18 octubre, 2012

España debe fijar una posición activa para proteger el patrimonio sumergido

Gracias a la investigación de «The Times» se levanta por primera vez el velo que cubre las operaciones financieras de las empresas cazatesoros, que cotizan en bolsa, que mantienen excelentes relaciones con grandes fortunas del mundo y presumen de contactos políticos al más alto nivel en EE.UU., Gran Bretaña y –hasta hace bien poco también− en España. Pero todo ese espejismo financiero disfrazado de i+d pende dolorosamente de un hilo: el expolio con ánimo de lucro del patrimonio sumergido.

victoryLos ladrones de la historia odian la luz y los taquígrafos, se mueven fácilmente entre privilegios y regalías con apariencia legal. Es un hecho que el negocio de este lobby es ruinoso y arriesgado. El diario londinense afirma que 11 de las 18 empresas de Fraser han ido a la quiebra (los patrocinadores, eso sí, pueden desgravar). La «fiebre del oro» surge de una estudiada mezcla de hallazgos y secretismo para atraer inversores desaprensivos o mal informados.

Pero no producen documentación científica ni devuelven a la sociedad avance alguno. Solo venden monedas y otras piezas que merecerían estudiarse en un museo. Espían en nuestros archivos, siembran el olvido y borran nuestra memoria. La memoria que naufragó en los barcos con marinos de los dos costados del mundo hispánico.

La empresa que protagonizó el gran expolio del patrimonio español −Odyssey Marine Exploration– tiene inmejorables relaciones en Gran Bretaña. Sus barcos pusieron su centro de operaciones en la base de Gibraltar, patrocinados por el Ministerio inglés de Defensa, mientras extraían la carga de la fragata «Mercedes». Sirvieron a la confusión política por las aguas en litigio y emplearon el aeropuerto de co-soberanía para realizar contrabando de bienes del patrimonio. Aún hay piezas en la colonia que ellos se niegan a entregar.

Todo ello se investiga en un Juzgado de La Línea de la Concepción. O se investigaba, porque el juicio lleva cinco años de atasco en diligencias previas por el vergonzoso desinterés de nuestras autoridades políticas y judiciales. España sí ha ganado a los cazatesoros en los Tribunales de Estados Unidos, pero Gran Bretaña ha vuelto a asociarse con ellos para excavar el «Victory» y el «Garisoppa», botín de plata de la Segunda Guerra Mundial.

También se sabe que Odyssey busca en otras islas del Atlántico permiso para excavar pecios tal vez (o tal vez no) ingleses. ¿A qué precio? El Parlamento británico ya investiga estos asuntos. En España, todo ha vuelto al mismo sitio donde estaba: burocracia, reparto competencial, inacción. Ni euros ni ideas. Triste y al traste.

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