13 agosto, 2013

En tiempos de crisis, cultura

Kent Klich

En tiempos de crisis y de ahogos en las cuentas públicas y privadas, la hermosa ciudad de Évora, situada en el Alentejo portugués, a 100 kilómetros de Badajoz y declarada en 1986 Patrimonio de la Humanidad, estrena un impresionante centro cultural alojado en lo que fue, en el siglo XVII, el palacio de la Inquisición. Tras dos años de obras (y cuatro millones de euros, el 80% provenientes de Europa) el Fórum Eugénio de Almeida, enclavado en el corazón de la ciudad, enfrente de las elegantes columnas de los restos de un templo romano, alberga desde este verano exposiciones, conciertos y ciclos de conferencias.

El edificio es inmenso, con tres plantas, más de 20 salas y con un proyecto arquitectónico que deja vislumbrar las trazas y el horror que habitó en su tiempo el viejo palacio de la Inquisición: la hechura de las celdas en los sótanos aún perdura, la sala noble del tribunal de la Inquisición conserva el aire inquietante de la antigua dependencia donde se juzgaba y condenaba a los reos por delitos religiosos. Ahora se ha rehabilitado y los bancos servirán para oír conferencias. En el Gabinete del Inquisidor, esto es, la habitación privada que usaba el regente del palacio del que dependían, literalmente, tantas almas y tantas vidas, aún existen los artesonados originales y la ventana de entonces que da al jardín. El resto está vacío y lo estará siempre. “Hemos preferido dejar esto como lugar de meditación, de soledad, de recogimiento”, explica Maria de Céu Ramos, secretaria general de la Fundación.

La institución nació hace 50 años, cuando Vasco Maria Eugénio de Almeida quiso emplear en el mecenazgo parte de la inmensa fortuna amasada por su familia a lo largo de los años gracias a la explotación sus cerca de 7.000 hectáreas agrícolas en Évora. De hecho, el patronato de la sociedad aún vive —y se sostiene— de la venta de vinos y de sus bodegas, unas de las más famosas de Portugal. A mediados de los sesenta, Eugénio de Almeida compró el imponente palacio de la Inquisición a una sociedad que lo había transformado en hotel turístico. Él quiso reconvertirlo a su vez en la sede de su fundación, pero al final lo destinó a otro fin: instituto universitario. Ya en 2008, cuando el instituto universitario se trasladó a otro lugar de Évora, la institución, ya sin su fundador, fallecido en 1975 sin descendencia, decidió volver a la vieja idea de alojarse en el palacio de los inquisidores. La inauguración oficial se celebró el 11 de julio, con una exposición original titulada Puertas abiertas y en la que han participado 450 artistas.

“Haciendo honor al título de la muestra, decidimos mandar una convocatoria mundial. Cualquier artista podía mandarnos su propuesta, ya fuera famoso o desconocido. Nos remitían una copia digital de su obra, ya fuera un cuadro, una fotografía o una escultura”, explica Claudia Gianetti, la comisaria de la exposición. “Nos llegaron 700. Y de esas 700 nosotros escogimos 450. Todas están reproducidas con un tamaño idéntico, agrupadas por temas. Milagrosamente, se comunican unas con otras. Son proyectos artísticos llegados de todas las esquinas del mundo, pero que, sin que nadie pudiera imaginárselo, se complementan”, añade la comisaria. Esta exposición estará abierta hasta el 9 de octubre. Entonces, el centro cultural echará a andar con una programación regular.

La secretaria general, decidida, exultante, enseña unos frescos restaurados del siglo XVI que conviven también con el palacio, en un claustro lateral. Toda la rehabilitación es exquisita, apelando a los criterios más modernos de recuperación de un inmueble histórico al que, casi de milagro, le han vuelto a dar la respiración.

Es cierto que la fundación vive de sus propios ingresos vitivinícolas, que no depende de fondos ajenos. Pero en los tiempos que corren, con la crisis royéndolo todo, levantar esto a 150 kilómetros de Lisboa y a más de 500 de Madrid puede sonar a locura. La comisaria de la exposición, que ha trabajado en varias instituciones culturales y que vive a caballo entre Évora y Barcelona, asegura: “Con la revolución digital ya no existe un centro y una periferia en la cultura mundial. Y una prueba de ello es la exposición que hemos puesto en marcha, con 450 artistas de más de 50 nacionalidades”. Maria de Céu Ramos, la secretaria general, responde más claramente: “Naturalmente que es un proyecto arriesgado. Pero solo lo arriesgado merece la pena”.

Por Antonio Jiménez Barca en El País.