7 junio, 2010

El zapatero viejo

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Laura Pais Belín

Localización: Museo del Prado

Autor: Francisco Domingo Marqués

Cronología: 1870-1875

Técnica: óleo sobre lienzo

zapatero_viejoEl siglo XIX será para el arte valenciano un periodo de increíble producción por estar lleno de artistas de gran envergadura que destacan en el panorama plástico del momento, y que consiguen gran relevancia dentro del arte internacional.

Se creará una escuela bien definida a partir de un grupo de artistas que, con su particular forma de pintar, contribuyeron decisivamente a la renovación de las artes pictóricas españolas. Su principal aportación  fue el haber llevado a la pintura española de la época toda una serie de audacias técnicas.

Todos estos artistas tendrán un elemento en común y es que todos ellos tienen una trayectoria profesional similar. Formados en las Reales Academias, conseguían ser  pensionados en Roma o París, en donde amplían sus estudios y contactan con las corrientes artísticas europeas del momento, provocando en ellos un cambio decisivo en su manera de pintar. Utilizarán el gran lienzo para presentarse a los concursos de las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes, pero es en los pequeños formatos donde consiguen los mejores logros de inmediatez lumínica e increíble vivacidad a partir de una factura de manchas de color y gran habilidad técnica.

Este es el caso de Francisco Domingo Marqués, uno de los renovadores artísticos del último tercio del siglo XIX.

Formado en la tradición de Ribera y Velázquez e influido también por la pintura de Goya, fue uno de los artistas más dotados de su tiempo. Con una trayectoria muy personal, gracias a la audacia de su técnica creó un estilo propio. Así  a través de una factura abocetada  y libre  acompañada de una paleta reducida de colores, consiguió distinguirse por la sinceridad de sus retratos.

Formado en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos. Continuará su formación en Madrid en la Real Academia de San Fernando, donde consigue ser pensionado para trasladarse a Roma. El envío de obras a las Exposiciones Nacionales le permitirá obtener importantes éxitos. Volverá a España dividiendo su tiempo entre Madrid y Valencia, pero en la década de los setenta se trasladará a París, sintiendo cierta influencia del Impresionismo francés y donde su pintura será acogida con  gran éxito.

Aunque debió su fama internacional a las escenas de género, Francisco Domingo realizó más de doscientos retratos a lo largo de su carrera y en ellos sobresalió por su capacidad para la pintura realista, distinguiéndose por conseguir una increíble veracidad a la hora de mostrar los rasgos de los retratados.

Y es que quizás  es en los retratos de pequeño formato y de carácter más íntimo donde podemos ver las destrezas de este gran pintor, como apreciamos en la obra  de “El zapatero viejo”. Retrato de pequeñas dimensiones pero abordado a través de una intuitiva vivacidad y  hábil colorismo.  No podemos asegurar el año de su autoría, aunque por cuestiones estilísticas suele ser fechado hacia 1870-1875.  Y seguramente formaría parte de un grupo de retratos, que podríamos llamar «íntimos», de familiares o personajes cercanos.

Nos encontramos ante un retrato de busto. Despojado de toda ostentación y  creado a partir de una sencilla composición. En esta obra apreciamos la libertad creadora del artista. Domingo busca la forma de indagar en la personalidad de su modelo y caracterizarlo sin ningún tipo de adorno o embellecimiento, ya que quiere exhibir la cercanía del personaje. Y representar  de una manera verídica, objetiva o imparcial, a través de su figura, los rasgos de los protagonistas de la vida cotidiana.

El artista no busca la belleza, lo que quiere es representar la realidad del zapatero sin atributos ni arreglos, una presencia directa y brutal que ocupa toda la superficie del cuadro. El zapatero viejo es el retrato de un desconocido, aunque por el título sabemos la profesión del anciano, no hay ni un solo detalle en la obra que nos hable sobre ello, ya que ésta no era la intención del artista que, olvidándose de cualquier rasgo que sugiera su profesión, se centra en la caracterización vital y psicológica del personaje.
Llama la atención la intensidad de su mirada. Una mirada que penetra en el espectador y que trasmite la sensación de cansancio vital. Al igual que el tratamiento del rostro enflaquecido por el paso del tiempo o el cuerpo encogido que ni siquiera rellena la chaqueta del traje. Porque Domingo con esta imagen no nos muestra a un personaje sino que en él representa la vejez y el paso del tiempo.

En lo que se refiere a la técnica podemos apreciar las lecciones extraídas del estudio de las obras de Velázquez y Goya, en el tratamiento de la pincelada rápida, minuciosa y de factura libre. Resaltando la factura suelta en los ropajes y el intenso modelado del rostro a base de pequeñas pinceladas. Siendo increíble la gran maestría en la aplicación del color, porque a través de una gama cromática muy reducida, dominada por los pardos y los grises consigue abordar toda la composición. Obteniendo  la construcción de la figura valiéndose prácticamente del color.

Francisco Domingo Marqués fue uno de los iniciadores de las audacias técnicas en la pintura decimonónica valenciana, equiparado en su tiempo a Fortuny. Tuvo, desde Paris, donde residió casi cuarenta años, una extraordinaria proyección internacional. Su gran mérito consistió en haberse sabido introducir en un mercado importantísimo imponiendo su propio estilo.