18 noviembre, 2015

El taxista que coleccionaba arte

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Él mismo se define como un «tuhao», como en mandarín se conoce a los «nuevos ricos» que se han forrado al amparo del extraordinario crecimiento de China durante las últimas décadas. Pero al menos hay que reconocerle el buen gusto a Liu Yiqian, un antiguo taxista convertido en magnate que esta semana ha comprado el «Desnudo tumbado» de Modigliani por 170 millones de dólares (158 millones de euros). No como otros «nuevos ricos» que, de todas las nacionalidades y colores, adquieren cuadros y esculturas solo para que peguen con los tonos de los sofás con que sus estilistas han decorado sus mansiones.

Alejándose de este estereotipo, Liu Yiqian es un refinado amante del arte que, gracias a su fortuna, ha reunido la colección privada más importante de China y, además, la muestra al público en sus dos museos de Shanghái. Junto al bellísimo desnudo de Modigliani, el segundo cuadro más caro vendido en una subasta tras «Las mujeres de Argel» de Picasso, posee las dos obras de arte chino más valiosas que han salido al mercado. Por una de ellas, un «thangka» (bordado de seda tibetano) con 600 años de antigüedad, pagó en abril del año pasado 42 millones de euros en una subasta de Christie´s en Hong Kong. Con dicha adquisición, batió el récord que él mismo había marcado un mes antes al hacerse en otra subasta de Sotheby´s con una diminuta taza de porcelana de la Dinastía Ming (1368-1644), por la que abonó 33 millones de euros. Un «caprichito» por el que fue duramente criticado en las redes sociales tras aparecer en internet bebiendo té de dicha taza, de las que solo quedan ya 16 modelos. «Esperemos que los Manuscritos del Mar Muerto no caigan en sus manos, porque los usaría como papel higiénico», se mofó entonces un agudo usuario de Weibo, copia china del censurado Twitter.

Al margen de esta controversia, Liu Yiqian y su esposa, Wang Wei, se han dedicado a promover el arte en China con sus dos museos Long de Shanghái. En diciembre de 2012 abrieron una galería de 10.000 metros en el distrito financiero de Pudong y, el año pasado, inauguraron su segunda sala de exposiciones, tres veces mayor, al oeste del malecón fluvial del Bund. Precisamente, su intención es mostrar el «Nu couché» de Modigliani con motivo del quinto aniversario del primer recinto. «Será una oportunidad para los amantes chinos del arte para ver una buena obra sin tener que salir del país, que es una de las principales razones por las que fundamos los museos», explicó esta semana al «The New York Times» tras adquirir el cuadro.

Con más de 1.270 millones de euros, Liu Yiqian ocupa el puesto número 163 de la lista de multimillonarios chinos elaborada por Forbes y es un ejemplo más de los empresarios enriquecidos con la apertura al capitalismo. Nacido en 1963 en una familia humilde de Shanghái, tuvo que dejar el colegio a los 14 años para ayudar en el negocio a su madre, que hacía bolsos que luego vendía por la calle. Con 20 años, y ejerciendo de taxista, alquiló un puesto en el famoso bazar de Yuyuan, uno de los destinos turísticos más importantes de Shanghái, y a los 27 dio su primer «pelotazo». Cuando, en 1990, se fue a comprar materiales para sus bolsos a Shenzhen, la ciudad fronteriza con Hong Kong que primero se abrió a la economía de mercado, un amigo le habló por primera vez de los beneficios que se podían conseguir en la Bolsa y Liu Yiqian se quedó con la copla. A los pocos meses, en Shanghái abrió la primera Bolsa de China y no dudó en comprar un centenar de acciones del Bazar de Yuyuan. Tras hacerse con ellas a un precio de 100 yuanes cada una, las vendió al cabo de un año por 10.000, alcanzando de repente lo que entonces se consideraba la riqueza en China.
Rápida ascensión

Con la lección bien aprendida, hizo su fortuna en la Bolsa y en el año 2000 creó su propio fondo de inversión, Xin Liyi, para hacerse con numerosas compañías y diversificar sus negocios, que van desde el sector inmobiliario hasta los seguros pasando, cómo no, por el arte. En 1993 compró dos cuadros chinos en la primera subasta de China Guardian en Pekín y, desde entonces, no ha parado de invertir cantidades millonarias y batir récords. En 2009, en una venta de Sotheby´s en Hong Kong, pagó diez millones de euros por un trono imperial con forma de dragón de la Dinastía Qing (1644-1911) y, poco después, adquirió un cuadro Ming por 24 millones de euros. También posee una caligrafía del poeta Su Shi que data de la Dinastía Song del Norte (960-1127), que alcanzó en una puja los 7,6 millones de euros, y una vasija con nueve siglos que le costó casi 14 millones.

«Aunque a Liu le gusta decir que no sabe nada sobre antigüedades, tiene ojo para lo mejor en el mercado», explica al diario «South China Morning Post» un coleccionista que lo conoce, Zhu Shaoliang. Como cada año invierte unos 150 millones de euros en arte, las casas de subastas le adoran porque sus precios se disparan cada vez que participa en alguna puja. Tras los museos estatales del Palacio Imperial en Taiwán y de la Ciudad Prohibida de Pekín, este «nuevo rico», pero con gusto, tiene ya la colección de arte más importante de China.

Por Pablo M. Díez en ABC.