4 junio, 2013

En boca de otros artistas

1370186999_282739_1370187400_noticia_normalMaestro, amigo, mentor, colega… la figura de Camille Pissarro (1833-1903) aglutinó al grupo de los impresionistas, que intentaban abrirse paso con una nueva forma de pintar en el último tercio del siglo XIX. Pissarro era el mayor; pero no solo su edad, sino también su carácter paciente y su calidad artística le convirtieron en el padre al que pedir consejo y del que recibir ánimos, algo de lo que dejaron constancia Monet, Renoir, Sisley, Degas, Cézanne –que lo definió como “humilde y colosal”– Gauguin, Seurat o Signac, entre otros. Así, fue habitual que pintores e intelectuales de la época hablasen de Pissarro, mayoritariamente con halagos; “un corredor de fondo en el arte”, según el director artístico del Museo Thyssen, Guillermo Solana, comisario de la exposición que ahora puede verse en Madrid. Esta es una selección de lo que se dijo y quién lo dijo del hombre nacido en las Antillas danesas.

“Pissarro tomó algo de unos y de otros, se dice. ¿Y por qué no? Todos se dirigieron por lo que él hacía… Fue uno de mis maestros y no reniego de él” (Paul Gauguin). El pintor que retrató los paisajes de Tahití rompió con el impresionismo en 1895 pero no dudó en reconocer la maestría del que muchos consideraban “padre del impresionismo”.

“Como usted es un artista, no necesita ningún consejo, excepto este: hay que estudiar los valores de los tonos. No todos vemos igual: usted ve verde y yo lo veo gris”. (Camille Corot) Aunque era el veterano de los impresionistas, Pissarro tardó mucho en alcanzar el reconocimiento de los demás. El suyo fue, sobre todo en sus inicios, un impresionismo más realista, el que captaba de los paisajes al aire libre.

“Usted es muy torpe, Monsieur Pissarro… usted es un artista según mi gusto” (Émile Zola). Entonces crítico de arte, el escritor de Germinal escribió con ironía de Pissarro, al que la crítica oficial y el público daba la espalda en las sucesivas exposiciones impresionistas, entre 1874 y 1886, con la consiguiente dificultad económica para seguir con sus proyectos.

“Tiene un profundo sentimiento por la naturaleza y una vigorosa pincelada” (Théodore Duret). Este crítico de arte fue uno de los que halagó el arte de Pissarro. Tras muchos años de paisajes rurales, Pissarro se volcó en el bullicio de las grandes ciudades (París, Londres). Mientras que otros consideraban las rúas parisienses vulgares, para él transmitían vida y le fascinaban los tonos brillantes que refulgían de esos paseos mojados por la lluvia.

Pissarro también habló de sí mismo, dejó declaraciones sobre su forma de pintar y su obra. Quizás, la que resuma mejor el lema de su vida sea esta, cuando las diferencias y dificultades disgregaron para siempre a los impresionistas: “Me aferro a mi deseo de seguir libremente mi camino”. El camino en la obra y en la vida, y en libertad.

 

por MANUEL MORALES EL PAÍS