18 abril, 2016

Enrique Valdivieso: «Muchas familias sevillanas han vendido obras maestras de arte durante la crisis»

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«Desde que hice en 1982 un catalogó de colecciones privadas se han ido de Sevilla pinturas de Murillo, Zurbarán y Tiepolo»

Enrique Valdivieso (Valladolid, 1943) es catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Sevilla y miembro de la Academia de Buenas Letras en la capital andaluza. Autor de numerosos libros sobre la escuela sevillana de pintura, impulsó la restauración de las tablas del retablo mayor de Santa Ana y la realización de copias de cuadros de Murillo robados por el mariscal Soult en la iglesia de Santa María La Blanca y la iglesia de San Jorge de la Caridad.

Llegó en 1976 a Sevilla, «una ciudad —dice— de la que he recibido más de lo que yo le he dado. Aquí me he sentido plenamente realizado y reconocido». Este catedrático, uno de los mayores expertos de Bartolomé Esteban Murillo, se jubila el 31 de septiembre de 2016 o, como él subraya, «me jubilan porque no me produce ninguna alegría tener que dejar la Universidad. En la medida de mis posibilidades seguiré trabajando». En su juventud se debatió entre el teatro y la docencia —llegó a ser premio nacional de teatro universitario en 1973— y aunque finalmente optó por la Historia del Arte aquellos recursos teatrales los usó para hacer sus clases más didácticas y amenas.

–Juan Ignacio Zoido presentó como alcalde un programa para celebrar el cuarto centenario del nacimiento de Bartolomé Esteban Murillo con siete exposiciones ¿Qué le parecía ese proyecto?

–Utópico. Era excesivamente ambicioso y costoso en una época de crisis económica. Ya se sabe que no se celebrará en 2017, sino en 2018 porque si quieren preparar una buena exposición sobre Murillo con cuadros de los principales museos de Europa y América necesitan hacerlo con tres años de antelación porque el proceso se cesión de un cuadro es muy complicado.

—¿Ha sabido Sevilla sacar partido Sevilla de la figura de un pintor tan sevillano como Murillo?

—No. Hace unos años, Toledo sacó un partido prodigioso al Greco. A nivel artístico, Sevilla se ha dormido en los laureles. Hay ciudades vecinas, como Málaga, que en ese sentido nos han comido el pan sin tener la décima parte de lo que tenemos nosotros. Málaga ha sabido aunar la dinámica del turismo con la cultura. Aquí no hemos sabido hacer eso, quizá porque tenemos asumido que somos la ciudad artísticamente más rica de España y no se hacen inversiones en materia cultural. Y ya sabemos que un capital que no se mueve se va a adormeciendo y devaluando.

–Juan Espadas, alcalde de Sevilla, dijo que ya tenía cerrado un acuerdo con la Junta para el Año Murillo.

—Lo triste en nuestros días es que la cultura está vinculada a la política y a los políticos les interesa la cultura un rábano. Además, la mayoría de los políticos no son muy cultos y, lo peor, no saben expresarse, con lo que aburren a las ovejas.

—¿Han contado con usted para este evento, teniendo en cuenta que es uno de los mayores expertos en Murillo?

—Para nada. Estamos viviendo unos tiempos en los que se desprecia por sistema al viejo maestro por parte de las nuevas generaciones. Yo he sido de la última generación que hemos venerado y respetado a nuestros maestros, entre ellos Diego Angulo y Alfonso Pérez Sánchez.

—Le gusta frecuentar mercadillos para ver si encuentra algún chollo.

—Los chollos hace mucho tiempo que han desaparecido. Cuando una pieza ha llegado a un mercadillo ya ha pasado por muchos ojos. Encontrar un Murillo perdido en el Jueves ya es absolutamente imposible.

—¿Y en casas privadas?

—Quedan algunas familias que durante mucho tiempo han tenido inmovilizado el patrimonio artístico y no es imposible que cuadros que creemos que se han perdido, entre ellos algún Murillo o Zurbarán, estén en algunas viviendas. Yo hice un catálogo de obras maestras de colecciones particulares de Sevilla. De lo que yo catalogué ya no queda en Sevilla ni la cuarta parte porque se ha ido vendiendo por necesidades económicas o porque en muchas ocasiones ha sido el remedio para una quiebra familiar, lo cual no me parece mal. Se han ido obras de Giandomenico Tiepolo, Murillo, Zurbarán, Martin de Vos, Arellano…

—¿Por qué en Sevilla no hay coleccionismo de arte?

—El coleccionismo lo emprenden gente que dispone de un gran capital y el capital de aquí no está comprometido con la cultura. En Sevilla no hay un Juan Abelló, un Plácido Arango…

—De hecho, las galerías de arte y las casas de subastan malviven.

—La gente joven que hereda cuadros antiguos más o menos buenos los vende y, sin embargo, no compra tampoco obra contemporánea porque no les gusta o no está educada en este arte porque piensa que son cuatro trazos que pueden hacer sus hijos o creen que Picasso era un pintamonas. Eso es debido a la decadencia cultural que se inició en Sevilla en los años en que se acabó el duro proceso de la postguerra, en torno a 1960.

—¿Cuál es su posición sobre las Atarazanas? ¿Debe realizarse el proyecto sin excavar hasta su cota original, como propone Vázquez Consuegra?

—No. El espacio que hay debajo del suelo es doble. Recuperarlo permitiría mejores perspectivas. Hay que devolverle su espacio original sin aditamentos modernos, como terrazas. La gente que quiera ver la Giralda, que se vaya a las Setas.

—¿Qué uso propone para las Atarazanas?

—Debería albergar el museo de la ciudad, que no existe. Un museo donde se pueda ver la historia de Sevilla, que contenga varias salas con grandes maquetas que reproduzcan las puertas que tuvo la ciudad, esas puertas que los ayuntamientos del romanticismo, que se creían progresistas, destruyeron.

—En relación al convento San Agustín, la portada de Hernán Ruiz sigue tirada en el suelo y expuesta al expolio.

—Esa portada debe levantarse y colocarse en un sitio donde se permita su contemplación porque es una pieza artística de primer orden. Es como si un Murillo estuviese cortado en trozos y tirado en el almacén del museo. Eso hay que hacerlo con urgencia porque cualquier día llegan por la noche unos desalmados con una camioneta y una grúa y se llevan esa portada.

—En el Real Alcázar se han llevado incluso yeserías.

—Allí hay un problema fundamental: El Alcázar es del Estado y del Ayuntamiento de Sevilla, y no están bien coordinados. Por otra parte, el Alcázar es un monumento muy grande y difícil de vigilar. El robo de la yesería ha sido obra de alguien de dentro porque donde estaba no sube cualquiera.

—La colección Bellver ha sido una de las donaciones más importantes de España. Usted ayudó a Mariano Bellver a depurar un poco la colección. ¿Qué valor artístico tiene?

—Yo la depuré ante su disgusto. Eché para atrás dos docenas de obras. ¿Qué valor artístico tiene? Vale parcialmente, pero no en conjunto. No se puede exponer al cien por cien. Mariano ha invertido con cierta prudencia, nunca grandes cantidades en obras excepcionales. Por otra parte ha habido algunos anticuarios desaprensivos que le han metido falsos.

—A estas alturas no se ha hecho la ampliación del Bellas Artes. ¿Es absolutamente necesaria?

—No. Tengo que reconocer que los fondos del museo de Bellas están bastantes bien expuestos teniendo en cuenta la disponibilidad económica que tiene.

—¿Sigue siendo el Bellas Artes la segunda pinacoteca de España?

—Sigue siéndolo in pectore pero en cuestión de público no. Después del Del Prado, el Bellas Artes de Sevilla es el segundo, empatado con la Real Academia de Bellas Artes San Fernando de Madrid.

—El Bellas Artes ha pasado de tener 250.000 a 183.000 visitas al año. ¿Qué ha fallado?

—Es que está muy mal promocionado desde punto de vista turístico porque, a pesar de ser gratis, va muy poca gente. Eso es consecuencia inevitable de la desidia administrativa con que se gestiona aquí el patrimonio artístico. Y eso que es un museo que probablemente sea el recinto museístico más bello de España porque era un antiguo convento.

—¿Le gustan los museos tal y como están planteados hoy en día?

—Los museos que albergan el arte del pasado son en cierto modo cementerios de obras que estuvieron originalmente en retablos u otros sitios, donde tenían unidos el cuerpo y el ama. Hoy en día sólo existe el cuerpo, en descomposición, que se venera, pero el alma se ha perdido porque no están en el ambiente estructural en el que se podían contemplar. Es decir, que no estamos viendo las obras de arte cómo fueron pensadas.

—Usted catalogó con Juan Manuel Serrera las pinturas del Arzobispado. ¿Debería abrirse al público el Arzobispado?

—Es algo que siempre soñé. Es algo que la ciudadanía y el mundo cultural han propuesto a los últimos arzobispos, tanto monseñor Amigo como Juan José Asenjo. Yo soy patrono de la Fundación Endesa y formo parte del jurado que seleccionamos las peticiones para iluminar monumentos. Aprobamos en su día la iluminación del interior del patio arzobispal y nuestro presidente, Javier Benjumea, le dijo que ya que habíamos invertido una cantidad importante en ese recinto que por favor se abriera el palacio al menos una vez a la semana porque tiene una bella y valiosa colección de obras de arte, sobre todo pictórica. El problema es que es una casa y no ven bien que la gente se meta allí. Además, los turistas muchas veces son muy cutres y descuidados, ensucian y meten el dedo en cualquier cosa.

—Ahora se ha producido una polémica en torno a la autoría de un cuadro de Pacheco, el suegro de Velázquez.

—La tipología del cuadro es rigurosamente de Pacheco. Pacheco vivió hasta 1644 y Velázquez se fue de Sevilla en 1623. ¿Quién nos dice que ese cuadro no fue pintado entre 1623 y 1644. Velázquez fue aprendiz de Pacheco y pudo haber intervenido en el cuadro pero sólo parcialmente y como ayudante, no como creador de ese cuadro.

—Muchas de las obras robadas por el mariscal Soult están en museos importantísimos. ¿Deberían volver a España esas obras robadas?

—Moralmente deberían volver pero administrativamente es imposible porque en el Congreso de Viena las naciones acordaderon después de la caída de Napoleón reclamarse nada. Cuando voy al museo del Louvre y visito la sala española cierro los puños y me clavo las uñas para no gritarles de rabia e insultarles porque de las más de treinta y tantas obras que hay allí, todas de primera categoría, fueron robadas en Sevilla. Los griegos están intentando que los mármoles del Partenón vuelvan pero es difícil porque lord Elgin los compró. Los ingleses siempre han comprado las obras de arte mientras que los franceses las han robado. A los franceses no les avergüenza nada exponer obras robadas a los españoles y nunca han hablado de devolverlas. Recientemente hemos pedido al jefe de Pintura Española del Museo del Louvre ver por detrás un cuadro de Murillo para hacer una copia para la iglesia de Santa María la Blanca y nos lo ha negado. Es decir, que nos roban el cuadro y después nos niegan poder examinarlo.

Por M.J. Pereira para ABC