19 octubre, 2010

El sueño frustrado de San Martín

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Rafael Vidal
Doctor en Historia por la Universidad de Granada

Figura_1La emancipación de la América española y la figura de sus “Libertadores”, es tal vez, una de las páginas no estudiadas de la historia de España. Las razones: muchas, todas ellas relacionadas con los convulsos acontecimientos que sufrió la Patria, desde 1814 hasta más de la mitad del siglo XX, y observen que no inicio este período desde 1792, año en el comienza la “primera guerra mundial”, primero contra la República Francesa y posteriormente contra Napoleón, peleándose en los cinco continentes, como se puede conocer a través del trabajo de este autor, publicado en el extraordinario de la Revista Ejército de diciembre de 2009, número 825.

Pero España inicia el año 1814, exhausta en sus fuerzas físicas, pero plena espiritualmente, decidida a avanzar conjuntamente con todos los territorios de ultramar, camino de la senda de la modernidad, integrándose en la era industrial y abriendo paso a la libertad del hombre, pero Fernando VII, el “Deseado” hasta esa fecha, luego convertido en “El Felón”, rompió, antes de que se iniciara, el futuro español, y echó a España y los españoles de los dos hemisferios, al ostracismo y la oscuridad: sublevaciones; ejecuciones; el renacimientos del Tribunal de la Inquisición; tres años de constitucionalismo que finaliza con una guerra civil y la invasión de los “Cien mil hijos de San Luis”; la década ominosa; la guerra civil carlista; más sublevaciones; compromisos bélicos en el exterior; la revolución de septiembre de 1868 y el sexenio revolucionario; la restauración de Alfonso XII; las guerras de liquidación de los últimos vestigios del imperio español; la guerra Europea de 1914 a 1918, junto con nuestra sangría en el Rif, que dura hasta 1823; la segunda república y la guerra civil de 1936 a 1939. Si en un libro de historia intentamos contar todos estos acaecimientos, a pocas páginas cabría cada uno de ellos, ¡cómo, entonces, hubiéramos podido los españoles conocer lo que verdaderamente ocurrió en América!

Un investigador histórico español, al que tengo gran respeto, debido a que ha sacado a la luz hechos de relevancia para la historia de nuestra nación, me comentaba un día, que José de San Martín era un traidor a España, debido a que sus padres habían sido españoles y él mismo oficial del ejército real. Calmadamente le hice ver su error, y creo que atendió mis razonamientos, esperando que la figura distorsionada que tenía de San Martín, haya dado un vuelco en su mente y ahora la tengo como un gran hombre.

El eminente médico y científico español, Gregorio Marañón, estudió los últimos años de San Martín, totalmente olvidado de los que luego han reconocido sus hechos. El general en su exilio en Francia, encontró amigos españoles, trabando estrecha amistad con un noble sevillano: Alejandro Aguado, del que escribe Marañón: “Aguado representó a muchos españoles de entonces y creo que a todos los de ahora al abrir sus brazos al invencible vencido. Muchos hubiéramos, entonces y ahora, hecho lo mismo que él” (Vida española del general San Martín. “San Martín visto por el doctor Marañón” por Antonio Lago Carballo. Madrid, 1994). Tanta fue la relación con españoles, que según parece le invitaron a que solicitara al Gobierno su empleo de teniente coronel y como tal se le abonara el retiro. En la carátula de su expediente personal, que se conserva en el Archivo General Militar de Segovia (SIGNATURA: PERSONAL_CEL, CAJA 152, EXP.10), figura como general. Este autor ha solicitado del Coronel Director del Archivo, copia digitalizada de su expediente, de tal forma que cuando obre en su poder, será objeto de otro Recuadro de la Historia.

La figura del general San Martín es una de las más grandes que ha creado la raza hispana. Tenía su alma dividida entre su fidelidad a la monarquía y su amor a la libertad.

Figura_2San Martín nació en 1778, en Yapeyú, un pueblo del virreinato del Río de la Plata (hoy Argentina), saliendo de Buenos Aires con su familia para la Península, en 1885, es decir con siete años de edad, entrando como cadete de cuerpo en el regimiento de infantería “Murcia”, de guarnición en Málaga, permaneciendo en el ejército real algo más de veintidós años, pidiendo el retiro en 1811.

Fu el único “Libertador” que se prometió a sí mismo, no enzarzarse en ninguna lucha fratricida, como las que vislumbraba desde su llegada a Buenos Aires en 1812, y como segundo punto de su ideario político, era el considerar a todos los estados americanos como hermanos. En algunos de sus hechos, comentarios, proclamas, manifiestos, etc., bien suyos o conocidos a través de personas de su entorno, nunca dejó de considerarse monárquico, pensando que lo mejor para la sangre hispana es tener siempre un “poder moderador”, una figura que por su legitimidad histórica representara a todos los españoles de los dos continentes.

Si ideal era constituir una comunidad de naciones independientes, unidas por lazos de sangre, lengua y religión, gobernadas por príncipes de la Casa de Borbón, sin que el titulado Rey de España tuviera ninguna preeminencia sobre el resto, simplemente el respeto que se le debe a la “Madre Patria”.

Varias veces intentó materializar con el virrey del Perú, último de la América española, la idea anterior, fracasados los intentos en Miraflores en 1820 o Punchaucu al año siguiente. Luego llegó la entrevista de Guayaquil con Simón Bolívar, de la cual salió deshecho moralmente, porque el ideario de Bolívar no estaba cerca de las posiciones de San Martín, de tal manera que aquel le amenazó con el espectro de una guerra civil, ante lo cual, José de San Martín, fiel a su pensamiento, se alejó de Perú, pasó por Chile y por Argentina y se embarcó para Europa, donde viviría treinta años en silencio, rodeado de sus amigos y algunos seres queridos, roto, muy de tarde en tarde, por unas recomendaciones escritas a través de cartas, cuando recibía noticias de los sufrimientos en los países americanos que tanto había amado.

Málaga, 4 de septiembre de 2010

Dos figuras se adjuntan al presente Recuadro, la primera que representa a un San Martín pleno de poder, en cuyos ojos se vislumbran las ansias por llevar acabo su ideario político, en la segunda, treinta años más tarde, en una fotografía, se observa a un viejo prematuro, cuyos ojos sueñan con lo que pudo ser y no fue.

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