26 febrero, 2013

El ruinoso negocio de ‘Los tahúres’


La casa de subastas Sotheby’s, a juicio al adjudicar por 50.000 euros un ‘caravaggio’ de 11 millones.

La imagen es casi idéntica a la de otro cuadro que conocemos bajo la firma del maestro Caravaggio: dos rufianes enredando a un joven paje en la mesa de juego, aunque la técnica de luces y sombras no revela todavía el dominio del claroscuro asociado al gran artista del barroco italiano. ¿Pintó Los tahúres solo una vez o ejecutó un ensayo previo para pulir su composición? La diferencia entre una u otra respuesta ha sido estimada en casi 10 millones de libras (11,57 millones de euros) y va a convertir a Michelangelo Merisi da Caravaggio (1571-1610) en atípico objeto del escrutinio de los tribunales británicos del siglo XXI. El antiguo propietario de una pintura que Sotheby´s vendió como mera copia por 48.600 euros se ha querellado contra la sala británica de subastas por desdeñar la hipótesis de que aquella obra fuera original, escatimándole varios dígitos a su verdadero valor de mercado.

La demanda recién planteada por el coleccionista Lancelot William Thwaytes ante el Tribunal Supremo del Reino Unido no pretende, por supuesto, que sus jueces sustituyan a los expertos en historia del arte a la hora de dictaminar la autoría del cuadro. Pero sí exige compensaciones económicas, una vez constatado el desfase entre la magra cifra sellada por el martillo de Sotheby´s en 2006 por la supuesta réplica de Los tahúres y la cotización que el comprador, sir Denis Mahon, consiguió propulsarle tan solo meses después (hasta 11,5 millones de euros) al certificar su firma como la del mismísimo Caravaggio.

El prestigio de las grandes casas de subastas del arte se sustenta mayormente en la tasación adecuada de las piezas que sus clientes ponjj a la venta y, como tal, Sotheby´s persiste en la reivindicación de que aquel cuadro atribuido a “un seguidor de Caravaggio” sigue siendo la imitación de uno de sus condiscípulos. Los responsables de la empresa han denotado cierto nerviosismo a la hora de declinar una conversación directa sobre el caso con este diario (lo cual es atípico), remitiéndose a un comunicado público en el que se subraya el apoyo a sus argumentos por parte de un puñado de entendidos británicos y extranjeros de reconocido prestigio.

La solidez de esos razonamientos colisiona con el nuevo “descubrimiento” de un caravaggio que el ya fallecido historiador del arte y coleccionista Denis Mahon reivindicó en su momento para la supuesta primera versión de Los tahúres, sustentándose en el diagnóstico de otros insignes expertos como el director de los museos vaticanos, Antonio Paolucci. Sir Denis, él mismo una voz muy considerada en el mundo del arte como historiador y depositario de una impresionante colección barroca italiana, adquirió a precio de ganga ese cuadro a su entender minusvalorado por Sotheby´s, y consiguió revalorizarlo de inmediato pese a las opiniones encontradas de los expertos. Ahí radica la argumentación del querellante Thwaytes, en la denuncia de una “falta de investigación y análisis” por parte de Sotheby´s que impidió a la pieza pujar muchísimo más alto, fuera quien fuera su verdadero autor.

Si bien el testamento de Mahon acaba de legar a la National Gallery de Londres casi la mitad de las exquisitas obras que atesoró, ningún responsable de esa institución ha querido opinar sobre ese Caravaggio que tanto defendió en vida, pero cuya autoría aparece todavía imprecisa. La propia institución fue objeto de polémica el año pasado al certificar con inusitada celeridad la firma de Leonardo da Vinci para una obra recién descubierta, el Salvator Mundi, insertada en una impresionante exposición sobre el genio renacentista, al tiempo que prestaba oídos sordos a las reivindicaciones de autoría leonardiana que clamaba otro cuadro ajeno a la muestra (La bella principessa).

Respaldar, y por tanto autentificar, tantas obras desconocidas de grandes autores que vienen “aflorando” en los últimos años de forma sorprendente, es una compleja labor de expertos que no puede sustraerse a ciertas dosis de política. En el caso de Caravaggio, sin embargo, cualquier alerta permanece encendida desde que dos historiadores del arte, italianos y desconocidos, anunciaran hace siete meses que habían descubierto nada menos que un centenar de dibujos del joven Michelangelo, con tan poca sustentación como tremenda publicidad.

Por Patricia Tubella en EL País