25 octubre, 2016

Entrevista a Miguel Ángel Molina, Director de Seguridad del Museo Thyssen- Bornemisza

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En el medio año que lleva como director de Seguridad del Museo Thyssen, Miguel Ángel Molina ha inmerso al área que lidera en una auténtica revolución tecnológica. La migración de analógico a IP de los sistemas de seguridad y de la central receptora de alarmas de la pinacoteca es el principal proyecto puesto en marcha por la institución en materia de seguridad desde hace años. El objetivo es, dice, mejorar la operativa y adaptarse a la realidad de las amenazas actuales, principalmente la del terrorismo internacional.

Procedente de la Guardia Civil, Molina es también un amante del arte. Por ello, mientras nos explica cuáles son sus primeros pasos en el museo, transmite la satisfacción de poder hacerlo en una institución que aloja algunas de sus obras predilectas.

– En el tiempo que lleva como director de seguridad del Museo Thyssen-Bor- nemisza, ¿qué primeras decisiones ha adoptado para el departamento que lidera?
Tras mi reciente incorporación al cargo hace seis meses y a pesar de ser un museo relativamente nuevo (el año que viene celebramos nuestro 25o Aniversario), una de las prioridades que me han encomendado ha sido realizar una auditoría interna de los sistemas y protocolos de seguridad para su revisión y actualización.
Ante las amenazas actuales, sobre todo la yihadista, una de las medidas que se han implantado ha sido arcos detectores de metal. Al tratarse de un museo, se ha buscado una solución integral, discreta y sincronizada con el resto de sistemas de seguridad. Los productos de seguridad que se instalen tienen que adaptarse a la funcionalidad del museo y que, a su vez, tanto el impacto visual como las molestias que pudiera ocasionar a los visitantes sean las mínimas.
Es curioso observar cómo estas medidas adicionales y nuevas están recibiendo una buena acogida por parte del visitante, así como por el personal del museo. Se está creando una conciencia de seguridad y de colaboración, lamentablemente impuesta por las actuales amenazas globales. Pero los lazos entre el departamento de Seguridad y otras áreas cada vez son más estrechos, colaboran mutuamente.

– ¿De qué manera está estructurado actualmente el departamento de Se- guridad del museo?
Está formado por un director de Seguridad, del que dependen los supervisores, los cuales son una pieza clave en la operatividad y maniobrabilidad del departamento. Estos últimos son a su vez delegados en seguridad, por lo que se delega en ellos del mando en ausencia del director de seguridad.
Por otro lado, y no menos importantes, son los operadores de consola que mantienen todo el soporte técnico e informático, así como la operatividad de la central receptora de alarmas de uso propio del museo; además, ejercen de enlace directo con el director de Seguridad, así como con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. Por cierto que los agentes de la seguridad pública realizan una labor muy eficaz en la coordinación y ejecución de los transportes de obras de arte, que en la mayoría de los casos son escoltados por la Brigada Especial del Cuerpo Nacional de Policía.
Todo el personal mencionado depende de la Fundación Thyssen-Bornemisza. Aparte, y mediante concurso público, se contratan los servicios de seguridad con una empresa, en este caso Casesa, con vigilantes de seguridad. Éstos a su vez están coordinados por un supervisor de seguridad de la compañía, que es el enlace directo de la misma con el director de seguridad.

– Actualmente están llevando a cabo un proceso de transición de su cen- tro de control para pasar de la tecnología analógica a IP. ¿Por qué vieron esta necesidad?
Fue uno de los resultados de la auditoría interna antes mencionada. Se observó que el servidor tenía ya una antigüedad y que cuando se diseñó el sistema analógico en su día disponía de un respaldo que resultaría insuficiente en caso de fallo del servidor. Por lo que la dirección del museo valoró muy positivamente adelantarnos a la posible caída del servidor y evitar molestias innecesarias. Por consiguiente, se valoró priorizar la previsión y actualización del sistema analógico y realizar definitivamente el salto a la tecnología digital IP.
Otro punto a favor era que ya disponíamos de una red de fibra óptica que une todo el CCTV con la central receptora de alarmas, por lo que teníamos bastante avanzado y la obra civil sería mínima, así como las molestias a la operativa habitual del museo.

– ¿Qué beneficios les va a proporcionar el centro de control con tecnolo- gía IP?
Los beneficios son múltiples, pero principalmente nos da respaldo de seguridad en las grabaciones. Disponemos de tres servidores que no sólo trabajan constantemente cuando las cámaras IP deciden volcar la información, ahora la cámara es la inteligente y no el servidor, el cual se limita a decidir en qué disco vuelca la información. Puede caer un servidor y seguir funcionando todo perfectamente, o fallar varios discos de grabación sin afectar al funcionamiento. Asimismo, es una operativa mucho más segura y eficiente con el medio ambiente, supone un ahorro energético respecto a la anterior del 30 por ciento.
Otro punto es la calidad HD de la imagen. Hemos retirado los antiguos monitores LCD y hemos creado un videowall con tecnología digital. Antes resultaba muy laborioso localizar un hecho ocurrido, y requería mucho tiempo. Y una vez localizada la persona (por ejemplo a requerimiento del Cuerpo Nacional de Policía), en muchas ocasiones el reconocimiento facial era casi imposible. Ahora la calidad y velocidad de ejecución son instantáneas, se vuelca la imagen y el sistema genera un story- board de todos los puntos por los que se ha movido esa persona.
Una novedad dentro del ámbito museístico y en la que estamos siendo pioneros en España es la instalación de cámaras 360 grados, que ofrecen una imagen cenital de la sala, sin ángulos muertos ni obstaculización del ángulo de visión cuando los visitantes observan una obra. Igualmente, se crea una barrera virtual en el perímetro interior entre el visitante y la pared donde están las obras, de modo que al aproximarse y rebasar la barrera virtual de seguridad se genera una alerta en la central receptora de alarmas, monitorizándose esa zona. A su vez, activa el protocolo de seguridad correspondiente. Es lo que se denomina el “modo museo”, y lo vamos a estrenar en la inauguración de la próxima exposición temporal “Renoir Intimidad”.

– ¿Qué riesgos son los que más le pre- ocupan?
Sinceramente, la amenaza global terrorista, que es como se empieza a definir este nuevo tipo de terrorismo en los foros de seguridad, porque afecta a todos por igual. Instituciones, museos, campos de futbol, centros comerciales y, lamentablemente, un largo etcétera.
Es un tipo de terrorismo indiscriminado y en el que el atacante no teme por su vida, por lo que evitarlo es casi imposible. El objetivo en seguridad es minimizar esos riesgos. Es clave el concepto de “alerta temprana” e instalar todos los dispositivos electrónicos y medios humanos que nos ayuden a detectar esas señales para anticiparnos a la agresión. Mejor intervenir preventivamente la agresión en un perímetro exterior, que una vez dentro de la instalación.

– ¿Cuáles son las principales dificultades con las que se encuentra el departamento de Seguridad en una entidad dedicada al arte como el Museo Thyssen- Bornemisza?
El departamento de Seguridad trabaja en un entorno singular y único como es un museo. El enfoque que le damos es ofrecer un servicio a un cliente, que en este caso son las obras de arte y a las áreas implicadas en su conservación, mantenimiento, exposiciones, etc. Es por eso que cualquier medida que se adopte deba ser consensuada con las áreas implicadas y tener en cuenta la valoración de la dirección artística para minimizar el impacto visual. Y aun así, cuando se confecciona un protocolo de seguridad nuevo, debemos ser flexibles y buscar un acuerdo, porque nuestros clientes son las obras de arte y los visitantes.
Es muy importante buscar buenos proveedores de servicios, que ofrezcan las mejores calidades, un mantenimiento puntual y que sepan adaptarse al entorno de trabajo; se trabaja en unos plazos muy ajustados entre exposiciones y debemos coordinarnos con los trabajos de otras áreas.

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– El traslado de obras de arte ha sido siempre uno de los momentos críticos de los museos. ¿Qué medidas son clave para proteger el patrimonio en estos casos?
Coordinación, creo que es la clave. Las medidas de seguridad siempre han existido, pero es muy importante que el equipo de seguridad esté bien coordinado e informado de todos los actores que participen en la operativa. A pesar de producirse cambios muy rápidamente en cuestión de horarios o vehículos, debemos saber adaptarnos a todas esas vicisitudes.
Estamos dotando a los vigilantes de seguridad de medios paralelos y complementarios, como por ejemplo tablets, que optimizan el acceso a la información sobre los servicios de transporte de obras de arte y escolta policial. Me gusta estar presente durante estas operativas, siempre que la agenda me lo permita, puesto que, como bien dice usted, es un momento muy crítico y todo el apoyo que se preste es bienvenido.
En estas operativas la mayoría del personal del museo se vuelca y colabora en la medida de lo posible, porque son obras que recibimos con una bienvenida o que despedimos con nostalgia, o en el caso de los préstamos con un “hasta luego” lleno de ilusión por compartir nuestro arte y patrimonio con otros países. Pero esto conlleva un largo periplo no exento de riesgos, hasta llegar a su destino final.
La escolta policial que nos ofrece el Ministerio del Interior en determinadas obras de arte es un valor añadido que ofrece una calidad superior al traslado de las piezas.

– ¿Qué perfiles han de tener los profesionales que trabajen en la seguridad de museos, desde los vigilantes hasta los miembros del departamento de seguridad propio de la institución?
El perfil debe ser variado y polivalente, se producen muchas vicisitudes ante las que deben estar preparados. Pero son fundamentales los perfiles que tengan el curso en lucha y prevención contraincendios, primeros auxilios (RCP), uso del desfibrilador, así como cursos de seguridad patrimonial y museos. Todo ello para que los vigilantes sepan manejarse con soltura en el entorno del museo y atender con la mejor calidad al visitante.
Todo el personal de seguridad de la Fundación tiene el Curso Superior de prevención y Extinción de Incendios y cuenta con equipos de respiración autónoma. Igualmente, todos tienen la titulación de director de Seguridad, por lo que la delegación en seguridad siempre está cubierta por turnos.
Y común a todos es la selección de recursos humanos, proceso en el cual también interviene el director de Seguridad. Buscamos conjuntamente que las personas integrantes del Departamento de Seguridad, también tengan un trato exquisito con el visitante. Es un factor clave para la contratación.

– Con la Ley de Seguridad Privada se prevén cambios importantes respecto al departamento de Seguridad de las instituciones de patrimonio histórico. ¿Qué espera usted del nuevo reglamento en cuanto a la protección de estas instituciones?
Esperamos que el Reglamento de Seguridad Privada, al que estamos sujetos según la Ley de Seguridad Privada, sea flexible y alcance el equilibrio con la Ley de Patrimonio Histórico Español. Estamos asistiendo a varias reuniones en las cuales reflejamos nuestras peculiaridades. Es importante que, al depender de varias Administraciones Públicas, como en este caso el Ministerio de Cultura y el Ministerio de Interior, no entremos en conflictos entre ellas y que se regule de manera que se contemple a las instituciones, en esta caso la Fundación Thyssen-Bornemisza, como el medio de protección y conservación de un patrimonio que es un bien cultural común.

– De la cooperación que existe entre el museo y las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, ¿cuáles son los casos más frecuentes de colaboración? ¿Qué re- sultados ha observado en este sentido desde que es usted director de seguridad del Museo Thyssen?
En este asunto, y puesto que procedo de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, tengo una visión global desde ambos puntos de vista. Estoy muy satisfecho de la colaboración y profesionalidad que en todo momento prestan. Tanto en la protección del museo dentro de su labor de seguridad ciudadana diaria, protección de personalidades, así como en los operativos especiales de escolta de obras de arte. Son unos profesionales muy proactivos y ponemos todos los medios del departamento de Seguridad a su disposición siempre que lo deseen.
Este departamento colabora activamente con Guardia Civil y Policía Nacional a través del Plan Coopera y Red Azul, respectivamente. Mediante ambas redes de colaboración recibimos informaciones que nos son de gran utilidad e igualmente intentamos aportar la información que requieran.
Otra colaboración que está resultando interesante son los apoyos de la UIP (Unidad de Intervención Policial) en eventos extraordinarios, como son las inauguraciones de exposiciones temporales. La afluencia de personalidades y la situación de alerta actual así lo recomiendan.

– ¿Cree usted que se proporciona suficiente atención a la protección del patrimonio histórico desde la Administración del Estado?
Creo sinceramente que sí, aunque nunca sea suficiente. A pesar de la crisis económica, seguimos estando en unos valores de referencia bastantes altos en cuanto a la calidad del servicio ofrecida al visitante. Por mi experiencia en las visitas a otros departamentos de Seguridad de museos de referencia internacional, estamos en muy buenas condiciones e incluso se pueden aportar conocimientos y recomendaciones entre instituciones.
El Ministerio del Interior y el Ministerio de Defensa (a través de la Unidad Militar de Emergencias), coordinadas con el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, son instituciones con las que es- tamos en estrecho contacto, reuniéndonos y recibiendo asesoramiento para la elaboración de diferentes planes para la protección y salvaguarda del patrimonio histórico español. Puesto que contamos con planes que deben revisarse periódicamente, ante los escenarios cambiantes y las amenazas globales, es necesario trabajar en equipo pluridisciplinares e interministeriales.

Migración a IP: proyecto insignia de seguridad del museo

El Museo Thyssen seleccionó hace meses a la compañía Bosch Security Systems para llevar a cabo la migración del sistema analógico al IP y digitalizar la central receptora de alarmas. “Elegimos a Bosch porque llevamos años trabajando con ellos y queríamos que la integración de toda la operativa la realizara un solo fabricante, no diferentes”, explicó Miguel Ángel Molina durante el Experience Bosch Day, celebrado en el Museo Thyssen el 6 de octubre.
Molina destacó algunos de los beneficios de este proyecto, como la grabación en tiempo real en IP o la búsqueda más ágil de la imágenes en las grabaciones. También subrayó que, dada la importancia de contar con una “alerta temprana”, el sistema permite un análisis inteligente de vídeo para detectar sospechosos y delimita perímetros de alarma entre los cuadros y las personas. Otras características que puso en valor el director de Seguridad del Museo Thyssen fue el conteo de personas o el apoyo de aplicaciones móviles para que los vigilantes puedan conectar en remoto con la CRA, con una visión HD de las imágenes.
El responsable de Seguridad del museo destacó asimismo tres tipos de soluciones: por un lado el VMR, que “permite una rápida y sencilla expansión del CCTV y evita almacenamiento innecesario”; el Bosch Video Management System (BVMS), que se integra con otros sistemas, como el de protección contra incendios; y las cámaras panorámicas de 360 grados, que “cuentan con una estética adecuada al museo”.
En el Experience Bosch Day estuvo presente el Senior Vicepresidente de Bosch Security Systems, Johan Jubbega (en la imagen con Miguel Ángel Molina), así como el director para Iberia Joroen Dickhoff.

Por Enrique González Herrero para Seguritecnia