendo en los 22 kilómetros ochocientos hombres, estando heridos muchos de los llegados a Uxda.

Figura_1El 29 de julio, el general Navarro, con las unidades españoles que había ido recogiendo en la retirada, se atrinchera en Monte Arruit, a treinta kilómetros de Melilla. Es sitiada por los rifeños y de forma incomprensible no puede ser ayudada por las tropas de Melilla. El general Navarro es autorizado a rendirse, pactando dejar las armas y regresar sin ellas a la plaza de soberanía, pero Abd-el-Krim, no estaba dispuesto a cumplir lo pactado y los tres mil quinientos españoles fueron asesinados conforme abandonaban la plaza (Figura 1).

Miles y miles de muertos han quedado insepultos en las tierras africanas y el pueblo clama por el rescate de los mismos y por darles una sepultura cristiana. Los moros conocían ese sentimiento español y obraron en consecuencia para acrecentar las diferencias y los enfrentamientos en España (Figura 2).

La figura del monarca salía seriamente tocada del desastre, publicando los partidos antidinásticos unos telegramas, verdaderos o falsos, cruzados entre Fernández Silvestre y Alfonso XII, en el cual el primero le ofrecía la conquista de Alhucemas como ofrenda por el 25 de julio, día de Santiago patrón de España, contestado el segundo con otro en el que se decía: Olé los hombres. El 25 te espero” (DÍAZ PLAJA. Ob. Cit. Pág. 418). Sea o no verdad, la monarquía perdía el apoyo de una buena parte de la sociedad española, de tal forma que los caricaturistas de izquierda comenzaron a pintar al rey rodeado de cadáveres y con el sobrenombre de “el africano”.

Figura_2La confianza en el poder político y en el sistema que había gobernado a la nación en las últimas década, se había completamente desmoronado, exigiéndose por todos los sectores políticos una “regeneración democrática”. Las imágenes de los prisioneros españoles en manos de Abd-el-Krim, sus humillaciones, los barcos cargado de víveres para ellos, recogidos en la bahía de Alhucemas por barcas moras, con la bandera ondeando de la república de Rif, se publicaban por doquier, siendo presa de los comentaristas políticos, las conversaciones del Gobierno para la liberación de los prisioneros, en una permanente claudicación, que enlosaba cada vez más a España y los españoles y le hacían diana de las críticas más acerbas de los gobiernos europeos.

Los españoles miran a Europa, principalmente en los países más afines, y se encuentran con Italia, en donde un “mesías”, llamado Benito Mussolini, clamaba por una gran movilización de las fuerzas humanas y materiales de la nación, para gobernarla, asegurando la grandeza de la misma y la dignidad de sus habitantes. A mediados de 1921, el ideal fascista de Mussolini estaba a punto de alcanzarse, siendo un espejo en donde se miran muchos grupos españoles.

La “regeneración”, también alcanzó al ejército, el cual analizando la cruenta derrota, se dio cuenta que los medios con los que contaba estaban obsoletos y mucho más los procedimientos y métodos de combate.

Ferrer_Dalmau_Frente_a_los_heroes_de_AlcantaraUna de las primeras unidades que acude en refuerzo de la menguada guarnición de Melilla es una bandera de la recién creada “legión”, al mando del comandante Franco, el cual no sólo colaboró al restablecimiento de la moral, sino que reconquistó diversas posiciones exteriores. La crueldad de sus tropas con los moros vencidos, fueron causa de satisfacción por parte de la población civil española, que se sentía “vengada” de la afrenta causada en Annual, aunque la prensa internacional se sintiera horrorizada por las represalias.

La sangría constante de soldados españoles desde que se iniciaron las operaciones en la zona asignada a España como Protectorado, aconsejaron crear unidades de cuyos muertos y heridos no estuvieran tan sensibilizados la sociedad española. De esta manera, en 1911 se crearon las Fuerzas Regulares Indígenas, siendo su primer jefe del teniente coronel Dámaso Berenguer, alto comisario en el desastre de Annual, habiéndose celebrado su primer centenario recientemente. Estas unidades estaban integradas por personal moro y encuadrado con oficiales españoles, aunque poco a poco, tuvieron suboficiales y oficiales menores de procedencia indígena. Fue empleada como fuerza de choque, siendo la más laureada del ejército español y la que ha sufrido mayor cantidad de bajas a lo largo de su historia.

Anteriormente se había creado las unidades, tipo compañía, de Tiradores del Rif, con todos sus efectivos, excepto los oficiales, indígenas y la Milicia Voluntaria de Ceuta, unidad híbrida, que englobaba europeos y moros.

Todas las unidades moras se fueron integrando en el transcurso del tiempo en las Fuerzas Regulares.

Otras unidades moras que sirvieron a España y existían en la época que nos ocupa, era la Mehala Jalifiana, consistentes en tropas dependientes del jalifa y en donde los oficiales españoles estaban como “asesores”, y las “harcas”, consistentes en unidades irregulares, de número muy variable, alistándose los moros bajo el patrocinio de un “notable” y de un mando español.

Ferrer_Dalmau_carga_de_Taxdir_1909También existían otras tropas, como la “policía indígena”, de entidades muy variables y organizadas en compañías, denominadas “mias”.

El comportamiento de esta variedad de fuerzas no españolas fue muy diverso en el momento de Annual, pasando desde aquellas que lucharon codo con codo y murieron junto a sus homónimos peninsulares, hasta los que los traicionaron desde el primer momento, asesinando a los oficiales y a los soldados europeos.

Annual tuvo, de forma inmediata, consecuencias militares, tanto en la organización de las unidades que se destinaban a la zona del Protectorado, como a los procedimientos bélicos, recogiéndose las “lecciones aprendidas” de la gran guerra, adaptándolas a las peculiaridades de la guerra irregular que se llevaba a cabo en el Rif. La culminación de esta reforma militar, fue el desembarco de Alhucemas, para el cual el ejército se había transformado totalmente, actuándose de forma conjunta/combinada.


CONSECUENCIAS DIFERIDAS

Pasados los primeros días, de fervor patriótico, en donde lo único que se quería era salvar el honor y vengar a los muertos, poco a poco, conforme se daba información del desastre, se iban conociendo detalles de la mala gestión de los asuntos militares: mala utilización de los recursos, corrupción generalizada, falta de planeamiento de las operaciones militares, cobardía por parte de muchos mandos, y un largo etcétera, que “resultaba que el Ejército apenas si merecía su nombre” (PAYNE. Ob. Cit. Pág. 243).

Coronel_Lanceros_1909_Ferrer_DalmauPero en España, a pesar del desastre, el verano era el verano, y lo que debería haber sido una inmediata constitución de una comisión política, se trasladó todo a la reiniciación de sesiones el 20 de octubre.

En aquellos dos meses, muchos industriales españoles, temerosos tal vez de que el caos político e incluso una posible revolución, diera al traste con la España económica, ofrecieron al Gobierno su contribución financiera para paliar de forma inmediata las necesidades más urgentes del ejército, de tal forma que a finales de 1921, la incipiente aviación contaba con cerca de doscientos aviones, debido a que una de las causas a las que se achacaba la catástrofe era a la no utilización de la escasa aviación existente en la comandancia general de Melilla, cuando hubiera sido muy útil para el reconocimiento de posiciones, de información sobre el enemigo y el bombardeo de posiciones y columnas enemigas.

En el otoño de 1921 salió a relucir en los debates parlamentarios lo mal que se encontraba la administración militar, empezando con una lista de 466 generales en servicio activo y con un presupuesto que se llevaba más del cincuenta por ciento de los fondos gubernamentales, disponiendo el ejército de Marruecos de unas consignaciones que luego no se correspondía con su verdadera operatividad. Se planteaba el caso, de que el montante del presupuesto del “jalifa” de Tetuán fuese casi el mismo que el de toda la familia real española, presentándolo como un caso de despilfarro. Así mismo se comparaban las fuerzas militares de España, con las de Francia, en un área que superaba en casi veinte veces a la española, resultando que ésta última disponía de setenta mil hombres de los que solo 26.000 eran europeos, mientras que España disponía de más de cincuenta mil hombres, pero no se habían sabido emplear a las tropas indígenas, algunas de las cuales se les destinaba a luchar en el territorio de sus kabilas, con lo cual su eficacia y el número de deserciones, les hacía dejar mucho que desear.

Las relaciones del rey y el general Silvestre se mantenían de forma soterrada en los debates, hasta que Indalecio Prieto, hizo clara referencia a ellas en un discurso parlamentario del 27 de octubre.

Abd-el-Krim, tras la derrota española, se encontró con un territorio de más de cinco mil kilómetros cuadrados y la obediencia de todas las kabilas. Lo organizó de la forma más occidental posible, sobre la base de una república, la que incluso tuvo bandera, estableciendo la capital del nuevo estado en Axdir. A principios de febrero de 1922 se proclamó “oficialmente” el “emirato del Rif”, aunque ningún país independiente reconoció tal decisión. Para crear un verdadero ejército recurrió a oficiales extranjero, muchos de ellos procedentes del antiguo ejército alemán, consiguiéndose hasta poner operativas y constituir en baterías, las ciento diecisiete piezas tomadas a los españoles. Exigió un rescate por los prisioneros españoles de más de cuatro millones de pesetas.

Carga_del_Rgto_Alcantara_en_Dar_Drius_1921Dentro del ejército se recrudecieron las diferencias entre las “Juntas de Defensa” y los militares “africanistas”. Las primeras también se enfrentaron al Gobierno, aunque Maura, su Presidente y el ministro de la Guerra La Cierva decidieron llevar a cabo una vieja solución, la de incluir a las juntas, a través de unas “Comisiones Informativas” dentro de la estructura del ministerio, con lo cual caían bajo la jurisdicción del Código de Justicias Militar. Alfonso XIII consideró que esa maniobra se hacía contra su persona, decidiendo no firmar el real decreto, pero Maura no cedió y aunque la nación estuvo sin gobierno entre el 11 al 16 de enero, el monarca tuvo al final que hacerlo.

Pero el enfrentamiento dentro del ejército, entre los oficiales de las guarniciones peninsulares y los “expedicionarios”, los que ascendían por “méritos”, se acentuaba, pidiendo los primeros, a través de las “Comisiones Informativas” que se suprimieran estos últimos ascensos, como ya habían hecho los artilleros y que se llevara a todas sus consecuencias la investigación del general Picasso sobre los acontecimientos de África.

El desastre de Annual fue un revulsivo total para el ejército, de tal manera que fueron destinados a África hasta los soldados de las clases altas, que por dinero se habían librado de esta circunstancia. Esta providencia -que no tuvo que tomarse a la fuerza, debido a que la juventud española respondió con entusiasmo y patriotismo-, sirvió para levantar la moral de las tropas y para mejorar sus condiciones de vida, hasta entonces ignominiosas.

También comenzaron a aplicarse las enseñanzas de la guerra mundial, con el empleo de los carros de combate como acompañamiento a la infantería; el uso masivo de la artillería; la utilización de la aviación en sus facetas de reconocimiento, enlace y bombardeo; los despliegues logísticos como apoyo a las tropas, principalmente el despliegue sanitario (la comandancia general de Melilla disponía según la revista de comisario de 1º de julio de tres ambulancias automóviles, para un frente de más de cien kilómetros, sin caminos y tardándose más de tres horas en recorrer el trayecto que unía Melilla con Annual); la coordinación de grandes unidades conjuntamente con la armada y aviación, y otra serie de aspectos, que sin aumentar significativamente el material existente, dieron una mayor eficacia al conjunto de las fuerzas desplegadas en el Protectorado.

EL EXPEDIENTE PICASSO
A principios de agosto de 1921, días después de la rendición de Monte Arruit, el consejo de ministros, presionado por la clase política, por la prensa y por la opinión pública, nombra al general de división, Juan Picasso González, instructor de un informe no judicial, sobre las actuaciones castrenses acaecidas en los últimas días en la zona de la comandancia general de Melilla, que se habían saldado con miles y miles de bajas.

El general Picasso, malagueño de nacimiento y tío del genial pintor Pablo Ruiz Picasso, entró en el ejército en 1876, siendo el número uno de su promoción. En 1893 se encontraba de capitán en la zona de Melilla, fue recompensando con la Cruz Laureada de San Fernando por su comportamiento en la acción de Cabrerizas Altas en donde perdió la vida el general Margallo. Asciende a general de brigada en 1915 y a divisionario en 1921, destinado a continuación al Consejo Supremo de Guerra y Marina. Nombrado por el ministro de la Guerra, vizconde de Eza, instructor para esclarecer los acontecimientos de Annual, dejando constancia de su labor en un expediente que recibe su nombre: “Expediente Picasso”.

Como consecuencia de las conclusiones del expediente, con fecha 10 de julio de 1922, es decir casi un año más tarde de producirse los acontecimientos, el Consejo, citado anteriormente, constituido en sala de justicia, acordó, en consonancia con el artículos 400 del Código de Justicia Militar, la formación de causa, para depurar responsabilidades, contra el alto comisario, Dámaso Berenguer, el comandante general de Melilla, Fernández Silvestre y el 2º jefe de la misma, general Navarro y Cevallos de Escalera, incluyendo no sólo los acontecimientos del 22 de julio, sino desde la ocupación de pérdida de Abarrán hasta la capitulación de Monte Arruit, nombrándose instructor del procedimiento al general de división Ataúlfo Ayala López y secretario al auditor de brigada Ángel Ruiz de la Fuente.

El procedimiento judicial abierto no tuvo consecuencias palpables, dado que tras el pronunciamiento del general Primo de Rivera, todo quedó paralizado, incluso parece que se ordenó la destrucción de todo el expediente. Las diferentes copias existentes, impidieron su desaparición, probablemente lo fue algún que otro documento más comprometido.

Las consecuencias políticas y militares que iba a conllevar la información ordenada al general Picasso, se vieron desde su introducción y punto de partida, indicándose textualmente:

“punto de partida prudencial de sus investigaciones aquel momento en que el Comandante general del territorio, propasando el límite racional de la capacidad de sus medios de acción, sin exacta apreciación de las circunstancias políticas regionales y distanciándose, a lo que puede juzgarse, de las miras del Alto Mando, en cuyos proyectos no entraba intensificar por entonces la acción por la parte de Melilla -telegrama de 13 de noviembre de 1920-, se aventura en arriesgada incursión en la cabila de Tenseman, sobre la izquierda del río Amekran, raya virtual por entonces de la zona sometida, en demanda del áspero contrafuerte de cabo Kilates, con decidido propósito de alcanzar el río Neckor y la bahía de Alhucemas, y que en su primera etapa se traduce en efímera ocupación de monte Abarrán, sin preparación ni medios adecuados, prólogo de la catástrofe provocada en aquel territorio” (Picasso, Juan y prólogo de ABAD DE SANTILLANA, Diego. DOCUMENTOS Relacionados con la información instruida por el señor general de división D. Juan Picasso sobre las Responsabilidades de la actuación española en Marruecos durante julio de mil novecientos veintiuno. México, 1976. Pág. 5).

El 16 de enero de 1921, el ministro de la Guerra, remitía un escrito al alto comisario, que entre cosas figuraba:

“ … yo estoy resuelto a que no se empiece operación alguna si previamente no me dice usted, mediante informe de los comandantes generales, que tiene previstas todas las contingencias pecuniarias que de estas operaciones se deriven, y que, por consiguiente no ha de ocurrir nada desagradable por falta de ningún elemento de acción de los que ustedes reclaman. Ni en Intendencia, ni en Sanidad, ni en Ingenieros, ni en nada que afecte a material de guerra, quiero que no se carezca de lo que se juzgue necesario, y al Consejo de ministros he manifestado, bajo mi responsabilidad, no autorizaré el movimiento de un solo soldado, si previamente no cuento con la seguridad de que, por lo que afecta a mi deber como administrador del Ejército, está todo convenientemente atendido” (PAYNE, Stanley G. Ejército y sociedad en la España liberal, 1808-1936. Akal editor. Madrid, 1977. Pág. 232).

Confirmándose con ello que el Gobierno no autorizaba ninguna acción comprometida.

Al pedir, el general Picasso, los planes de operaciones al general Berenguer, solicita éste autorización al ministerio de la Guerra, al ser documentos declarados “secretos”, para su entrega, disponiéndose por real orden de 24 de agosto, que las investigaciones debían centrarse exclusivamente en aclarar la conducta de todos y cada uno de los participantes en las distintas acciones que se llevaron a cabo desde mediados de julio a principios de agosto de 1921.

Evidentemente esta decisión era la de dar un golpe de muerte al esclarecimiento final de los hechos, porque solamente se podía investigar el comportamiento de los protagonistas: por ejemplo, si un oficial, había entregado el blocao bajo su responsabilidad y si había agotado todos los medios de defensa o no, siendo muy difícil de discernir si el agua disponible era suficiente, así como la comida, las municiones y el medio cerval que padecían las tropas.

Figura_3Picasso hace especial mención a un informe del coronel de estado mayor Gabriel Morales Mendigutia, jefe de la oficina central de asuntos indígenas que alertaba, en un informe, al comandante general “que se había llegado al límite de elasticidad de las fuerzas” (Figura 3). Este concepto militar, puesto en boga a raíz de las guerras de la Revolución y del Imperio, es recogida por los más ilustres tratadistas del siglo XIX, así como en las doctrinas de los ejércitos del siglo XXI, empleándose el símil de una goma, que se estira y estira, hasta que alcanza su punto de ruptura, ocurriendo lo mismo en un ejército, que contra más avanza y se aleja de su base de operaciones, la línea que le une a ella es cada vez más débil y vulnerable. El barón de Jomini ya preconizaba que debía sustentarse la línea de operaciones, con bases pasajeras o de reserva estratégica (JOMINI. Ob. Cit. pág. 277), cuestión que no se hizo por parte de la comandancia general, en donde falló estrepitosamente la incapacidad de atender logísticamente a todas las posiciones. En su informe, Picasso, indica: “entendiendo que para haber podido satisfacer cumplidamente las necesidades circunstanciales del Ejército hubiera sido indispensable un número cinco veces mayor de camiones; lo cual da la medida de las necesidades de esta índole de alargar desmedidamente, cual se pretenda, la línea de operaciones sin preparación conveniente” (PICASSO. Ob. Cit. págs. 45 y 46). Se refiere al transporte pesado o principal, repartiéndose los recursos con vehículos ligeros, llegando hasta las posiciones en mula o en camello (Figura 4).

Figura_4Causa estupor, extraída de las declaraciones tomadas, que no existía ninguna previsión para el caso de un levantamiento masivo de las kabilas, es decir que dicha hipótesis, la más peligrosa, ni siquiera se contemplaba, cuando es una regla de oro, desde los tiempos del maestro Tzun Su, la de montar la maniobra con respecto a la hipótesis más probable sobre el enemigo y la seguridad sobre la más peligrosa.

“Dice el comandante de Estado Mayor señor Fernández-folio 813- que, en su concepto, en la organización militar del territorio se había eliminado toda previsión de un levantamiento de las cabilas; pues, para hacer frente a la situación que produjera una insurrección, era menester que cada posición hubiese estado organizada de una manera más adecuada para resistir; es decir, dotada de aljibe, que no había en ninguna, y depósito de víveres y municiones, proporcionado a la resistencia que hubiera de rendir; además de una guarnición adecuada en número, que no en todas había. De haber contado con semejante organización, la tarea de las fuerzas móviles con que en un plazo más o menos largo se hubiera contado hubiera hecho relativamente fácil el restablecimiento de la situación” (PICASSO. Ob. Cit. pág. 49).

¿Cómo se puede ser heroico cuando se conoce que las posibilidades de supervivencia ante un ataque del enemigo son nulas?

Los tenientes coroneles Nuñez de Prado (Regulares) y Vera (regimiento Melilla), en sus declaraciones, indican que la conducta de los oficiales y tropas fueron impuestos por las circunstancias, al “carecer las posiciones de víveres y de agua para una resistencia prolongada; pues se daba el caso de que posiciones guarnecidas por 25 hombres, como la de Ras Tikermin, tenía que hacer la aguada diaria en Tauriart Haman, distante seis kilómetros; el suministro de Intendencia, en Ishafen, a ocho, y los demás comestibles, en la cabecera de la compañía en Teberdin, situada también a ocho kilómetros. En las cuales condiciones, que no constituyen excepción, procedieron, a su juicio, conforme manifiesta, como correspondía” (PICASSO. Ob. Cit. pág. 50).

Profundizar en la logística planeada por el estado mayor del general Fernández Silvestre y tomada la decisión por él, es decir asumiendo la responsabilidad de la misma, causa verdadero pavor. Se cita en el informe la inexistencia de hospitales de campaña, no pudiéndose dar dicha denominación a dos tiendas con muy pocos medios sanitarios en Annual; la precariedad de las evacuaciones de heridos, de tal forma que tienen que emplearse sus propios compañeros en trasladarlos en camilla hasta los lugares de evacuación, falleciendo muchos en el camino y por la falta de asistencia, a pesar de los prodigios de destreza médica y valor, que hicieron algunos de los facultativos destacados, mereciendo por ello las más altas condecoraciones de la Patria.

Figura_5Picasso se queja de las dificultades para obtener una información fehaciente de los supervivientes, aduciendo múltiples causas cada uno de ellos, para no ser excesivamente prolijos en sus comentarios sobre los sucesos vividos. Evidentemente, las declaraciones de todos estos protagonistas tenían que estar mediatizadas, dado que eran los supervivientes de una tragedia, de la cual se habían librado, huyendo o cayendo prisionero del enemigo y luego liberado, por lo cual no parece que fuera heroico su comportamiento y la inmensa mayoría de ellos, presumían que si contaban toda la verdad, podían verse salpicados por la investigación y caer en responsabilidades y por ende que se les abriera procedimiento judicial (Figura 5).

El general instructor sabía que al poder analizar solamente el “comportamiento” de los mandos y de las tropas, y sus decisiones y acciones, desde Abarrán hasta Monte Arruit, sin tener en cuenta los antecedentes; el planeamiento de las operaciones; las órdenes iniciales; los medios requeridos, tanto en la petición de las necesidades suplementarias, como en la aprobación o negación de los mismos; y otros aspectos que atañían a las dirección y conducción de un ejército en campaña, era cerrar el caso en falso y culpar únicamente a los autores directos del desastre, quedando absueltos, por falta de investigación de los verdaderos culpables: los inductores.

El informe del general Picasso propuso el procesamiento de los generales Berenguer, Silvestre (si alguna vez era encontrado) y Navarro (en el caso de que fuera liberado). Este informe fue aprobado por el Consejo Supremo de Guerra y Marina, ante lo cual Berenguer dimitió de su cargo, defendiéndose en el Senado, como senador vitalicio que era, de las acusaciones. A todo esto el Gobierno de Sánchez Guerra no tenía conocimiento oficial de lo que ocurría, por lo que obligó a dimitir al ministro de la Guerra, general Olaguer-Feliú, asumiendo el propio Presidente la cartera de Guerra, con objeto de enterarse realmente de los que pasaba dentro del ejército.

Primo de Rivera, tras su pronunciamiento, entendió que era mejor echar tierra encima, tal como dice un viejo refrán de: “no remover la mierda”, que lanzarse a una exigencia de responsabilidades que podía dar al traste con lo poco que quedaba de organización política en la España de 1923.

PRONUNCIAMIENTO DE PRIMO DE RIVERA Y EL DESEMBARCO EN ALHUCEMAS
Desde hacía años la posición de Don Alfonso XIII era claramente enfrentada con la clase política. Además su personal germanismo, siendo el jefe de estado de una nación que pretendía ser neutral en la conflagración que agitaba al mundo, no era lo más conveniente para los intereses españoles.

Alfonso XIII adoleció de ser rey desde el momento de nacer y ese hecho le marcó toda su vida, considerándose si no abiertamente, pero sí en su interior, que su poder le provenía de derecho divino.

Se sentía militar y estaba a gusto con los militares y en su defensa se extralimitaba en sus funciones constitucionales.

El general Burguete que había sustituido a Berenguer como alto comisario, encontró verdaderos desajustes en la administración del territorio, siendo uno de los más importantes el desfalco masivo llevado a cabo por oficiales de abastecimiento del ejército en la zona de Larache. El Consejo Supremo de Guerra y Marina se encargó de las investigaciones, ordenando el procesamiento de más de setenta oficiales, algunos de ellos con mando superior. El conocimiento de tanta corrupción castrense, cuando el año anterior se habían producido miles de muertos, encrespaba a los grupos políticos, los cuales exigían una investigación más a fondo y las posibles interferencias del rey en el asunto.

Figura_6El 7 de junio de 1922, Alfonso XIII, visitó Barcelona y la realidad es que fue recibido con aclamaciones de multitudes (Figura 6). Fue una visita muy intensa de menos de dos días, pero plena de actos con gran significado.

En su discurso ante el elenco militar y tras las palabras de salutación y de fidelidad del capitán general Primo de Rivera, tomó la palabra el rey, en un discurso que aparentemente tendría que se protocolario, pero recordó las vicisitudes por las que pasaba el ejército e hizo ver que debían los cuadros de mando, tomar como ejemplo al ejército alemán que, aunque derrotado, seguía manteniendo las virtudes de otras épocas. Fue un discurso incendiario, tal vez el que la oficialidad presente quería oír, pero que nunca debió pronunciarse, porque en las palabras pronunciadas se expresaba la posibilidad de que el ejército  fuera la herramienta de la regeneración de España. Casi al final del discurso dijo a los oficiales congregados, en clara manifestación de menosprecio a los políticos, entre ellos el Presidente del Gobierno y ministros del gabinete: “Yo os ruego que os acordéis siempre que no tenéis más compromiso que el juramente prestado a vuestra Patria y a vuestro Rey” (ABC. Edición del 8 de junio de 1922. Pág. 8. LA VANGUARDIA, Edición de 8 de junio de 1922. Pág. 11) (Figura 7).

Figura_7Sánchez Guerra a la sazón Presidente del Gobierno fue preguntado por las palabras del rey, a lo que el político se salió por la tangente, bien que de malos modos, siendo este hecho comentado en los diversos medios consultados.

¿Fue el discurso el detonante que quería el Ejército para hacerse con el poder? Muy recientemente en 1981, ante una situación de grave inestabilidad política y social, se quiso por un grupo reducido de militares y desde la capitanía general de Valencia, efectuar algo similar, a lo que seguramente en aquellos momentos pensó el general Primo de Rivera, monárquico acérrimo, patriota, buen militar y con numerosos miembros de su apellido muertos por España. Desde aquel momento, Primo de Rivera estaba decidido a cumplir los deseos que consideraba del rey y tras una serie de conversaciones, más o menos secretas con los capitanes generales, los mandos de las divisiones y otros altos oficiales del ejército y la armada, contactos que salieron durante 1922 y 1923 a la prensa con la denominación de “rumores de golpe de estado”, al final se “pronunció”, solicitando la adhesión a su “pronunciamiento”, de forma similar a como se había hecho numerosas veces a lo largo del siglo XIX.

Poco más se puede exponer tras las palabras del rey. Los partidos políticos constitucionalistas se mostraban incapaces de enderezar la situación política, económica y social; el partido socialista, ya de por sí radicalizado, se había escindido, creándose en noviembre de 1921 el Partido Comunista de España, que se adhirió a la III Internacional convocada por Lenin; los sindicatos exigían con manifestaciones tumultuosas y en ocasiones sangrientas, la mejora de las clases trabajadoras; los asesinatos eran cuenta corriente diaria, pudiéndose tomar como muestra dos extremos: el cardenal arzobispo de Zaragoza, asesinado por pistoleros de la “izquierda” y el sindicalista Salvador Seguí, apodado el “Noy del Sucre”, asesinado por los de la “derecha”, y otras más cuestiones que exigiría exponer una fotografía mucho más acertada de la realidad española de 1922 y 1923, de tal manera que el campo estaba bien abonado para el “pronunciamiento” del capitán general de Cataluña.

La madrugada del 12 de septiembre de 1923 se consuma el golpe de estado. Alfonso XIII se encuentra en San Sebastián y asiste a una fiesta en el palacio de Miramar. El Gobierno se resiste a ceder, pero se produce una reacción inusitada en la opinión pública, en todas las clases sociales y en las organizaciones sindicales, aceptando el cambio regeneracionista de Primo de Rivera.

El apoyo del socialismo y de los sindicatos al dictador fue casi unánime:

“Cuando advino la dictadura, Cataluña, y especialmente Barcelona, incluso los trabajadores, aplaudieron al dictador, porque vieron en la nueva situación política el medio único de verse libres de aquellos hechos deshonrosos” (PAYNE, Stanley G. y ROMANES HACES, Luis. La primera democracia: La segunda república, 1931-1936. Paidos, Estado y Sociedad. Barcelona, 1995. Pág. 73. Cita al periódico El Socialista en su edición del 9 de junio de 1931) (ARRARÁS IRIBARREN, Joaquín. Historia de la Cruzada Española. Tomo I. Ediciones Españolas, S.A. Madrid, 1940. Pág. 132. Hace referencia a la misma cita, aunque la fecha en El Socialista es una edición del mes de julio de 1931).

El rey llega a Madrid el día 14, parece que voluntariamente ha permanecido en San Sebastián, a pesar de la situación, para conocer las reacciones y obrar en consecuencia. El Gobierno dimite y el general Primo de Rivera, constituye un directorio militar.

¿Razón directa el desastre de Annual del golpe de estado militar?, ni mucho menos, Annual fue un detonante, uno más de toda aquella anarquía política y desde luego no el más importante.

Primo de Rivera que como senador se había declarado partidario de abandonar el Protectorado, al llegar al poder se dio cuenta que era imposible no afrontar las obligaciones internacionales asumidas por España, y tras reorganizar el ejército y después de un acuerdo con Francia, se procedió a reconquistar el territorio de la llamada “República del Rif”, mediante una operación combinado-conjunta en la zona de Alhucemas, siendo la primera operación anfibia de carácter moderno. Annual había sido un revulsivo para el ejército.

El profesor Pablo la Porte, escribe:

“… en aquellos años se consolidó definitivamente la interpretación histórica que consideraba el desastre de Annual como una manifestación grave del progresivo e irreversible deterioro del sistema parlamentario en España, y las consecuencias del mismo como uno de los factores que contribuyeron a derribarlo” (PORTE, Pablo la. El desastre de Annual, ¿un olvido historiográfico? Cuadernos de Historia Contemporánea, nº. 19. Servicio de Publicaciones de la Universidad Complutense de Madrid. 1997. Pág. 224).

CONCLUSIONES
Se ha querido ver en el derrumbamiento de la comandancia general de Melilla, la causa directa del pronunciamiento del general Primo de Rivera y la instauración de la dictadura, cuando en realidad el desastre de Annual y el rosario de derrotas que se sucedieron hasta finales de agosto de 1921, fue un suceso más, muy doloroso, pero uno más de la deplorable situación por la que atravesaba España.

Las verdadera causas del inicio de la dictadura y, al no resolver todos los problemas españoles, la de advenimiento de la república, fueron la situación política, social y económica de España, que se había ido deteriorando desde el inicio del siglo, pero con más decadencia a partir de 1909, encontrándose la clase política totalmente desprestigiada, con un sistema electoral fácilmente manipulable, que en ningún caso dejaba traslucir las verdaderas aspiraciones del pueblo.

El rey Alfonso XIII, monarca desde su nacimiento, se excedió siempre de sus competencias constitucionales, sintiéndose unido, como un compañero más, a los miembros del ejército. Los distintos presidentes del Gobierno mantuvieron diferencias sustanciales con él, provocándose crisis ministeriales y caídas inesperadas del ejecutivo.

En su discurso de Barcelona ante toda la guarnición, les dijo a los militares lo que querían oír: que no eran responsables de los desastres militares y que solo debían fidelidad a la Patria y a su rey, saltándose con ello todo el entramado constitucional. Primo de Rivera, asistente al acto como capitán general, probablemente sintió que su rey estaba pidiendo una regeneración política, un cambio que barriera un régimen caduco, al igual que había ocurrido recientemente en Italia, siendo ese discurso un reclamo al pronunciamiento. Mussolini surgió del partido socialista, Primo de Rivera se apoyó en el mismo en sus primeros años de gobierno.

En lo que respecta al ejército, el desastre de Annual mostró la existencia de una organización y métodos decimonónicos, siendo un revulsivo para adaptarse rápidamente a los planteamientos bélicos surgidos en la guerra mundial. De hecho, se aprendió, y cuatro años más tarde, se planeaba y ejecutaba con precisión, una de las operaciones más complejas: la anfibia, la primera de la historia moderna, resultando como experiencia y enseñanza para todos los ejércitos europeos, aplicándose en el desembarco de Normandía, similares principios a los de Alhucemas.

El general Cavalcanti en su toma de posesión en diciembre de 1921, en declaraciones al periódico “La correspondencia de España”, declaraba: “Silvestre no fracasó. Fracasó un sistema. Fue víctima de él” (CABALLERO POVEDA, Fernando. Abarrán: causa de un desastre no inesperado Revista EJÉRCITO, nº. 541 de febrero de 1985. Págs. 73-80).

Poco más se puede decir: la derrota militar española por Abd-el-Krim de 1921, no fue origen de nada, fue una consecuencia más de causas mucho más profundas y que tenían enferma a España.

Rafael Vidal
24.10.11