12 febrero, 2015

Es pintura, más que instrumento político

samotracia

Cuando la España franquista vendía al mundo su diferencia en la década de los sesenta, el Equipo Crónica reflejaba en sus cuadros una realidad social y política muy alejada de la edificante imagen de la campaña institucional. Y lo hacía con motivos de obras de los grandes maestros de la pintura española, como El Greco, Velázquez o Goya, que reproducía combinados con imágenes del mundo de la publicidad y de los medios de comunicación en unas series que pasarían a formar parte de la iconografía antifranquista. Tal vez Guernica 69 fuera una de las series más conocidas de la primera etapa del Equipo Crónica, constituido en 1964 y formado inicialmente por los artistas valencianos Rafael Solbes (1940-1981), Manuel Valdés (1942) y Joan Antonio Toledo (1940-1995), si bien este último se desvinculó a los pocos meses.

En uno de sus cuadros, el Guerrero del Antifaz emerge entre las trágicas figuras de Picasso en una reivindicación doble del Guernica que el artista malagueño mandó depositar en el MOMA de Nueva York hasta el fin de la dictadura. El Equipo Crónica elaboró un relato imaginario del ansiado viaje a España de la obra más célebre del siglo XX en una serie, que también está presente en la gran exposición que el Museo de Bellas Artes de Bilbao le dedica a partir del 10 de febrero.

Se trata de la mayor antológica consagrada al Equipo Crónica, justo cuando se cumplen cincuenta años de su constitución y treinta y cuatro de su disolución, por la prematura muerte de Solbes en 1981. Valdés, el único superviviente, recuerda aquellos años, desde su actual residencia en Nueva York, donde continúa su fructífera carrera: “Fue interesante. Estábamos pasando de una época de formación a otra de creación. Queríamos conseguir la democracia, hacer buenos cuadros, conformar la manera de trabajar en equipo. Todo este proyecto traía dudas y algunos resultados. Y queríamos también que esos resultados se conocieran, o sea, hacer exposiciones. Todo ello, unido a nuestra juventud, hizo que fuera un periodo muy intenso”.

El historiador del arte Tomás Llorens también conoció bien aquella experiencia artística. No en vano, fue el promotor intelectual del Equipo Crónica y hoy es, junto a su hijo Boye Llorens, el comisario de la muestra que reúne ciento cuarenta y seis obras y que pretende ser de algún modo un manifiesto a favor de la pintura, de la neofiguración surgida al calor del pop art, que transgredía los dictados del arte conceptual y de las neovanguardias, predominantes entonces.

“Hay que entender el componente político del Equipo Crónica en su contexto”, explica Tomás Llorens. “Los Crónica pintaban la realidad. No tenía que haber diferencia entre lo que decía su pintura y la cultura y las condiciones sociales de su entorno. Todo ese conjunto formaba parte de la intención de su pintura. Sólo en algunos casos, la finalidad era estrictamente de denuncia política, como cuando, por ejemplo, trabajaron sobre los últimos fusilamientos del franquismo”.

“Estábamos viviendo una situación muy especial en nuestro país”, apunta Valdés, “y muchos estábamos implicados en lograr la normalización democrática que disfrutaba el resto de Europa. La frontera entre arte social y arte que no da la espalda a la realidad social era difusa. Los temas eran importantes, pero también la manera de contarlos. Las nuevas maneras de hacer, como el pop art, estaban ahí y nosotros queríamos participar, dar nuestra versión de ellas”.

El recorrido expositivo arranca con la participación inicial de los Crónica en Estampa Popular, movimiento que surge a raíz de una exposición antifranquista en Italia en 1959 y acoge Madrid, desde donde se extiende a otras ciudades, y concluye con la inacabada serie Lo público y lo privado sobre la idiosincrasia de la pintura. Entre medias, desfilan las series inspiradas en la novela negra, en Las meninas, de Velázquez, o en unos billares de Valencia.

La muestra permite enjuiciar, sin las urgencias del momento, el conjunto de la creación del Equipo Crónica. Si bien resulta insoslayable su capacidad para evocar a través de su obra el último decenio del régimen franquista y el inicio de la Transición, su aportación artística va más allá y comparte algunos caminos emprendidos por artistas como Edward Hopper, Roy Lichtenstein, Alex Katz o Valerio Adami, apunta Llorens, que fue director del Museo Nacional Reina Sofía y del Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM), que han prestado obra, entre otras colecciones públicas y privadas, a la muestra patrocinada por BBK Fundazioa. El catálogo cuenta con textos de Llorens y del también especialista Valeriano Bozal, además de una cronología de Michèle Dalmace.

Por su originalidad y su propuesta pictórica, la trayectoria de los Crónica es de las más interesantes de la segunda mitad del siglo XX en Europa, según el comisario. “Como ocurre tantas veces, su éxito profesional se consolidó primero fuera de España, en Europa”, lamenta. Valdés reconoce la autoridad “y la gran ayuda de Llorens”, pero se muestra más moderado: “Cuando miro hacia atrás y veo cuántas cosas buenas se han hecho en las últimas cinco décadas, no me resulta fácil ser tan optimista. No soy bueno recreándome en el pasado, me interesa más lo que queda por hacer. Espero ver la exposición de Bilbao con la ilusión y la curiosidad de encontrarme con un trabajo satisfactorio”.

Lo que diferencia su pintura de la corriente dominante del pop es su actitud crítica”.

Tomás Llorens

En la exposición se verán las afinidades de los Crónica con el pop art, su preocupación por la proliferación de las imágenes comerciales y su uso con un sentido opuesto al original. “Ahora bien”, matiza Llorens, “lo que diferencia su pintura de la corriente dominante del pop es su actitud crítica. Mientras que la obra de artistas como Warhol se puede entender como una especie de exaltación de la cultura de la sociedad de consumo, la del Equipo Crónica siempre ha sido crítica”.

Un planteamiento que sigue estando vigente, afirma Valdés: “Hay mucha gente que hoy tiene planteamientos similares. Han aparecido nuevas formas de expresión y los artistas que abordan temas similares los tratan de forma distinta. Pero a mí no me sería posible plantearme hoy la misma temática ni pintarla de la misma manera”.

El tiempo pasa. Y la exposición, que se clausura el 18 de mayo, insufla vida al Equipo Crónica, que recobra el aliento tras años de postración.

Por Ferrán Bono en El País.